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domingo, 28 de junio de 2015

La Medicina no tiene alternativa

La medicina no tiene alternativa

Homeopatía, ayurveda, osteopatía o acupuntura. ¿Terapias alternativas? En rigor, no. Solo pueden aliviar o actuar como placebo


 
 
La línea roja que separa las llamadas terapias alternativas de los tratamientos convencionales vuelve a ser centro de debate sobre qué camino elegir cuando aparece un problema de salud. La afirmación, en el programa La mañana de La 1, de TVE, el pasado febrero, de que el aroma de limón podía prevenir el cáncer, en referencia a la aromaterapia, ha vuelto a despertar el interés por marcar las diferencias entre qué es y no es medicina a la hora de recomendar remedios y hábitos saludables en nuestra vida cotidiana.
Esta discusión no es nueva. Cuando, en 2013, el Ministerio de Sanidad anunció su intención de regularizar algunos productos homeopáticos que hoy permanecen en el limbo legal, el mundo médico y científico reaccionó de forma muy enérgica dando lugar a encendidas batallas (como la de Twitter con el hashtag #nosinevidencia), que exigían a la Administración dar marcha atrás en su deseo de autorizar que diferentes preparados sin eficacia demostrada salieran al mercado bajo la etiqueta de medicamento.
La pregunta es que si determinadas terapias son aconsejadas por médicos, incluso las venden en farmacias, ¿hasta qué punto resulta sencillo para un paciente que ha decidido ponerse en manos ajenas identificar que es una pseudomedicina? “No siempre es fácil”, aclara el bioquímico José Miguel Mulet, autor del libro Medicina sin engaños, sobre los peligros de las terapias alternativas, “porque muchos pseudomédicos utilizan el marketing emocional y se presentan como pacientes que han sufrido una enfermedad y se han sometido al tratamiento oficial, pero dicen que se han curado con una alimentación”.

Másteres, cursos y modas que no ayudan

La apariencia de que los remedios alternativos funcionan se debe en buena parte al efecto placebo, por el cual los síntomas pueden mejorar con una sustancia inocua. “Todas las enfermedades tienen un importante componente psicológico y solo por el hecho de saber que se está tratando ya se puede sentir una mejoría. Pero, también puede implicar un agravante y empeorar. Muchas enfermedades y molestias siguen procesos cíclicos en su progreso y en su remisión, y cuando alguien va un curandero puede pensar que ha mejorado cuando en realidad está en la última fase del ciclo”, razona Mulet.
Otros factores como la proliferación de másteres y cursos de pseudomedicinas en universidades, las modas o determinadas informaciones en los medios de comunicación, no ayudan demasiado a discernir entre los tipos de tratamiento. “Renunciar a la medicina convencional controlada en ensayos clínicos para recurrir a manos no expertas, se debe a que una generación instalada en el bienestar, que ha superado la elevada mortalidad infantil que le precedió y determinadas enfermedades infecciosas e intoxicaciones alimentarias, olvida que el progreso sanitario ha costado siglos de experimentación en medicina, higiene, salud pública y tecnología alimentaria”.
Sanidad intentó regularizar, contra el sector médico, algunos preparados homeopáticos que siguen en el limbo legal
El médico y divulgador científico británico Ben Goldacre, un referente crítico en el campo de la pseudomedicina, en su libro Mala ciencia, explica que cuando empiezan a preocuparnos los excesos y surge la idea de abstenerse para conseguir una vida sana, el estado de seguridad sanitaria se convierte en el caldo de cultivo para estas terapias que son percibidas como nuevas formas de purificación. “Nuestras circunstancias nos llevan a hacer cosas que podemos lamentar y, como respuesta, a menudo inventamos nuevos rituales. En el mundo occidental desarrollado buscamos formas de redención y purificación que nos liberen de los abusos en que incurrimos. Sabemos que obramos mal si consumimos droga, alcohol o mala comida. Luego ansiamos una protección ritualista contra las consecuencias, que celebre nuestro retorno a unas normas de conducta más saludables”. Según Goldacre, lo perjudicial es hacer creer que esos “rituales” se basan en la ciencia. “Casi todas las religiones y culturas tienen algún tipo de rito de purificación o abstinencia como el ayuno o el baño envueltos en jerigonzas terminológicas”. El médico define el patrón que se repite en toda pseudociencia: “No acepta críticas y se retira hacia posturas incontestables”.
El perfil de los pacientes que recurren a la pseudomedicina, indica el bioquímico Mulet, no tiene que ver con el nivel de ingresos o cultura, sino con la capacidad de sugestión que puede despertar en personas psicológicamente vulnerables que buscan referentes motivados por factores diversos: por contraposición a la industria médica y farmacéutica; por la necesidad de encontrar el trato humano y afecto que no reciben en la consulta médica; el consejo boca a boca; la tendencia marcada por famosos que dicen que les ha funcionado; o por desesperación. “Para los pseudomédicos es importante la personalidad, el comportamiento o lo que el paciente dice que siente. Pero es contradictorio que ninguno ofrezca fórmulas magistrales individuales, sino que administran tratamientos por igual, no personalizados”, apunta Mulet.

La homeopatía como paradigma

Incluida en reglamentos sanitarios europeos, la homeopatía constituye el “contramodelo” para los críticos de los tratamientos alternativos, ya que ejemplifica la medicina basada en la evidencia empírica que “reivindica una tradición histórica reescrita según las necesidades del mercado”, tal y como describe Goldacre, para quien los preparados homeopáticos no son más que “unas pastillitas de azúcar vacías” sin experimentos controlados que aprueben la validez del tratamiento.
La homeopatía vino al mundo de la mano del médico alemán Samuel Hahnemann en 1796, en forma de compendio de remedios y diluciones (reducción de la concentración de una sustancia química) cuyo principio es “lo semejante cura lo semejante”, al asegurar que el factor que produce la enfermedad también puede curarla y cuanto más diluido esté mayor será su efecto. El invento fue bienvenido cuando los tratamientos convencionales vivían una de sus épocas más agresivas aplicando sangrías, baños fríos o vapores de mercurio para determinadas enfermedades. Para Hahnemann, que se centraba en los síntomas, el cuerpo humano era como una caja negra en la que entraban medicinas y de la que salían efectos. “Entonces la medicina se fundamentaba en la comprensión de la anatomía y en el funcionamiento del cuerpo. Pero hoy se han vuelto las tornas: los médicos observan los resultados de los ensayos para estudiar la eficacia, y los homeópatas ignoran los datos empíricos negativos de su eficacia confiando solo en teorías exóticas”, indica Goldacre.
Según los datos que Boiron, el gigante francés de la fabricación de estos preparados que dice exportar a más de 80 países, expuso en las conferencias del pasado febrero en los Colegios de Farmacéuticos de Valencia y Sevilla, uno de cada tres españoles ha recurrido alguna vez a la homeopatía y más de 10.000 médicos la ofrecen en sus consultas.
El perfil del consumidor no tiene que ver con el nivel de ingresos o cultural, sino con la sugestión que despierta
En Francia y Suiza la homeopatía está integrada en sus sistemas públicos de salud, y en Bélgica las aseguradoras la financian en parte. Michèle Boiron, miembro del consejo de administración, presentó a la homeopatía como “un método terapéutico para enfermedades agudas como la gripe o resfriados y problemas de sueño o estrés leves o pasajeros”, y subrayó que el objetivo de su terapia es “encontrar soluciones eficaces con menos efectos secundarios relevantes”. Según el gigante francés, el interés creciente por los productos homeopáticos (fue el tercer “qué es” más buscado en Google en 2014, aseguró) pone en evidencia la necesidad de proyectos de divulgación entre farmacéuticos y de formación desde los plantes de estudio. Sin embargo, la cátedra que había patrocinado en 2010 en la Universidad de Zaragoza, que provocó el rechazo del ámbito académico, fue suprimida en octubre pasado.
La homeopatía tiene como producto estrella el Oscillococcinum, inventado por Joseph Roy durante la I Guerra Mundial contra la gripe. Hasta ahora ninguna prueba científica ha demostrado que la homeopatía, cuyos productos se comercializan en España desde 1994, tenga más efectos que el placebo, argumentan sus críticos, quienes la consideran como un “no tratamiento” sin peligrosidad y con apariencia de eficacia. Además, observa Mulet, “una compañía farmacéutica debe invertir millones de euros en investigación, ensayos clínicos y un largo proceso de autorización. La homeopatía nada. No surge de la observación y la experimentación como la medicina, sino de las ocurrencias de un señor”.

