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martes, 3 de noviembre de 2026
Iris Murdoch : la elección del bien es la mas sabia de las opciones ante cualquier dilema de la vida
"Para Murdoch, el bien es un tipo de inteligencia; por ende, la elección del bien es la más sabia de las opciones ante cualquier dilema de la vida. Llegó a decir que, aunque era un gran pensador, encontraba a Freud deficiente porque el psicoanálisis se basa en «pensar demasiado en uno mismo, mientras que el mejor remedio contra el sufrimiento es ayudar a otros.» Por otro lado, la literatura en particular y el arte en general son una respuesta solida y acogedora ante los interrogantes de la filosofía. Dios no existe, el amor es falible, somos imperfectos, somos mortales, el dolor y el egoísmo nos acechan; pero nos quedan las historias, el consuelo inagotable de las palabras. En otra entrevista abundó en el tema al afirmar que «el buen arte ofrece una felicidad sin contaminar y enseña cómo mirar el mundo y entenderlo; hace que todo sea más interesante.» Creo que esta última frase sirve como innecesario resumen del estilo de Iris Murdoch: todo lo que plantea redunda en el interés del lector. La puesta en escena de sus novelas es siempre tan inteligente como inesperada, desde su arranque y su punto de vista hasta el desarrollo, el viaje de sus personajes deliciosamente estropeados; en su territorio no hay caminos hollados, ¿existe mejor regalo para el lector que ese? Para la escritora, el arte «posee dureza, firmeza, realismo, claridad, objetividad, justicia, verdad. Es el resultado de una imaginación libre, sin corromper. El mal arte es el resultado blando, caótico y autocompasivo de una fantasía esclavizada.» La suya voló libre en sus novelas, ensayos, obras de teatro y un puñado de poemas. Le encantaba escribir, aseguraba que entre el final de una novela y el inicio de otra no pasaban más de diez minutos. Y así fue hasta 1995, cuando los primeros síntomas de la enfermedad amordazaron su talento. Iris Murdoch murió el 8 de febrero de 1999 víctima del Alzheimer, perdiendo palabras, ella que tanto las había amado y cultivado: «Las palabras son los símbolos más sutiles que poseemos y nuestra producción humana depende de ellas», escribió en La soberanía del bien. Pero a nosotros nos queda el consuelo de su literatura, siempre divertida, esencial, sabia, saciante e inmortal: los lectores de Iris Murdoch la recordamos, con centenario o sin él. Y los que aún no la han disfrutado, venga, ¿a qué estáis esperando? Josan Hatero. (c) Jill Krementz, B&W. TAGS IRIS MURDOCH LITERATURA Share This
domingo, 1 de noviembre de 2026
Peliculas que me gustan : Perfect days de WIM Wenders
l protagonista de Perfect Days, interpretado por Kōji Yakusho, es un limpiador de los aseos públicos de Tokio. Y lo que vemos, y lo que seguimos y tenemos la oportunidad de analizar en profundidad, es su vida. Que está hecha de altibajos, y sobre todo de normalidad. La película de Wenders no celebra el exceso ni la sobreexposición. Es una historia sencilla, a veces incluso previsible, sobre un hombre que vive solo, que habla poco y que ha decidido dar todo de sí en los gestos cotidianos de su trabajo. Limpiar, ordenar, poner las llaves en orden; fregar los espejos. Abrir y cerrar la furgoneta, podar las plantas, regarlas, poner una ficha en la máquina expendedora y coger su lata.
Wenders busca la mecanicidad de lo repetitivo, la perfección de los movimientos y el compromiso que pueden requerir incluso las cosas más pequeñas y aparentemente inútiles.
El mundo puede verse de dos maneras en Perfect Days: o bien directamente, y ahí están las plantas, las fotografías y las fachadas de césped, ahí están los aseos públicos y la tienda que vende películas; o bien a través del rostro de Kōji Yakusho. Que cambia, se adapta y se relaja; que se llena de arrugas y marcas. Que adquiere o pierde color, y que a través de los ojos -estos ojos tan intensos y brillantes, que se llenan de lágrimas de forma natural- sabe restituir cada emoción.
A Perfect Days le va tan bien porque va en contra de todo. Esta es la verdad. Va a contracorriente de una programación teatral bulímica y excesiva. Y va en contra de una idea explosiva y musculosa del cine. Por último, va en contra de la concepción más extendida de la narración, a menudo interpretada como una serie de picos que siguen a depresiones - abismos, a veces - de tono e intensidad.
