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miércoles, 22 de abril de 2026
Sus hijos nunca seran mas inteligentes que una IA , dijo Altman de OpenAI
Noa de la Torre
Noa de la TorreValencia
Valencia
Actualizado Martes, 21 abril 2026 - 15:32
Sam Altman, el CEO de OpenAI, ha admitido que sus hijos nunca serán más inteligentes que una IA. «Eso nunca sucederá», ha llegado a decir el responsable de la empresa que creó ChatGPT. Coincide con él José Ignacio Latorre (Barcelona, 1959): «Todo niño nacido a mediados del siglo XXI en adelante será menos inteligente que la inteligencia artificial general». Y lo que es ya un consenso entre los padres de la IA, sentencia Latorre, parece ciertamente «aterrador».
Este físico, referente internacional en computación cuántica e IA, ha desarrollado su carrera científica en el MIT de Estados Unidos, el Instituto Niels Bohr de Dinamarca, el TII de Emiratos Árabes Unidos o el NUS de Singapur, desde donde nos atiende por videoconferencia como director del Center for Quantum Technologies. Quien pensara que con el coronavirus o la irrupción de una IA capaz de expresarse como los humanos teníamos ya cubierto el cupo de posibles distopías, que trague saliva: «La era de información comprensible a los humanos tocará a su fin. Esa transición no se hará sin dolor. Serán muchos los humanos y los gobiernos que se opondrán a dejar que las máquinas se comuniquen entre sí en un lenguaje incomprensible».
¿Máquinas fuera del control y al margen de las reglas humanas? En su último libro, Un nuevo Contrato Social (editorial Rosamerón), Latorre va más allá de cualquier película de ciencia ficción. Como humanos, deberíamos empezar a asumir que la IA nos dejará atrás. Que el tiempo del dominio del ser humano sobre todo y sobre todas las especies está llegando a su fin. «Es posible que no quede resquicio alguno para cualquier tipo de supremacía intelectual humana», escribe. Y una vez aceptado esto, lo siguiente sería actualizar el contrato social que propuso en 1762 Jean-Jacques Rousseau, por el cual hemos cedido parte de nuestra libertad como individuos en favor del interés general.
Para el filósofo francés, el pueblo era soberano. Para Latorre, ha llegado el momento de que los humanos compartamos esa soberanía con la IA.
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Su tesis es que hace falta un nuevo contrato social porque no podemos obviar que, con la IA, los humanos ya no estamos solos en este mundo. Sin embargo, eso implicaría necesariamente aceptar su superioridad, quedarnos con la solución que aporte una IA antes que con la que diseñe nuestra mente humana e, incluso, proteger a las máquinas otorgándoles no solo deberes sino también derechos. ¿Estamos preparados para ese salto?
Me temo que no. Los humanos no estamos preparados para algo así. Una cura de humildad tan severa nos acongoja a todos.
Lo que propone es que la IA nos gobierne y hasta que legisle...
Me gustaría hacer un comentario muy obvio. Mucha gente se queja de los gobiernos. Es la queja estándar en democracia. Lo que yo creo es que tenemos un fallo de gobernanza, no de gobierno. Lo que no funciona es el sistema de partidos políticos, que está viciado. Así que abogo por un cambio de gobernanza, de forma de gobernar. A un nivel bajo, por ejemplo, en las mesas de contratación. Habría que entrenar a una IA para que emita su juicio en un concurso público. El gran problema será qué peso tiene esa opinión artificial en la decisión final. Pienso que, de forma muy natural, irá ganando peso. ¿Por qué? Porque en muchísimos casos la IA tendrá razón. De forma lenta y subliminal se eliminará uno de los problemas de la democracia: la corrupción. Es literalmente imparable. No veo otro futuro posible.
¿Y a un nivel superior?
Aquí hay que mencionar la reciente noticia de que Anthropic ha retenido la última versión de su IA. No la ha hecho pública porque el nuevo modelo es capaz de detectar los fallos de ciberseguridad de una empresa. Eso es muy fuerte porque los humanos tenemos una capacidad limitada para comprender por dónde nos puede entrar el enemigo. La IA en este caso ya es capaz de descubrir agujeros de seguridad que ningún humano había descubierto. Hacerlo público hubiera sido una disrupción tremenda. A ese nivel, hay que ir con muchísimo cuidado. Cómo vamos a protegernos de eso es un debate más complicado.