Algunas recomendaciones

Un estudio de la Universidad de Glasgow desmontaba en 2010 el argumento de que no es peligrosa: “Impide que el enfermo busque un tratamiento efectivo, resta subvenciones a terapias válidas, mina la confianza en los servicios de salud públicos e influye de forma negativa en terapias complementarias eficaces”. Ese mismo año, un informe de la Comisión de Ciencia y Tecnología de la Cámara de los Comunes agudizó la controversia con un dictamen negativo sobre la homeopatía y el Reino Unido acabó por retirarla del Servicio Nacional de Salud.
Las terapias alternativas, según Mulet, no producen efectos secundarios y tampoco primarios. Sin embargo, recomienda en su libro algunas normas para escapar de manos no expertas: “Cuando algo no funciona, lo mejor es ir al médico y evitar consejos de amigos, familiares o de foros de Internet; huir ante una terapia que parece demasiado buena o una tontería, porque ningún tratamiento médico es efectivo al cien por cien; las terapias exclusivas no existen; desconfiar de profesionales que hablen de sus experiencias personales con enfermedades, de conspiraciones de la industria farmacéutica o que presuman de tratar a pacientes importantes”. Por último, el bioquímico lanza una máxima: “Lo caro no es mejor”.

Plantas, agujas y masajes

Estas terapias no son medicina. Pero pueden funcionar como efecto placebo (suficiente para sentir una mejoría) y, algunas, aliviar dolores y procurar bienestar. Sin embargo, su uso inadecuado, tal y como indica la OMS , también pueden originar efectos secundarios. Aquí contamos qué es cada una.
FITOTERAPIA. Se considera pseudomedicina al recomendar el uso de plantas cuando existen tratamientos convencionales o aconsejar hierbas contraindicadas. Aunque en la antigüedad ya se conocían remedios a base de plantas, algunas no son efectivas. Los problemas pueden venir al desconocer la cantidad del principio activo, no producir el efecto esperado o tener los mismos efectos secundarios que un fármaco. La OMS reconoce la eficacia de la ‘Artemisia annua’ contra un tipo de malaria.
MEDICINA TRADICIONAL CHINA (MTC). Defiende que por nuestro cuerpo corren canales de energía vital llamados meridianos. Así, la enfermedad se da por un desequilibrio entre esas corrientes, y se recupera con preparados, infusiones o aplicando agujas. La fisiología y anatomía se valoran en función de la doctrina taoísta de los equilibrios y el yin y el yang.
ACUPUNTURA. La filosofía de esta terapia tradicional china es similar a la MTC. Para recuperar el equilibrio se usan agujas, cuya aplicación se reivindica como analgésico. La OMS reconoció en 2003 su efectividad en algunos dolores. El número de puntos, que puede variar, están en los 365. La mejoría se nota porque si se sufre un dolor crónico localizado en una parte del cuerpo y se clava una aguja en otra zona, el cerebro se despista y olvida el sitio que dolía antes.
AYURVEDA. Procedente de India, se traduce como “la ciencia de la vida”. La enfermedad se debe también al desequilibrio de la energía vital, llamada ‘prána’. Es una mezcla de biología, física cuántica y filosofía. La base es similar a la MTC, con la diferencia de que el desequilibrio de las energías trata de solucionarse con infusiones de hierbas, preparados o ayunos.
QUIROPRÁTICA. Aunque se anuncia como técnica milenaria, la creó Daniel David Palmer en 1895. Según su filosofía, el flujo de la energía transita en la columna vertebral, y al manipularla se restablece el equilibrio para curar las enfermedades. Su riesgo reside en movimientos violentos como giros de cuello o espalda.
OSTEOPATÍA. Inventada por Andrew T. Still, en 1874, significa “padecimiento del hueso”. Sus defensores dicen que puede curar cualquier problema a base de masajes centrados en los tejidos blandos para liberar la energía atrapada en los músculos. La osteopatía en su forma más habitual es similar a la fisioterapia y puede tener los mismos efectos beneficiosos que un masaje

lunes, 22 de junio de 2015

Seis claves para ser feliz, según la Universidad de Harvard

 

Existe una asignatura sobre la dicha en el prestigioso centro educativo. "La alegría también se aprende, como el golf o el esquí"