Perfect Days es constante. Es una música ligera, una letanía que se repite y se solapa, que se hace cada vez más suave, que no da soluciones, ni siquiera respuestas. Pero que, increíblemente, se deja ver. Y en años como estos, en los que nos hemos acostumbrado al didactismo de las películas, a la búsqueda continua y sin sentido de la espectacularidad, Perfect Days es una pequeña gran revolución. La gente habla de ella como se habla de una experiencia vivida en vacaciones, años y años atrás: con cariño y recuerdos. Wenders ha sabido captar la esencia de un país que no es el suyo, yendo más allá de las fotos de postal y los tópicos (que los hay, por Dios, pero son pocos) sobre Japón. La normalidad no excluye la felicidad, del mismo modo que el aburrimiento, entendido como falta de sorpresas y novedades, no es necesariamente malo. Wenders lo sabe, y con esta película nos lo ha recordado a todos.
sábado, 31 de octubre de 2026
viernes, 30 de octubre de 2026
Peliculas que me gustan : Paterson : de Jim Jarmusch ( extraido del blog Cine Divergente)
Paterson narra la historia de un hombre que vive cada día el mismo día y lo siente completamente distinto, de una vida tan apegada a cada instante que se catapulta fuera de ella, de su entorno y de sus limitaciones cotidianas.
Porque el Paterson de Jarmusch tampoco comprende el mundo mejor que otros antihéroes de su filmografía. Está igual de perdido que los extranjeros de Extraños en el paraíso (Stranger than Paradise, 1984) o los prisioneros de Down by Law (1986). En su capacidad de desalienarse de la rutina, el personaje descompone la realidad en estímulos recurrentes que existen solamente por sí mismos, como esa caja de cerillas, como el fondo hipnótico de un bol de cereales o de una copa de cerveza en su bar de siempre. Que nadie se lleve a engaño: la atención de Paterson a su rutina genera un desasimiento de esa realidad similar al del William Blake de Dead Man en su trayecto hacia el vaciado místico. Es solo una cuestión de grados, de intensidades, de direcciones y estrategias.
Paterson tiene la habilidad de vivir entre dos mundos paralelos, inseparables. Apenas toma decisiones en su día a día, apenas toma parte de los hechos de la vida y mucho menos se opone a ellos. Tampoco es posible una lectura ideologizada de su clase obrera, del contraste entre el trabajo manual y el literario, pues conducir un autobús se nos describe como algo profundamente poético. Paterson vive como un espectador fascinado por las pequeñas cosas, por el dibujo misterioso de una baldosa o la extraña circularidad de unos cereales. Contempla la fluencia del ying y el yang sobre la realidad cotidiana y acepta cuando uno de ellos se impone al otro, cuando cambian las posiciones y aparece el desequilibrio de lo inesperado.
Si todo ser tiene su reverso en alguna parte, el rival de Paterson es su perro Marvin, con quien comparte la comida, el hogar, los paseos nocturnos o la atención de su mujer. Enemigos mortales observándose cada noche de un lado al otro del salón. Personajes simétricos en ese entorno perfecto construido por Laura. Sin embargo, basta un error, una simple alteración del orden, para que una de estas fuerzas quiebre la simetría construida entre ambas. Y cuando esta armonía se altera, el poeta se hunde en el desconcierto y la duda. Sin amor la vida no tiene sentido, comenta una noche Everett, el personaje sin pareja ni correspondencia. Sin poesía la vida pierde su lenguaje de expresión, se acalla en el ruido del caos y el sinsentido. Aunque también la quiebra de esa perfección era necesaria para que los vampiros de Sólo los amantes sobreviven volvieran a la vida y rompieran su aislamiento.
Ya que, en último caso, Paterson encuentra que la simetría, que el equilibrio del orden poético, exige sustentarse sobre lo asimétrico, exige aceptarlo pues ninguno de los dos tendría sentido sin el otro. Y la catarata sigue fluyendo cada día. No hay ideas sino en las cosas, dijo William Carlos Williams. El poeta solo las reproduce.
miércoles, 28 de octubre de 2026
Cartas a Juan Antonio. París, 28 de enero de 1954. Julio Ramón Ribeyro. Ser el eterno forastero
“El gran error de la naturaleza humana es adaptarse. La verdadera felicidad estaría constituida por un perpetuo estado de iniciación , de sucesivo descubrimiento, de entusiasmo constante. Y aquella sensación solo lo producen las cosas nuevas que nos ofrecen resistencias que aún no hemos asimilado.
El matrimonio destruye el amor, la posesión mata el deseo, el conocimiento aniquila el placer, el hábito la novedad, la destreza, la conciencia. Ser el eterno forastero, el eterno aprendiz, el eterno postulante, he allí una fórmula para ser feliz.”
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