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domingo, 29 de diciembre de 2019

Burucúa alimenta la luz


El erudito presta atención en sus libros al encadenamiento de los hechos verídicos verificables y los hechos hipotéticos para explicar las razones ocultas de las cosas

Raúl S-W Berg, uno de los familiares citados por Burucúa en 'Enciclopedia B-S', junto a su cuñado Eddy, durante su época en Francia.
Raúl S-W Berg, uno de los familiares citados por Burucúa en 'Enciclopedia B-S', junto a su cuñado Eddy, durante su época en Francia.
Lo que llamamos historia no es más que los chismes que nos llegan desde el pasado. Documentados o ilusorios, los hechos narrados son transmitidos por una multitud de intereses creados, y la narración última (que nunca es la final) depende, para convencernos, del tono y del contexto del narrador más que de los hechos mismos. Esto se aplica tanto a la macrohistoria como a la microhistoria propuesta por Carlo Ginzburg. Es decir, tanto a los despliegues panorámicos como a los álbumes de familia.
A pesar de tal poder, el chisme sigue siendo un género literario poco valuado; descreemos de la importancia que Pascal le daba a saber el tamaño de la nariz de Cleopatra, y nos impresionan más las estadísticas sobre el número de muertos en la I Guerra Mundial o sobre las toneladas de trigo producidas en Ucrania en 1964.
José Emilio Burucúa, cuyo currículo académico llena un buen número de cuartillas, no desdeña para nada ese género despechado. Historiador eminente, su bibliografía incluye ensayos sobre la modernidad clásica, sobre la teoría y práctica warburgiana, sobre el elefante como símbolo, sobre Ulises, sobre la risa, sobre el gran catcheador, el Hombre Montaña. Burucúa sabe que su deber de historiador consiste (lo dice él mismo) en “dar lugar a los sufrimientos y anhelos de felicidad y justicia que tuvieron los muertos”. Su método es prestar atención al “encadenamiento de los hechos verídicos, en cuanto verificables, y de los hechos hipotéticos que postulamos con el fin de explicar las razones ocultas de lo acontecido”. A estas dos variedades del chisme, Burucúa las llama facta la primera y ficta la segunda.
Este estilo docto y chismoso es parte del encanto del segundo volumen de sus Cartas berlinesas (el primero apareció en 2015, también en la editorial Adriana Hidalgo), y es prueba del talento epistolar de Burucúa, cuyos frutos anteriores son las brillantes Cartas del Mediterráneo Oriental y las Cartas norteamericanas. Invitado por una prestigiosa institución académica alemana a pasar varios meses en Berlín, Burucúa transforma sus cartas dirigidas a una cierta Laura en un diario erudito, ameno, instructivo, contando sus aventuras y desventuras turísticas, resumiendo conferencias de importantes colegas sobre los temas más abstrusos y diversos, haciendo de ameno y caprichoso guía en los muchos museos que visita, citando con delicia desde un poema de D. H. Lawrence hasta pasajes del Talmud. Pasan por su ecléctica pluma las peripecias de la lengua alemana, las nociones jurídicas trenzadas de “debe” y “puede”, la inteligencia musical de Bach, el poder de los niños de concebir algo antes de poder nombrarlo, la muerte entendida como “el triunfo de la competencia por sobre la cooperación”… El repertorio es casi infinito. A estas meditaciones berlinesas se agregan en el libro otras nacidas de sus digresiones a los países bálticos, a Rusia y a Hungría, y unas páginas de fotos ilustrativas. El libro es un smörgåsbord (bufé de comida sueca) de placeres intelectuales.
Burucúa alimenta la luz
Y somos afortunados porque Burucúa nos ofrece no uno sino dos títulos más. Por un lado, Historial natural y mítica de los elefantes (editorial Ampersand). Por otro, Enciclopedia B-S (Periférica), que permite o alienta la confluencia de sus facta y ficta (lleva el subtítulo de Experimento de historiografía satírica) y quizás sea el libro más felizmente ambicioso de Burucúa. Dirigiendo su inagotable curiosidad a la historia de su propia familia, Burucúa, con deslumbrante erudición y un escandaloso sentido del humor, nos brinda, como quien no quiere la cosa, una chismosa y auténtica historia de nuestro atroz siglo XX. Contra el trasfondo de los eventos políticos y sociales que creemos conocer, Burucúa pasa revista a las vidas de parientes alejados y cercanos, suyos y de su mujer, Aurora Schreiber, emigrantes catalanes y vascos por el lado del autor, de la Europa judía por el de su mujer, y también de parientes más cercanos y más jóvenes. Toda esta multitud de individuos, abundantes como en una novela rusa (decíamos en mi adolescencia sin haberlos leído) y sin embargo diferenciados cada uno como en las fichas detalladas del catálogo de una estrafalaria biblioteca humana, son identificados por nombre, número e inicial, y constituyen en su conjunto un retrato ardiente y fidedigno de más de 10 décadas de historia occidental.
Desfilan así por estas más de 600 páginas, acompañadas por una sección de fotos y documentos, personajes dignos del Marcel Schwob de Vidas imaginarias: el milagroso Raúl S-W Berg, salvado por los brazos de un sastre cuando a los dos años de edad cayó de un segundo piso, quien ya adulto sobrevivió al comunismo, quiso ser el Hombre Montaña II y acabó inventando un “aparato para masajes múltiples”; José Emilio B-B2, padre del autor, sordo ante los despliegues de humor cotidiano a los cuales su hijo estaba tan alerto; la ilustre antiperonista Leonor B1-B, subversiva sutil; Cecilia S1, quien desconfiaba de toda narración, tanto de ficción como históricas, y para quien sólo las matemáticas y la geografía eran cosas reales; el contradictorio Samuel B-1, amante de los animales y dueño de un Holland Magnum inglés “para cazar elefantes”; María F-M, nacida en Pontevedra a mediados del siglo XIX, quien vio dos veces al diablo en persona. No todas son historias consoladoras. Luis Martín B-B1, joven alto, moreno, de ojos oscuros y piel muy blanca, fue detenido por la dictadura militar argentina, torturado y desaparecido, probablemente arrojado vivo desde un avión Hércules a las aguas del Río de la Plata. El epitafio que le dedica Burucúa da una idea de la profunda sabiduría de este libro: “Conocemos las virtudes porque ellas ocupan siempre el primer plano de nuestras juventudes. De sus defectos, poco y nada sabemos: Martín no alcanzó la edad necesaria para que se cristalizasen y se hicieran evidentes ante los testigos que contaron su historia”.
En un prefacio a la poesía de Kipling, W. H. Auden escribió: “Para él la civilización (y la consciencia) es una pequeña fortaleza de luz rodeada por una gran oscuridad llena de fuerzas malvadas, mantenida a través de los siglos por una vigilancia constante, el poder de la voluntad y el sacrificio de uno mismo”. Burucúa es uno de los que, en nuestro tiempo de creciente oscuridad, alimentan esa luz.
Enciclopedia B-S. José Emilio Burucúa. Periférica, 2019. 712 páginas. 25,50 euros.