Cada vez parece más claro que la nueva fiebre del oro no tiene que ver con hacerse millonario ni con encontrar la fuente de la eterna juventud. El tesoro más codiciado de nuestros tiempos es atesorar felicidad, un concepto abstracto, subjetivo y difícil de definir, pero que está en boca de todos. Incluso es materia de estudio en la prestigiosa Universidad de Harvard.
Durante varios años, algunos de los estudiantes de Psicología de esta universidad americana han sido un poco más felices, no solo por estudiar en una de las mejores facultades del mundo, sino porque, de hecho, han aprendido a través de una asignatura. Su profesor, el doctor israelí Tal Ben-Shahar, es experto en Psicología Positiva, una de las corrientes más extendidas y aceptadas en todo el mundo y que él mismo define como “la ciencia de la felicidad”. De hecho, sostiene que la alegría se puede aprender, del mismo modo que uno se instruye para esquiar o a jugar al golf: con técnica y práctica.
Aceptar la vida tal y como es te liberará del miedo al fracaso y de unas expectativas perfeccionistas
Tal Ben-Shahar, profesor de Harvard
Con su superventas Being Happy y sus clases magistrales, los principios extraídos de los estudios de Tal Ben Shahar han dado la vuelta al mundo bajo el lema de “no tienes que ser perfecto para llevar una vida más rica y más feliz”. El secreto parece estar en aceptar la vida tal y como es, lo cual, según sus palabras, “te liberará del miedo al fracaso y de unas expectativas perfeccionistas”.
Aunque por su clase de Psicología del Liderazgo (Psychology on Leadership) han pasado más de 1.400 alumnos, aún así cabría hacerse la siguiente pregunta: ¿Alguna vez se tiene suficiente felicidad? "Es precisamente la expectativa de ser perfectamente felices lo que nos hace serlo menos”, explica.
Estos son sus seis consejos principales para sentirse afortunado y contento:
1. Perdone sus fracasos. Es más: ¡celébrelos! “Al igual que es inútil quejarse del efecto de la gravedad sobre la Tierra, es imposible tratar de vivir sin emociones negativas, ya que forman parte de la vida, y son tan naturales como la alegría, la felicidad y el bienestar. Aceptando las emociones negativas, conseguiremos abrirnos a disfrutar de la positividad y la alegría”, añade el experto. Se trata de darnos el derecho a ser humanos y de perdonarnos la debilidad. Ya en el año 1992, Mauger y sus colaboradores estudiaron los efectos del perdón, encontrando que los bajos niveles de este hacia uno mismo se relacionaban con la presencia de trastornos como la depresión, la ansiedad y la baja autoestima.
2. No dé lo bueno por hecho: agradézcalo. Cosas grandes y pequeñas. "Esa manía que tenemos de pensar que las cosas vienen dadas y siempre estarán ahí tiene poco de realista".
3. Haga deporte. Para que funcione no es necesario machacarse en el gimnasio o correr 10 kilómetros diarios. Basta con practicar un ejercicio suave como caminar a paso rápido durante 30 minutos al día para que el cerebro secrete endorfinas, esas sustancias que nos hacen sentir drogados de felicidad, porque en realidad son unos opiáceos naturales que produce nuestro propio cerebro, que mitigan el dolor y causan placer, según detalla el entrenador de easyrunning y experto corredor Luis Javier González.
4. Simplifique, en el ocio y el trabajo. “Identifiquemos qué es lo verdaderamente importante, y concentrémonos en ello”, propone Tal Ben-Shahar. Ya se sabe que “quien mucho abarca, poco aprieta”, y por ello lo mejor es centrarse en algo y no intentarlo todo a la vez. Y no se refiere solo al trabajo, sino también al área personal y al tiempo de ocio: “Mejor apagar el teléfono y desconectar del trabajo esas dos o tres horas que se pasa con la familia”.
5. Aprenda a meditar. Este sencillo hábito combate el estrés. Miriam Subirana, doctora por la Universidad de Barcelona, escritora y profesora de meditación y mindfulness, asegura que “a largo plazo, la práctica continuada de ejercicios de meditación contribuye a afrontar mejor los baches de la vida, superar las crisis con mayor fortaleza interior y ser más nosotros mismos bajo cualquier circunstancia”. El profesor de Harvard añade que es también un momento idóneo para manejar nuestros pensamientos hacia el lado positivo, aunque no hay consenso en que el optimismo llegue a garantizar el éxito, sí le aportará un grato momento de paz.
6. Practique una nueva habilidad: la resiliencia. La felicidad depende de nuestro estado mental, no de la cuenta corriente. Concretamente, “nuestro nivel de dicha lo determinará aquello en lo que nos fijemos y en las atribuciones del éxito o el fracaso”. Esto se conoce como locus de control o 'lugar en el que situamos la responsabilidad de los hechos', un término descubierto y definido por el psicólogo Julian Rotter a mediados del siglo XX y muy investigado en torno al carácter de las personas: los pacientes depresivos atribuyen los fracasos a sí mismos, y el éxito, a situaciones externas a su persona; mientras que la gente positiva tiende a colgarse las medallas, y los problemas, “casi mejor que se los quede otro”. Sin embargo, así perdemos la percepción del fracaso como 'oportunidad', que tiene mucho que ver con la resiliencia, un concepto que se ha hecho muy popular con la crisis, y que viene prestado originariamente de la Física y de la Ingeniería, con el que se describe la capacidad de un material para recobrar su forma original después de someterse a una presión deformadora. "En las personas, la resiliencia trata de expresar la capacidad de un individuo para enfrentarse a circunstancias adversas, condiciones de vida difíciles, o situaciones potencialmente traumáticas, y recuperarse saliendo fortalecido y con más recursos”, afirma el médico psiquiatra Roberto Pereira, director de la Escuela Vasco-Navarra de Terapia Familiar.

sábado, 20 de junio de 2015

«Mortalidad», las últimas palabras de Christopher Hitchens

Cultural / libros

 

Día 15/11/2012 - 17.34h

Polémico, carismático, fogoso. En «Mortalidad» (Debate), el periodista Christopher Hitchens describe su enfermedad sin tapujos y con dosis de humor lúcido y desafiante

«Mortalidad», las últimas palabras de Christopher Hitchens
Genio y figura hasta la sepultura, se dice de forma sumamente acertada y elocuente en nuestra lengua. Personaje carismático y fogoso orador, el periodista Christopher Hitchens (Portsmputh, Reino Unido, 1949-Houston, Estados Unidos, 2011), desde convertirse en un radical y apologético defensor de Bush y la guerra de Irak hasta fustigar con sañuda y obsesiva ferocidad a los Clinton y a la Madre Teresa de Calcuta, nunca dejó de sorprender a sus atónitos excompañeros en las filas de la izquierda.
A él, a este irreductible y célebre activista del ateísmo, todos los cambios y audaces travestimientos políticos e ideológicos le fueron permitidos, o mejor dicho, se los permitió a sí mismo. Todos, salvo uno: la negación total, absoluta y sin concesiones de Dios.
Icono del movimiento ateo mundial, intelectual de grandísima influencia, de odios acérrimos y fidelidades casi místicas, «Hitch», como era llamado en su ambiente, se declaró siempre defensor de las ideas del Siglo de las Luces y de Voltaire. Denunció una y otra vez en sus libros el concepto de Dios como «entidad suprema» o, si se prefiere, como «una creencia totalitaria que destruía la libertad de los individuos», y siempre deseó que, progresivamente, la libre expresión y el progreso científico tomaran el papel de la religión. Su famosísima obra Dios no es bueno (Debate), sobre el ateísmo y la naturaleza de las religiones, se convertiría en un best seller mundial desde su aparición en 2007.

En palabras de Blair

Escritor (Juicio a Kissinger, La victoria de Orwell, Cartas a un joven disidente, Dios no existe, Amor, pobreza y guerra), editorialista, corresponsal de guerra y reputado polemista, Christopher Hitchens murió a los sesenta y dos años de un cáncer de esófago diagnosticado en junio de 2010. Estaba en plena gira promocional de su exitoso y espléndido libro de memorias Hitch-22 (Debate).
Objeto de numerosas y conmocionadas necrológicas, el creyente Tony Blair diría en el momento de su desaparición que «era un ser completamente fuera de lo común, una mezcla sorprendente de muchas cosas a la vez […]. Era intrépido en la búsqueda de la verdad y en todas las causas que creía, que defendía siempre con pasión, compromiso y brillantez».
Colaborador sucesivamente de numerosos medios, desdeThe Nation, The Atlantic, The Guardian o Vanity Fair, donde publicó sus últimas y mordaces crónicas, en la forma de una especie de «diario» por episodios de su enfermedad, descrita sin tapujos y con abundantes dosis de humor lúcido y desafiante -ahora recogidas en el impresionante volumen titulado Mortalidad-, amigo de escritores como Salman Rushdie, Martin Amis, Ian McEwan o Edward Said, «Hitch» forjó su carrera de periodista en Inglaterra antes de expatriarse a Estados Unidos en 1981.