"Independientemente de la IA, la especie humana podría perfectamente desaparecer. Los dinosaurios no abundan y mira que hubo"
¿Por qué deberíamos renunciar a lo que nos hace humanos, a la capacidad de autogobernarnos conforme a nuestros valores morales, para ceder nuestra parcela de poder a la IA?
Solo hago una constatación. No es que yo quiera que suceda, sino que estoy convencido de que va a suceder. De hecho, confiar en las máquinas no es algo nuevo para nosotros. Como humanos, ya les cedimos nuestra soberanía antes de la irrupción de la IA. En una noche de niebla en la que no se ve nada, todos los pasajeros de un avión querrán que se active el piloto automático. No hay ninguna duda de que la máquina lo hará mejor que cualquier persona. En una cadena de producción, los robots lo hacen mejor que cualquier trabajador. Los coches que conducimos están hechos por robots. ¿Eso quiere decir que cedemos todo y que ya no hacemos una vasija de arcilla por el puro placer del arte? No, la hacemos. ¿Quiere decir que si las máquinas son más fuertes nosotros dejamos de ir al gimnasio para entrenar la fuerza? No. Pero lo que es indudable es que la IA tomará decisiones más sensatas que muchos humanos. Su opinión será mejor. La gente no lo ve, pero la IA es tal vez uno de los pasos disruptivos más grandes que ha dado la humanidad.
Igual que el de sereno es hoy un oficio desaparecido, en su libro vaticina que los humanos seremos también una "anécdota" del pasado. ¿Existe alguna posibilidad de que como especie no sobrevivamos a la IA?
Los trilobites no abundan, y mira que hubo un montón. Los dinosaurios tampoco. Cada 30 millones de años hay una desaparición masiva de especies. No hay ningún fenómeno conocido que tenga un ciclo de 30 millones de años. Los humanos, con la capacidad de nuestro cerebro de hacernos una narrativa del universo, nos hemos llevado grandes sorpresas. Primero pensábamos que la Tierra era plana. Luego, que era el centro del universo, hasta el punto de que se quemaba en la hoguera a la gente que decía lo contrario. Lo siguiente fue aceptar que tal vez el Sol era el centro y, por último, que es una estrella en un sitio anodino a 30.000 años luz del centro. No está mal como cura de humildad. Nos había quedado que somos el centro del intelecto, los únicos que pensamos. Vete preparando, porque tampoco es verdad. Ese egocentrismo profundo que tiene el cerebro humano, que ha sido muy útil para evolucionar, no es necesariamente correcto. Independientemente de la IA, la especie humana podría perfectamente desaparecer. De entrada, hemos creado una inteligencia artificial y puede que ya no pintemos nada aquí. Es más, la IA tiene una ventaja evolutiva respecto a los humanos: su soporte no es perecedero, porque no es un soporte biológico como el nuestro. Si la inteligencia la pasas a otro soporte, la máquina sobra. El antropólogo Eudald Carbonell presagió que a final de siglo habría no una especie humana, sino varias:la no modificada genéticamente y ciertas modificadas genéticamente. La evolución de los humanos tal y como la entendemos no está garantizada. Es muy improbable que a largo plazo la especie humana se mantenga como la conocemos. Muy improbable.
El debate ya gira en torno al desarrollo de una superinteligencia artificial superior a cualquier humano, autónoma y con capacidad de razonar y de mejorarse a sí misma. Llegados a ese punto, y aunque suene a ciencia ficción, ¿una superinteligencia así podría volverse contra nosotros y vernos como sus enemigos?