viernes, 20 de diciembre de 2019

Tony Judt



La fina capa de la civilización reposa sobre lo que bien podría ser una fe ilusoria en nuestra humanidad común. Pero ilusoria o no, haríamos bien en aferrarnos a ella. Ciertamente, es esa fe –y las restricciones que impone a la conducta humana- la que debe anteponerse en tiempos de guerra o de malestar social.”

La cala de mi casa


domingo, 8 de diciembre de 2019

LA LISTA: LOS 5 PEORES LUGARES PARA SER MUJER


 

El difícil acceso a la educación o a los servicios sanitarios, sumados a las agresiones sexuales, violencia física y discriminación hace que muchos países sean trampas diarías para las mujeres, incluso peores que los conflictos o guerras por las que, en la mayoría de los casos, han tenido que pasar. FP en español muestra los países donde nacer mujer supone un destino fatal.

1. AFGANISTÁN
1 de cada 11 afganas mueren al dar al luz
afganistan
Afganistán ocupa el primer puesto de los cinco, como el lugar del mundo más peligroso para ser mujer. Violencia, insalubridad o pobreza son los problemas a lo que se enfrentan diariamente las mujeres afganas. La guerra, el conflicto latente o los años vividos bajo el régimen Talibán han provocado algunas de las prácticas más aterradoras contra ellas. 1 de cada 11 afganas mueren durante el parto, según UNICEF, y el 80% de mujeres y niñas son forzadas a casarse, de acuerdo con datos publicados por la organización IRIN. Además, de ser víctimas de agresiones sexuales, violencia física o crímenes de honor; el 77% sufre discriminación laboral, el 94% están incapacitadas económicamente y el 91% reciben castigos físicos, según los datos extraídos de una encuesta realizada por TrustLaw.
Afganistán tiene uno de los mayores índices de mortalidad maternal en el mundo. El país alberga un contexto cultural, religioso y económico que concede a las mujeres escasas oportunidades para la educación o el acceso a la sanidad. Existe una falta extrema de esperanzas para un futuro mejor, lo que hace que las expectativas para las mujeres sean aún peores. Según las conclusiones extraídas de TrutLaw la violencia sexual y la falta de acceso a los recursos económicos y de salud representan una mayor amenaza para las mujeres que la inseguridad y la lucha que continúa en las fronteras afganas.
Su situación desde la caída del régimen Talibán en 2001 ha mejorado en algunos aspectos, pero estos logros que se han alcanzado en materias como educación, trabajo o código de vestimenta siguen siendo mínimos (el 87% son analfabetas según IRIN). En Afganistán, que es considerado como un Estado fallido, resulta impensable que por ahora pueda haber una ley contra los abusos sexuales.