«Villa tumor»

Evitando la autoconmiseración, los clichés, «las falacias patéticas», en plena y asumida clarividencia de que se trataba de la última etapa de su vida y que no convenían los engaños, declara en su libro: «He retado a la Parca a que alargue libremente su guadaña hacia mí […], la ira estaría fuera de lugar; en cambio, me oprime la persistente sensación de desperdicio. Tenía auténticos planes para mi próximo decenio».
En algún momento, humano a fin de cuentas, se hará las preguntas aparentemente «banales» que se haría cualquiera, ateo o no, en su situación: «¿Realmente no viviré lo suficiente para ver cómo se casan mis hijos?». Sin dar su brazo a torcer, orgullosamente resistente a modificar su activismo contra Dios, y menos aún en el último y temeroso momento, las contradicciones, en vida, nunca le fueron extrañas: «Hitch» contrajo matrimonio religioso en dos ocasiones, una por la Iglesia ortodoxa y otra en una sinagoga.
Desde que se supo su traslado forzoso del planeta de los sanos a lo que el propio Hitchens llamaría «Villa Tumor», dada su gran popularidad, en la red, en los foros, acompañado de fieles amigos y adoradores o de despiadados y vengativos enemigos de su causa atea, su muerte se convertiría inevitablemente en un morboso espectáculo: la muerte de un ateo recalcitrante. Él mismo lo narra con su eterno y saludable -si así se podía llamar en su situación- sentido del humor, que nunca le abandonó.

La ceremonia de los adioses

Mientras unos pedían que ardiera en el fuego del infierno por todo lo que había mantenido en sus libros, otros muchos creyentes le perdonaban y le ofrecían generosamente sus oraciones para su pronta recuperación.
También llegarían las apuestas, que él, observador y cronista a la vez de su padecimiento y de la ceremonia diaria de los adioses, descubriría con estupor «en el laberinto de la web»: «Un extraño vídeo invita a potenciales apostadores a jugarse dinero sobre la posibilidad de que repudie mi ateísmo y abrace la religión en una fecha determinada y la posibilidad de que continúe afirmando mi incredulidad y asuma las infernales consecuencias».
Por qué sigue despertando este encono y esta pasión la figura del ateo, por qué ese terco empeño en lograr su salvación, se preguntarán muchos. Quizá lo que más indigna es que alguien renuncie al rebaño, a cualquiera de los rebaños principales y monoteístas, ya sea el cristiano, el judío o el musulmán. Rebaños inventados para que alguien, hasta el último momento, se sienta acompañado en un mismo destino y en un mismo tipo de eternidad pensada para todos.
El empeño en la «oración», en la salvación de la oveja ciega y descarriada, como es de suponer en el caso de este ensayista que se rió de todas las convenciones hasta el final, generará un buen número de bromas y sarcasmos en sus páginas. Coherente consigo mismo, de forma exigente y altiva hasta su último suspiro, «Hitch» también reclamaría una total coherencia y ecuanimidad a quien se encontrara en el otro lado, si es que alguien se hallaba en un implacable tribunal que debía juzgarlo sin privilegios de ninguna clase, aplicando penas y sanciones.
«Supongamos que abandono los principios que he tenido durante toda mi vida con la esperanza de ganarme un favor en el último minuto -escribe-. Espero y confío en que ninguna persona seria admire esa actuación fraudulenta […]. Por otra parte, ese dios que premiaría la cobardía y la falta de honradez y castigaría las dudas irreconciliables está entre los muchos dioses en los que no creo.» Genio y figura.

Falleció James Salter

James Salter: «Tengo 88 años y estoy listo para empezar de nuevo»
Día 03/03/2014 - 13.42h

 