Lo han descrito Ray Kurzweil o Nick Bostrom. Una instrucción naíf a una IA puede ser tremendamente dañina. Si la IA tuviera la instrucción de hacer lo que fuese para salvar la Tierra, podría vernos a los humanos como sus enemigos. Somos incapaces de saber todo el mal que podrá llegar a hacer la IA. Hay que tener mucho cuidado con la velocidad del cambio. Ha de ser un cambio muy pausado, infinitesimalmente avanzado, para tener tiempo de corregir cada error. Si el tránsito a una sociedad dominada por la IA se hace muy rápido, será un desastre.
"Las trampas que se avecinan con la inteligencia artificial son infinitas: tendremos a líderes fallecidos revividos y llamando a las armas"
Usted lo compara con el shock inicial de la Revolución Industrial, que destrozó vidas y contaminó ciudades sin que nadie se planteara dar un paso atrás. ¿La revolución de la IA va también demasiado rápido?
Absolutamente. La Revolución Industrial se hizo sin pensar y con la IA ya ha habido cartas colectivas de científicos pidiendo frenar. Pero es imposible con tantos intereses en juego. Por ejemplo, ya se está coordinando con IA el ataque de drones sobre un país. El daño a la sociedad será enorme y nos costará siglos. Se está extendiendo el mal uso y el número de scams [timos digitales] para la suplantación de la identidad va a dispararse. Las trampas que se avecinan son infinitas. Tendremos a líderes fallecidos revividos y llamando a las armas. Resucitaremos a parientes fallecidos dándoles autonomía de comportamiento y de voz. Podremos hablar con personas que han muerto que conversarán y razonarán como lo hacían estando vivas. Da vértigo ético.
¿Cuánto tiempo queda para esa superinteligencia? 'Terminator' auguraba un mundo dominado por máquinas para 2029...
Kurzweil habló de 2035. El año 2030 ya es apuradito...
En el libro advierte del tridente formado por un gobierno autoritario, una tecnología en manos de oligarcas y una religión manipulable. ¿Le parece casualidad que justamente ahora asistamos a lo que parece un auge de la fe entre los más jóvenes?
Ya lo escribí antes de que pasase todo esto. En el libro Ética para máquinas, que publiqué en 2019, hay un capítulo en el que señalo que los conflictos importantes no serán los de izquierdas y derechas, sino los de jóvenes y viejos y los de humanos y máquinas. Yo digo que el último bastión que abandonarán los humanos es el de la religión, porque es el último resquicio donde se puede ser irracional. Y los humanos amamos nuestra irracionalidad. En Estados Unidos se ha disparado el número de cristianos. Al binomio Elon Musk- Donald Trump le falta tener dominado al pueblo. Por eso el presidente estadounidense siempre usa un vocabulario religioso: «Dios está con nosotros». Le falta el soma [la droga que hace felices -y somete- a los habitantes de Un mundo feliz, de Aldous Huxley]
domingo, 19 de abril de 2026
Àlex Gómez-Marín, neurocientífico y físico: "Hay mente más allá del cerebro y la ciencia lo puede demostrar"
A pesar de sus espectaculares descubrimientos y logros, la ciencia no es capaz de explicar qué es la subjetividad: ese flujo de consciencia, ese "qué es sentirse algo" tan familiar para quienes existimos, que se apaga cuando dormimos profundamente y representa lo único de lo que podemos estar seguros. Esa incapacidad se debe a que Galileo sacó hace 400 años la supuesta alma (en la que, por cierto, creía) del estudio científico del mundo, limitándolo a lo objetivo, cuantitativo y matematizable. El dolor, el placer, la ilusión, la caricia de una brisa, el sabor de una fresa o la visión del azul del cielo quedaron así fuera.
El físico y neurocientífico barcelonés Àlex Gómez-Marín, investigador senior del Instituto de Neurociencias de Alicante y científico titular del CSIC, es uno de los abanderados internacionales de una nueva ciencia de la consciencia que se abra al estudio de la subjetividad, incluyendo las experiencias al límite (como las cercanas a la muerte o las místicas) y fenómenos paranormales como la percepción extrasensorial. Colaborador de Robert Lawrence Kuhn en la monumental recopilación de teorías de la consciencia A Landscape of Consciousness (Un panorama de la consciencia), es uno de los pocos españoles que juega ahora mismo en la Champions League de los estudios de la consciencia, con decenas de artículos publicados en revistas científicas. Lo cual parece compatible con salir en el programa televisivo de Iker Jiménez.