corina arranz
James Salter en una imagen de archivo
«Llega un momento en el que te das cuenta de que todo es un sueño, y sólo aquellas cosas preservadas en la escritura tienen alguna posibilidad de ser reales.» Con este epígrafe arranca «Todo lo que hay» (Salamandra), la primera novela que James Salter (Nueva York, 1925) escribe en treinta años. El comienzo no es fortuito, como nada lo es en la obra de este escritor que lleva más de medio siglo haciendo realidad esas cosas que alguna vez fueron sueños para los lectores.
Con casi 90 años, la mirada limpia y clara de Salter permanece tan inalterable como sus personajes. Ajados y redimidos, pero siempre expuestos a la vida que escogieron. Con riesgos y temeridades. Luchas y sufrimientos. Pasiones desenfrenadas. Amores consentidos que alguna vez gozaron de sentido. Y es que «¡la vida del mundo es juego y distracción…!» (Corán, 57, 20). Esa vida que el escritor imagina sentado en el ordenado escritorio de su casa de Bridgehampton (Nueva York). Esa casa en la que me recibió, una fría mañana de finales de diciembre. Distante, pero afable. Tan embriagador como su prosa. Sincero sin remedio.
Después de treinta años sin escribir una novela, ¿cómo empezó «Todo lo que hay»?
No sé, como empieza una vida. Tardó un tiempo en convertirse en una idea. Hacía al menos 30 años había escrito algunas líneas para mí. No era nada particularmente espléndido, sólo una idea sobre la que me gustaría escribir. Así fue como empezó y se fue desarrollando. Eso es todo lo que puedo contestar a esa pregunta por el momento. Más tarde volveremos a ella.
Hábleme del epígrafe con el que comienza el libro.
El epígrafe es lo que es y no se puede expresar de otra forma. Lo que dice, esencialmente, es que cuando pasa el tiempo y todo parece ser un sueño, lo único que tiene la posibilidad de ser real es lo que está escrito. Es lo que yo creo.
Creo que cuando descubrió la frase en la que Christopher Hitchens dice que «ninguna vida está completa si no ha visto la guerra, la pobreza y el amor» pensó que eso era precisamente de lo que trataba esta novela.
Sí, pero cambié de idea porque en el libro no había pobreza. No estoy seguro de lo que Hitchens quería decir con la pobreza. Creo que se refería a la pobreza de la gente en Calcuta, en El Cairo, pero también en América o en España.
¿Ha leído «Mortalidad», el libro que Hitchens escribió poco antes de morir?
Sí, lo escribió mientras estaba muriendo, pero creo que no me gustaría leerlo. Debe de ser muy conmovedor. ¿Es bueno? Leerlo debió de ser muy doloroso para usted.
Sí, pero la lectura también es sanadora. Gracias a ella los lectores encontramos cierta paz en nuestras almas.
¿Cómo se llamaba el libro de Hitchens?
«Mortalidad».
Philip Roth también escribió un libro parecido, no sobre él, sino sobre la muerte de su padre. Pero tampoco lo he leído.
Volvamos al libro que nos ocupa: el suyo. Habla de Okinawa, de la industria editorial, del amor, la pérdida… ¿Cuál era su propósito?
No hay propósito. La vida no tiene ningún propósito y el libro no intenta probar nada. Antes ha dicho algo muy interesante sobre cómo un lector a veces encuentra paz en su alma gracias a un libro. Eso es lo que tiene que conseguir una novela: debe aportar paz al alma humana.
Esta novela contiene una de las tragedias más devastadoras de toda su obra. ¿Cómo consigue que no le afecte mientras la escribe?
Sabía que iba a suceder. Sólo estoy describiendo un accidente. Yo no lo causé. No se lo hice a ese personaje. Sólo sucedió, por eso no fue emocionalmente difícil.
¿Sabe lo que va a suceder?
Sí, desde el principio. Tengo una idea completa en mi mente. A medida que el libro avanza ocurren cosas inesperadas para las que estaba preparado. Normalmente escribo en secuencias, del comienzo al final. Pero podría no hacerlo. Podría escribir perfectamente el capítulo final del libro o uno de la mitad porque sé lo que va a pasar.
Hay un momento en que le preguntan al protagonista qué cosas le han importado en su vida. Pues bien, yo le traslado esa misma cuestión a usted.
¿A mí? Deje que vea exactamente la frase en el libro.
Se levanta con parsimoniosa rapidez y va a buscar la novela, que está colocada en una biblioteca justo a la entrada, junto a cientos de libros.
Normalmente, la respuesta a esa pregunta sería algo así como mi familia, mi trabajo, mis hijos… Pero él no tiene familia. Tiene trabajo, pero no es su pasión y no es la razón para seguir viviendo, sólo el medio. Como es incapaz de responder, se da la vuelta y dice: «Probablemente lo que más me ha importado ha sido la guerra». Cuando fue joven, cuando en esencia se convirtió en un hombre, o al menos dejó de ser un niño. Y es interesante porque es una respuesta que, de alguna forma, representa el libro. Al final «Todo lo que hay» no es fe, religión, familia e hijos, caridad…
Salter vuelve a detenerse en el libro. Pasa las páginas e intenta hacer memoria hasta dar con la frase exacta:
«Solo puedo decir que, si lo examino en profundidad, si pienso en las cosas que más me han influido en la vida, sería la guerra.» Bien, todo este rodeo era una forma de evitar su pregunta, pero creo que en mi caso esa es la verdad.
¿También en su caso?
Es posible que sea cierto, pero no completamente. La guerra influyó en mi vida [fue piloto de aviones de caza y combatió en Corea], pero ha habido otras influencias importantes.
Hablando de influencias, «Todo lo que hay» ha recibido muy buenas críticas. Me pregunto qué importancia tiene, a sus 88 años, la crítica.
En este momento de mi vida me da igual. Una buena crítica no es más importante que otra que no es tan buena. Con eso no quiero decir que sea indiferente a las críticas. A todo el mundo le gusta recibir halagos. Cuando escribes quieres ser leído y admirado. Soy perfectamente humano, pero soy un viejo humano.
Es tan humano como yo.
Pero cuando uno llega a mi edad, los sentimientos cambian. Si todo esto hubiera pasado años atrás, es posible que habría reaccionado más y hasta me habría emocionado. Pero tú escribes lo que escribes. Tu única esperanza es haber escrito el libro que querías escribir. Y el resto está ahí.
¿Es este su último libro?
Ya veremos [ríe con dulzura].
Pero está escribiendo.
Sí, me gustaría seguir haciéndolo. Estoy listo para empezar de nuevo. Pero necesitas tranquilidad para escribir, al menos yo necesito silencio, calma, tranquilidad, y aún no lo tengo. Este [por 2013] ha sido un año muy agitado.
¿Y soledad? ¿Necesita soledad para escribir?
Sí, me gusta la soledad. Pero no me gusta vivir en soledad. Sólo me gusta la soledad cuando es buscada, elegida.
¿Qué me dice del estado ideal para un escritor?
Hay autores que escriben con un entusiasmo increíble, quemando las páginas. Otros simplemente reflejan esa historia que va surgiendo y tienen el deseo de expresarla, pero son conscientes del esfuerzo que supone la escritura. Son dos tipos de escritores, pero también dos tipos de escritura. Honestamente, todo escritor sabe que escribir es duro. Incluso Simenon, que escribió cientos de libros. Su método requería un esfuerzo increíble, solía sentarse durante ocho o diez días en una habitación y se aislaba de todo y de todos, ni comía ni bebía. Escribía y escribía. Eso no es fácil. Aunque cuando lees algunos libros te das cuenta de que están escritos con menor esfuerzo. ¿Cuál es el estado ideal para un escritor? Creo que la esperanza.
Al final del libro, Bowman dice que el poder de la novela en la cultura ha disminuido. ¿Qué piensa usted de la actual industria editorial?
Bueno, yo soy como un pequeño insecto, no estoy en medio de nada, pero mi impresión es que la industria está muy activa, probablemente demasiado. Se publican muchos libros, que aparecen y desaparecen cada minuto, pero es necesario que tengan cierta calidad. Parece que hoy todo el mundo escribe libros y, sin embargo, las referencias artísticas y culturales de la gente son las películas.
Es curioso, porque ahora sus libros están inspirando a una nueva generación de lectores. No sé si es consciente.
Eso es fabuloso. Voy a intentar encontrar esas líneas que mencioné al comienzo de la entrevista.