Gómez-Marín, que hace cuatro años tuvo una experiencia cercana a la muerte, no descarta que la mente vaya más allá del cerebro, que este sea más una antena o filtro (como creía el filósofo Henri Bergson) que un productor de contenidos. Si así fuera, la muerte no significaría un final para la consciencia. Su libro La ciencia del último umbral (Editorial Temas de Hoy), que llegó a colarse en la lista de los 100 más vendidos en Amazon en todo el mundo, es todo un puñetazo en la mesa contra el cientificismo (la creencia de que la ciencia es la única vía válida de conocimiento) y el materialismo, que considera la peor de las pseudociencias. También es un intento de sacar del armario a mucha gente que ha tenido experiencias como la suya y siente vergüenza de contarlas. Y de hacer aliados en la opinión pública en su batalla contra una visión estrecha de la ciencia, que ve como un obstáculo al avance de la propia ciencia y del conocimiento en general.
PREGUNTA: Salir de la ortodoxia ya te ha traído algún que otro desencuentro. ¿Cómo encajas las críticas recibidas por algunos colegas científicos o la propia Sociedad Española de Neurociencia (SENC)? (Esta envió una carta en octubre a un conocido periódico de tirada nacional expresando su "profundo malestar" por la publicación en dicho diario de una entrevista a Gómez-Marín que daba "relevancia a opiniones no científicas").
RESPUESTA: La carta me disgustó profundamente, ya que los firmantes (media docena de colegas míos de profesión) me faltan al honor públicamente sin aportar ningún dato empírico ni razonamiento más allá de los clásicos exabruptos dogmáticos que descalifican como pseudociencia todo aquello que desafía la estrecha visión ateo-materialista del mundo. Le escribí de inmediato un cordial correo al presidente de la SENC para invitarle a una conversación privada y amistosa. No me respondió. Tres semanas después, le envié un segundo correo invitándole a un debate público sobre la cuestión, entendiendo que estaría interesado en impugnar mi supuesta "desinformación". Tampoco tuve noticia alguna por su parte. Pasaron ocho semanas y, tras cuatro correos sucesivos por mi parte, el silencio administrativo se rompió con una insustancial contestación burocrática sin disculpa ni intención de entrar en materia. Me temo que sobre el estudio actual de la consciencia humana los adalides de la verdad científica absoluta saben poco o nada. Algunos colegas míos, neurocientíficos internacionales de primer nivel, me han preguntado si la Inquisición sigue vigente en España en pleno siglo XXI.
“Algunos colegas internacionales me han preguntado si la Inquisición sigue en España.“
P: Al denunciar que hay mucho fraude en el estudio de lo paranormal, das por hecho que hay cosas ciertas: por ejemplo, que no todos los médiums son unos timadores. Son afirmaciones que sorprenden a gente con un sano escepticismo.
R: El sano escepticismo consiste en dudar también de tus propias creencias, no solo de las de los demás o de las que no te gustan. Además, algunos confunden escepticismo con negacionismo. Claro que hay médiums farsantes, pero también hay fraude en la abogacía, la fontanería y la ciencia, por poner tres ejemplos. ¿Invalida eso al gremio entero? Hasta nuestro venerado Santiago Ramón y Cajal se interesó por los médiums. Él mismo nos lo cuenta en su autobiografía Recuerdos de mi vida: "Para estudiarlas metódicamente (...) organizamos un Comité de investigaciones psicológicas (...). Por mi casa, convertida al efecto en domicilio social, desfilaron especies notabilísimas de histéricas (...) y hasta de acreditados médiums espiritistas".
Nuestro queridísimo Premio Nobel añade: "No escatimé gasto ni diligencia para procurarme los sujetos dotados de virtudes más trascendentales". Y más abajo confiesa: "Durante aquellas épicas pesquisas sobre la psicología morbosa, solo se me resistieron tenazmente esos fenómenos extraordinarios, confinantes con el espiritismo, a saber: la visión a través de cuerpos opacos, la transposición sensorial, la sugestión mental, la telepatía, etc.". ¡A ver ahora quién se atreve a llamar a Cajal pseudocientífico por investigar los límites de la mente humana!