Abandona la pequeña estancia en la que estamos instalados, junto a la cocina, y sube al piso de arriba. Tres minutos después regresa con un fajo de ordenados papeles manuscritos. Tienen más de 30 años. La tinta (y su fuerza) permanece intacta.
No estoy seguro de haberlas encontrado.
Resopla y observa con cuidado sus notas.
Sí, aquí está lo que escribí. Lo escribí en 1982. ¿Hace 32 años? Puede leerlo usted misma.
Me muestra las anotaciones y observo con el asombro que nunca experimentaría ante una pantalla de ordenador.
Estaba escribiendo una novela sin ser consciente. Como el título sugiere, trataba de todo, de las cosas importantes, especialmente relacionadas con la virtud. Así fue como empezó «Todo lo que hay».
En toda su obra se muestra como un americano que ha absorbido la cultura europea.
Bueno, no lo sé. Me ha influido, he respondido a ella.
¿Y cuál es su visión de la cultura americana?
Llena de vida, absolutamente llena de vida, precipitada en todas direcciones. La diferencia entre la cultura americana y la europea es que, en Estados Unidos, el Gobierno tiene muy poco interés en los asuntos culturales.
Vivió en Francia varios años.
Sí, tres años. Me gustó, fue divertido, emocionante, pero no fue nada serio. Todos los problemas del país no eran tuyos, todo era fresco, te sentías poderoso y capaz de todo.
De vuelta al mundo anglosajón, ¿por qué hay tanta obsesión con la idea de la Gran Novela Americana?
No sé quién formuló esa frase por primera vez, pero los escritores surgidos después de la guerra, al menos mi generación (Saul Bellow o Philip Roth, entre otros), tenían la idea de que la Gran Novela Americana aún estaba por escribir y uno de ellos podría hacerlo. La idea ha persistido con el paso del tiempo, pero no sé si existe tal cosa. Probablemente la gran novela española sea «El Quijote» y si hay una gran novela americana sería «Huckleberry Finn». No lo sé, pero la gente siente que aún puede lograrlo.
Cuando Jonathan Franzen publicó «Libertad», la revista «Time» tituló en portada: «El gran novelista americano».
Bueno, es demasiado pronto para juzgar. No la he leído.
En su novela «Años luz», Nedra pregunta a su marido: «¿Debe la fama ser parte de la grandeza?». ¿Cómo describiría usted la grandeza?
Usaría un sinónimo. Diría magnitud, trascendencia… Depende de qué tipo de grandeza. No creo que haya una línea divisoria que al cruzarla se alcance la grandeza.
¿Qué hay de la inmortalidad? ¿Escribe para ser recordado?
No. Escribo porque escribo. Es muy difícil pensar en que alguien leerá mis libros dentro de cien años. Debes de ser muy vanidoso o considerarte muy bueno para creer eso.
¿El éxito depende de los libros que venda un escritor o de los lectores que tenga?
Bueno, depende. Hay escritores intrascendentes que venden millones de libros. Y otros que han sido referencias intelectuales durante años y que, sin embargo, nunca han llegado a ser un éxito de ventas. Creo que el éxito llega cuando quieres escribir un buen libro y los lectores te reconocen.
Ha escrito novelas, relatos, periodismo de viajes, unas memorias y hasta un libro de cocina junto a su mujer. Pero, ¿qué es James Salter?
Soy un novelista. Es como me siento más seguro. Mi único arrepentimiento a lo largo de todos estos años es no haber escrito más. Siempre ha sido un placer haber escrito cosas, incluso pequeñas. Encuentro un gran placer escribiendo, incluso en el acto físico de escribir. Es un disfrute, un gozo.
¿Cuándo encontró su voz?
Creo que fue en «Juego y distracción», pero ahora la gente trata de convencerme de que la tenía desde el principio. No lo sé. En «Juego y distracción» sentí que sabía cómo escribir.
¿Está orgulloso del escritor en que se ha convertido?
Sí, siento cierto orgullo.
¿Qué es lo que le lleva a escribir, el impulso último?
No lo sé, el impulso viene contigo. Puede que no emerja hasta cierto momento de tu vida, pero naces con ello.
En una de sus cartas a su amigo Robert Phelps escribió que llega un momento en el que uno debe ser egoísta, pensar en sí mismo.
Llega un momento en el que tienes que ponerte a ti primero. Puede ser egoísmo profesional o ese ego que lleva a ponerte por delante de los demás. De hecho, muchas carreras están basadas en eso. Alcanzan popularidad y ahí están, los aceptamos.
En «Quemar los días», sus memorias, dice: «La muerte de los reyes puede ser recitada, pero no la de un hijo».
Yo, desde luego, no puedo usarlo como material narrativo. No puedo escribir de la muerte de mi propia hija. [Allan falleció electrocutada en la casa del escritor en Aspen. Él encontró su cuerpo.]
¿Piensa en un lector en particular cuando escribe?
Sobre todo pienso en todos esos jóvenes lectores que ha mencionado antes. Están llenos de vida, son curiosos y asumo que son inteligentes porque, de lo contrario, no hubieran oído hablar de cierta clase de libros.
¿Qué es el amor, el sexo, para un escritor como usted?
Creo que la persona más afortunada es aquella que tiene amor, pasión, sexo… Sobre todo si lo tiene al mismo tiempo [ríe con franqueza]. Son los ingredientes básicos de la vida.
Cuando «Juego y distracción» se publicó en Estados Unidos (en 1967) le criticaron porque había demasiado sexo.
Pero es que lo hay.
¿Y cuál es el problema?
Bueno, esto es América. Sabes muy bien que en América existe cierto puritanismo, mucho más cuando el libro se publicó hace casi 60 años. Se pusieron un poco nerviosos. Me imagino que no es el libro ideal para leer en los colegios, ya que se muestra a una mujer un poco objeto.
Pero en todos sus libros las mujeres son los héroes.
Eso es lo que yo creo, pero hay mujeres que no piensan así.
¿Por qué las describe así?
Porque son héores. Las mujeres están comprometidas con la grandeza de la vida y sus responsabilidades. Lo hacen. Las admiro, las envidio.
¿Cree que tenemos héroes reales en nuestra sociedad?
Sí, bueno, piense en Mandela, el mundo lo recordará heroicamente. La palabra héroe es divertida. Solía significar heroico y la implicación era marcial, pero ahora se ha vaciado de contenido. Por supuesto que podemos tener héroes, pero es una pérdida de tiempo llamar héroe a todo el mundo, a cada presidente… Pero eso es lo que hacemos hoy. A todas nuestras tropas las llamamos héroes, pero sabemos que no lo son.
En ese sentido, ¿hay un modo apropiado de vivir?
Pensé que este libro era sobre la virtud y terminó siendo sobre otra cosa. La virtud es un modo apropiado de vivir. ¿Qué es la virtud? Esa es otra pregunta. Prudencia, fortaleza, justicia y misericordia. Si actúas de acuerdo con esos valores, eso significa ser virtuoso. No creo que nadie pueda llamar virtuoso a un criminal. El crimen es interesante, puede ser fascinante e irresistible para la gente, pero no es virtuoso.
En «Años luz» muestra a un matrimonio que no puede vivir la apariencia que muestra a la gente. Es una tragedia.
En realidad hay dos vidas, la que aparentamos vivir y la que realmente vivimos. Es obvio. No creo que sea una tragedia, es una condición humana.
¿Es el fracaso una condición del escritor?
Si no tienes cierto reconocimiento puede que sientas que has fracasado. Pero no es un fracaso. Piense en Emily Dickinson: nunca publicó nada en vida y se convirtió en una de las grandes poetas americanas.
Después de leer sus libros, mi conclusión es que el amor y la muerte van de la mano.
Es un pensamiento original.
Todo es temporal.
Así es. La vida dura muchos años, pero es temporal.
¿Qué piensa del «e-book»?
No sé mucho de él. No uso e-reader. Mi mujer tiene uno, le gusta y me parece bien. Pero en los libros de papel puedes escribir, es una necesidad, me gusta tocar el papel.
¿Sobrevivirá el papel?
Bueno, no lo sé. Eso tendrá que averiguarlo usted. Creo que sí, porque hay algo agradable en ellos, incluso su olor. Tocar la pantalla del Kindle es como estar en un motel, donde todo parece muy agradable, pero nada de eso es tuyo. Cuando tienes un libro electrónico no es tuyo.
¿Qué piensa de todas las distracciones del mundo virtual?
Para la gente no son distracciones, porque les gusta. Se convertirán en algo normal y nadie las verá como distracciones.
Pero no es el mundo real.
Pero se está convirtiendo en el mundo real.

Vendedor de diarios . Varanasi . Indica

Cohousing

Una docena de…razones para vivir en un cohousing


Cohousing o vivienda colaborativa,  es un modelo que supone una forma diferente de acceder y de entender la vivienda, de gestionar su desarrollo y de usarla durante su vida útil. Este modelo nos permite mantener la intimidad de nuestra casa propia y a la vez, tener acceso a grandes espacios comunes.
En España encontramos algunos ejemplos en Cataluña, Andalucía y Madrid. A nivel internacional es un modelo que se ha implantado con éxito en varios países del norte de Europa y que tiene un gran acogida en Estados Unidos y Canadá. Pero ¿por qué plantarse la posibilidad de vivir en un cohousing?
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1. Porque es una alternativa a un modelo agotado
El modelo de acceso y uso de la vivienda vigente desde hace muchos años está agotado. Acceder a las viviendas que se generan bajo aquel modelo es un problema económico y social… no poder acceder es un problema peor aún. La sociedad ha cambiado velozmente en los últimos años y las viviendas y las fórmulas para acceder a ellas siguen siendo iguales a las de hace 60 años o más. El cohousing representa una nueva forma de acceder a la vivienda.
2. Para no hipotecar toda la vida por una vivienda
Hoy en día acceder a una vivienda en propiedad obliga a contratar un préstamo hipotecario para muchos años. La vivienda colaborativa es un modelo económicamente viable, ya que busca que por el precio que costaría un alquiler social se pueda acceder a la vivienda en propiedad.
3. Porque permite tomar decisiones vitales
Un cohousing permite decidir con quién y cómo vivir. La vivienda colaborativa se convierte así en un vecindario intencional, donde quienes lo comparten son conscientes de ello y como tales, responsables de las decisiones finales y de la gestión y se comprometen a vivir en una comunidad que adopta decisiones de forma democrática.
4. Para conseguir el máximo rendimiento a cada metro cuadrado
En la vivienda tradicional, se pierde o se utiliza de forma ineficiente buena parte de la superficie que ha sido pagada a precio de oro. En un cohousing, se aprovecha cada metro cuadrado al máximo diseñando viviendas autónomas con la mínima superficie, para poder dotarlo de amplios espacios comunes con los que se complementan las viviendas.
5. Para participar en la definición y en el diseño de la vivienda
Una vivienda colaborativa puede ser definida y hasta diseñada por los propios covivientes a la medida de sus necesidades. Ellos deben participar en la toma de decisiones desde el principio hasta el resultado final, o incorporarse a la definición en medio del proceso de desarrollo.
6. Porque es sostenible
En una vivienda colaborativa se busca el ahorro mediante la máxima eficiencia energética y la racionalización de los recursos. Se promueve el uso compartido de bienes y servicios (las herramientas, el acceso a Internet o incluso los coches), lo que las convierte en un modelo plenamente sostenible.
7. Porque se aprende a resolver conflictos
Los conflictos interpersonales son algo cotidiano y como tal forman parte de este tipo de proyectos desarrollados a través de procesos participativos. No hay que tenerles miedo, y vivir en un cohousing implica aprender a resolverlos con éxito y hacer que formen parte de los aprendizajes de la vida y no que se conviertan en una barrera infranqueable.
8. Porque se generan sinergias
La vida en viviendas colaborativas a las que se haya dotado de espacios comunes para desarrollar actividades complementarias (ocio, trabajo, estudios, etc.) hace que se generen sinergias de todo tipo, tan importantes hoy en día en cualquier actividad.
9. Por corresponsabilidad
Organizarse y vivir en un cohousing es compartir tiempos y espacios. Las viviendas colaborativas son el modelo más avanzado para corresponsabilizar y conciliar la vida personal, familiar y la laboral, el trabajo productivo con el reproductivo.
10. Porque se pueden compartir cuidados
Las viviendas colaborativas son el modelo idóneo para compartir cuidados en diferentes etapas de la vida. Muchos de estos vecindarios han surgido de las necesidades de cuidado particulares de las personas promotoras (familias monoparentales o personas mayores por ejemplo).
11. Para vivir en viviendas sanas
Nuestra salud se ve afectada por los espacios que habitamos. Una casa es una tercera piel por lo que debe ser confortable, con el mejor ambiente interior y respetuosa con el planeta. Un cohousing, en la medida que es definido por quienes lo van a habitar, puede y debe ser construido con materiales y técnicas naturales, e instalando sólo los medios necesarios para el confort haciendo una vivienda sana.
12. Porque es posible
En la legislación (Ley de Cooperativas) existe la fórmula de cooperativas de cesión de uso basado en el modelo nórdico Andel, que consiste en una forma de acceso a la vivienda situado entre el alquiler y la propiedad. Este modelo establece que todas las personas habitantes son copropietarias del total de un inmueble y disfrutan del derecho de uso sobre cada una de las viviendas en él desarrolladas. En España hay experiencias bajo estas fórmulas, principalmente en Cataluña y Madrid.
 

viernes, 19 de junio de 2015

Somos empáticos por naturaleza ?


De Waal F. La edad de la empatía, ¿somos altruistas por naturaleza? Tusquets editores, Barna 2009.-

De Waal sigue el guión de cualquier etólogo de pro: convencernos del continuum entre los animales y los seres humanos. Darwin no solo afirmó que nuestra especie había evolucionado de otras –que tomamos por inferiores-,  sino que también afirmó que compartimos con ellas los mecanismos básicos de la supervivencia.
El libro, por consiguiente, está plagado de ejemplos que humanizan a nuestros parientes mas próximos, los primates, y animalizan a nuestra  propia especie, (lo que cuesta poco si leemos cualquier periódico). Pero por debajo de estas anécdotas De Waal persigue afianzar una tesis importante: la empatía es la base emocional de la justicia, sin la cual no podríamos construir la sociedad compleja y multiforme que poseemos.  Podemos detectar en los primates formas ancestrales y primigenias de ambas cosas: empatía y justicia.
La segunda tesis del libro es que la empatía es algo así como una muñeca rusa compuesta de tres capas: contagio emocional- consolación y asistencia orientada. Las tres capas plenamente desarrolladas solo se producen en algunos mamíferos. De Waal cree que hay una coemergencia: cuando la especie animal llega a un punto en que sabe reconocerse como individuo, suele ser capaz de asistencia orientada.
Veamos estos conceptos con algo mas de detalle: en primer lugar la emergencia del “yo”. Esta emergencia la identifica con la llamada “prueba del espejo”, a la que De Waal dedicó importantes esfuerzos. Consiste en que el animal enfrentado a un espejo, se reconozca en dicho espejo. La conducta de un gato delante del espejo conduce a una conducta que llama de autocontingencia,  consistente en diversos movimientos exploratorios que demuestran cierta sorpresa ante aquel otro animal que parece tan sutil como él mismo. Sin embargo el gato no supera la prueba, pues no llega a reconocerse como imagen especular de sí mismo. La urraca, en cambio, considerado el pájaro mas inteligente con los córvidos, sí supera la prueba. Dicha prueba consiste en situar una marca en una parte del cuerpo del animal que no pueda ver a simple vista, y verificar que éste trata de sacarse la marca. Es decir el animal identifica la marca que observa en el espejo y se orienta mediante el espejo para eliminarla.
Elefantes, delfines y algunos primates superan esta prueba, además de algunas urracas… Y en estas especies se verifica un impulso que va mas allá de consolar a un semejante que sufre. La llama “asistencia orientada”, adivinar las necesidades de otro sujeto, o de la propia cria, y darle lo que precisa para su bienestar.
En el vídeo que recomendamos (ver mas abajo) una mama elefante moviliza a otros elefantes en ayuda de su pequeño, para sacarlo del barro que amenaza su vida. Los babuinos, en cambio, atraviesan ríos sin atender a los gritos desesperados de las jóvenes crías incapaces de nadar. Los adultos, situados en la otra orilla, atienden a los gritos de sus hijos y los miran como diciendo “¿por qué no venís?”, en lugar de ir a por ellos.
Franz De Waal
Pero como decíamos mas arriba el libro de De Waal es mas ambicioso que una descripción naturalista de la empatía…. La empatía es a base del sentimiento de justicia, o está emparentado con dicho sentimiento. Uno de los experimentos que describe consistió en hacer aprender a capuchinos el valor de una ficha gracias a la cual podían intercambiar alimento (rodajas de pepino). Después se les enseño el valor de otra ficha con la que igualmente recibían pepinos,  pero con la que un compañero suyo en otra jaula también participaba del ágape. Los primates prefirieron esta segunda ficha, es decir, les gustaba que el otro compañero participara de su buenaventura. Sin embargo descubrieron tres maneras de cancelar la generosidad del capuchino: 1) que el otro mono perceptor del premio fuera un desconocido; 2) deslizando un panel opaco entre ambos monos de manera que aún sabiendo de la presencia del otro mono no fuera visible su acto de generosidad; y 3) haciendo que el alimento recibido por el beneficiario fuera superior al recibido por el capuchino que intercambiaba la ficha. En este caso el mono que daba la ficha recibía rodajas de pepino, pero el otro recibía uvas, que les encanta. En tal caso  se cancelaba automáticamente la generosidad.
Este experimento ( y otros que menciona el autor) le llevan a especular sobre la existencia de un cierto libro de contabilidad, y una aversión a la inequidad, una aversión que da lugar a sentimientos de envidia o resentimiento. Me impresionó la anécdota de una pareja humana que visitaban a un chimpancé que habíancriado en casa, hasta que tuvieron que dejarlo en el zoo. En una ocasión le llevaron pastel y juguetes, y fue tal la envidia que generó en unos chimpancés machos, que lograron abrir la jaula y atacaron al hombre arrancándole un pie y castrándolo. Si no los hubieran abatido a tiros sin duda lo habrían matado.
De Waal traslada sus hallazgos a la sociedad humana: el ser humano está dotado de las tres capas que componen la empatía. Los soldados de todas las guerras apenas disparaban tiros, y sufrían con los gimoteos de los enemigos zaheridos. Pero también el ser humano es capaz de cerrar el interruptor de la empatía y ver en “el otro” un animal a batir, al igual que un babuino ataca al líder de la manada si le ve herido, (cuando pocos momentos antes se mostraba sumiso a dicho macho alfa).
En un experimento  hombres y mujeres interactuaban con otros (que en realidad eran actores), en un juego competitivo. Después estos actores sufrían pequeñas descargas eléctricas en su presencia, y se verificaba que las neuronas espejo de sus colegas en el juego experimentaban también dicho estímulo desagradable. Pero nada de eso ocurría si las personas percibían que estos actores habían hecho trampa en el juego. En tal caso solo se detectaba reacción empática en las mujeres, en cambio los hombres experimentaban placer al contemplar como el otro jugador recibía “su merecido”. Como apuntara Tertuliano, parece existir un cielo desde el cual los justos obtendrán placer contemplando el sufrimiento eterno de los pecadores en el infierno. Empatía a la inversa.
Para concluir, De Waal propone que enla sociedad humana la empatía adquiere toda la complejidad que conlleva el sentimiento de justicia. Nos importa la justicia porque da lugar a entornos donde puede imperar la confianza entre las personas. Tener la sensación de que vivimos en un entorno justo, solidario y hasta cierto punto igualitario, (per también que valore el esfuerzo, se esfuerza De Waal por subrayar), permite formas refinadas de empatía.