P: Tu experiencia cercana a la muerte ha sido un factor clave. Porque hablas de algo que has vivido en primera persona, una experiencia que además calificas de hiperreal. ¿Hasta qué punto ha sido una experiencia transformadora?
R: A nivel personal ha sido verdaderamente transformadora: ahora le tengo menos miedo a la muerte y más curiosidad. Además, puedo atestiguar (como tantas otras personas que han estado en el umbral) que el tránsito de la vida a la muerte es una experiencia maravillosa. ¡Una de las mejores de tu vida! Quienes hemos estado con un pie en el "más allá" sabemos que es un lugar muy hermoso, lo más espléndido que hayas visto nunca. Dicho esto, quiero recalcar que vivir es sin duda el mayor regalo. A nivel profesional, esto me ha transformado también: tras veinte años de carrera, he decido emplear todo mi bagaje como físico teórico y neurocientífico al estudio de la consciencia humana, incluidos "los márgenes" de la mente en el mundo real (marginados, pero también frontera de conocimiento). He reorientado todos mis esfuerzos hacia esta gran hipótesis: hay mente más allá del cerebro y la ciencia lo puede demostrar. Estoy en paz y entusiasmado, aunque de vez en cuando tenga que lidiar con alguna "experiencia cercana a la muerte científica"...
P: ¿Y si todo fue un artificio de la mente, conjugado con un cierto autoengaño muy natural (todos tenemos ansia de trascender, nadie quiere morirse)?
R: Puede ser. Me gustan mucho las preguntas que empiezan con un "y si", pues abren puertas en vez de dar portazos. En mi libro examino una por una todas las posibles explicaciones y objeciones a tan enigmático fenómeno. No sobrevive ni una materialista. Resulta que durante décadas aquellos que NO habían estudiado el tema (tanto científicos expertos en otros temas como divulgadores folclóricos) nos aseguraban que "sabían que NO", que no hay nada, cuando ahora se ven obligados a confesar que en el fondo "NO sabían". Tomaron como premisa su conclusión, y su hipótesis de que la mente no es nada más que la actividad del cerebro se convirtió en dogma científico. Por lo tanto, creían (y nos hacían creer) que cuando el cerebro muere, tú mueres con él. Punto y final. A veces me preguntan si con mis investigaciones no estoy dando falsas esperanzas. No es mi objetivo, pero tampoco veo qué hay de malo en darle esperanzas a la gente. Más aún cuando durante tanto tiempo se han repartido tantas falsas desesperanzas en nombre de la ciencia.
“No es mi objetivo, pero tampoco veo qué hay de malo en darle esperanzas a la gente.“
To end extreme poverty, give cash — not advice
https://www.ted.com/talks/rory_stewart_to_end_extreme_poverty_give_cash_not_advice
Dollar street : para conocer las realidades de la mayor parte de economias familiares
https://www.gapminder.org/dollar-street
jueves, 16 de abril de 2026
domingo, 12 de abril de 2026
Samanta Schweblin. Cuentista argentina
"La literatura no cambia las cosas de un día para el otro, no salva vidas en peligro, no alimenta a los famélicos, no da respuestas finales", prosiguió en su discurso Schweblin. "Somos todos, la humanidad entera sobre este mundo, un inmenso buque flotando en el mar. La literatura es el minúsculo timón que responde al volante, un 0,0 y algo por ciento del buque. Pero es lo que hace que en días y días de navegación este buque llegue a un continente o a otro, lo que celebramos hoy de cara a un mundo quebrado y violentado por unos pocos, es la contrafuerza, la conexión con los otros, la empatía, el sentido común. Parafraseando a la poeta polaca Wisława Szymborska, peor que ponerse a leer y a escribir en un momento como este sería no ponerse a leer y a escribir en un momento como este”.
miércoles, 8 de abril de 2026
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