Pablo Oliveres
Murcia

COMENTARIO .-

Diversos son los etólogos que saltan del  estudio de los animales a las personas. Estos estudios tienen por virtud ponernos un espejo en los que recabar una imagen de nuestra sociedad, quizás mas objetiva pero siempre sorprendente. De Waal es bastante ambicioso en “la edad de la empatía”, pues se apunta decididamente a una teoría de base emocional para la ética: aquello que nos hace ser morales y actuar en busca de la justicia son los sentimientos morales, y de ellos como sustento o pilar para todos los demás, la empatía.
Godall con un chimpancé
Los libros de los etólogos son casi siempre muy persuasivos, además de entretenidos, pues  las historietas que los sazonan añaden un plus de verosimilitud y activan, valga la redundancia, la empatía del lector. En su caso acierta De Waal descomponiendo la empatía en un impulso primario de contagio emocional, (en su formamas inicial, mera sincronía de movimientos), una segunda capa, la consolación como un movimiento de implicación corporal, y la asistencia dirigida como conducta elaborada e intencional. También muestra perspicacia al hablar del interruptor de la empatía, gracias al cual podemos o no ser empáticos. Pero incluso mas perspicaz resulta al hablarnos de la empatía como facultad necesaria para la crueldad. Una vez mas lo que resulta bueno puede ser el colmo de la maldad: saber donde reside el placer nos habilita para producir el mayor daño, físico y moral…
El libro que comentamos puede insertarse perfectamente en la línea de pensamiento de la neuroética: explorar  las bases biológicas necesarias para desarrollar una conducta beneficente… Ahora bien, ¿qué  le queda en el tintero? Quizás lo que tanto se esforzó Rawls en explicarnos, que el ser humano ha transitado desde un concepto de justicia entendida como reparto igualitario, a un concepto de justicia basado en la equidad e incluso mas, basado en la cohesión social. En este sentido no debiéramos perder de vista la historicidad del ser humano, una segunda capa sobre esta gramática biológica que a su vez interactúa y modela el núcleo emocional. La interacción medio cultural- epigenética  ha sido puesto de relieve por muchos autores, pero destacaría a otro etólogo EO Wilson, en su “The social conquest of Earth”.
Otro aspecto singular del libro que comentamos es la afirmación de De Waal en el sentido de que  deberíamos desconfiar de la empatía si fuera un atributo exclusivo del ser humano. Sería algo así como un peluquín que podría arrancarse de nuestra cabeza por una ventada…. Pero no, la empatía es un recurso bien asentado y que por fortuna actúa sobre la mayoría de los soldados. Muchos lectores quizás pensarán que el uso que hace De Waal del concepto empatía es excesivo cuando trata de casarlo con las leyes del mercado capitalista. Cierto que el concepto que manejamos de justicia está e la apreciación del valor (véase Diego Gracia, “precio y valor”), pero la historicidad nos hace modular estas leyes del mercado que en su inicio fue no solo la apreciación de un valor de mercancía sino lisa y llanamente una imposición por la fuerza bruta. Al final la solidaridad, como manifestación de esta empatía bien asentada en nuestra manera de ser, ha prevalecido por razones de utilidad, (paz social), pero también por el concepto actual de justicia.

Francesc Borrell
Barcelona.

Webs de interés.- 

CANADIAN PSYCHIATRIC ASSOCIATION

Declaración de la Canadian PsychiatricAssociation sobre consentimiento informado

Preparada tanto en inglés como en francés,analiza diversos aspectos éticos, legales y procedimentales (valoración) y concluye que los pacientes tienen derecho a ser informados y a participar activamente en el cuidado de su salud. Un derecho fundamental en relación con la dignidad y la autonomía de la persona es el de tomar decisiones acerca de su tratamiento psiquiátrico, incluido el derecho a rechazar tratamiento no deseados, siempre que este rechazo sea competente. Los psiquiatras deben tener conocimiento de la base ética del consentimiento y de los requisitos legales relacionados con él, así como de casos previos que puedan ilustrar estas cuestiones. El consentimiento puede cambiar a lo largo del tiempo y por diferentes circunstancias, por lo que es un proceso continuado.

Vídeo recomendado.-

EMOCIONES MUY ANIMALES.- 
¿Compartimos los seres humanos el mismo registro emocional que otras especies? Las proto-emociones derivan de la experiencia corporal, (sensación de apetito, frio, sed…), y sin duda las experimentan todos los mamíferos. Pero a partir de aquí la gama de emociones primarias y secundarias cambian en función de aspectos biológicos y socioculturales. Sin embargo los animales pueden sorprendernos, como se demuestra en este vídeo…. ¿será que estamos acostumbrados a subvalorarlos, o será que nos encontramos mas cómodos pensando que no tienen sentimientos?