congo
2. REPÚBLICA DEMOCRÁTICA DEL CONGO
1.152 mujeres son violadas diariamente
El nivel de agresiones sexuales en RDC es el más alto del mundo. 48 mujeres son violadas cada hora, unas 1.552 al día y aproximadamente 420.000 al año, según un informe presentado por American Journal of Public Health. En muchas ocasiones la guerra y los conflictos entre partes son el motivo principal para que se comentan estos crímenes, ya que las mujeres y las niñas son utilizadas como armas de guerra, tanto por los militares congoleños como por las tropas rebeldes, o reclutadas como soldados y a su vez como esclavas sexuales (67% según TrustLaw). No obstante, el estudio de la publicación estadounidense muestra que existen violencia y agresiones sexuales en el propio hogar.
En RDC el acceso a la educación y la salud es nulo para las mujeres y las niñas. El 57% de las embarazas padecen anemia, según datos publicados por el Banco Mundial. Además el hambre y la falta de recursos dificultan la situación, ya que en ocasiones los traslados para conseguir comida se conviertan en trampas, al ser asaltadas y agredidas en los caminos. La discriminación es otro factor que no mejora la vida de las mujeres, según el Social Institutions and Gender Index, un 0% pueden firmar documentos legales sin el consentimiento de los maridos.
La RDC sigue sufriendo las consecuencias de la guerra y el desastre humanitario sufrido entre 1998 y 2003, donde 5,4 millones de personas fueron asesinadas. La débil estructura política, económica y social que se ha formado y el hecho de que exista una amplia corrupción en el Gobierno no mejoran la situación del país y empeora, aún más, la de las mujeres, ya que no hay una organización jurídica que permita denunciar las agresiones. La mayoría de los delitos se quedan impunes.  

3. PAKISTÁN
Más de 1.000 mujeres y niñas son víctimas de crímenes de honor
pakistan
La violencia y discriminación contra las mujeres en Pakistán es desmesurada. Las prácticas culturales, tribales y religiosas son los detonantes de que éstas sean víctimas diarias de agresiones en sus hogares. Muchas prácticas incluyen ataques con ácido (85%) o matrimonios forzosos (93% según TrustLaw). Según la Comisión de Pakistán para los Derechos Humanos 1.000 mujeres y niñas al año son víctimas de crímenes de honor; mientras que el 90% sufren violencia diaria en los hogares, según datos de la organización Human Right Watch.
En Pakistán la raíz del problema es la discriminación y la falta de leyes que amparen a las mujeres. La inexistencia de condenas judiciales o la impunidad de los crímenes exacerban aún más las agresiones a las que son sometidas diariamente. El país no reconoce la violación por parte del cónyuge y castiga severamente a las mujeres que tienen relaciones sexuales fuera del matrimonio.
La precaria situación femenina las expone a problemas muy graves. Una mujer gana un 82% menos que un hombre, según datos del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (UNDP). Además, no tienen derecho sobre las tierras o las propiedades. El 83% no tienen acceso a la educación y un 67% sufren discriminación en el reparto de las herencias. No obstante, en el país se han conseguido algunos logros legales, por ejemplo, está en proceso de aprobación una ley contra la violencia en el hogar y se han creado normativas que protegen a las mujeres trabajadoras contra el acoso sexual, el secuestro o la intimidación.

4. INDIA
100 millones de personas, en su mayoría mujeres y niñas, están involucradas en el tráfico de personas
india
El tráfico de personas y la esclavitud sexual son dos de los mayores problemas que azotan al país. 50 millones de niñas han desaparecido durante el último siglo, víctimas de infanticidio, según el Fondo de Población de Naciones Unidas. Mientras que una estimación presentada por el ex secretario de Interior de India, Madhukar Gupta, 100 millones de personas, en su mayoría mujeres y niñas, están involucradas en el tráfico de personas. Según la Oficina Central de Investigación de India, hay 3 millones de prostitutas en el país de las cuales el 40% son menores. Y un elevado porcentaje está sometido a trabajos y matrimonios forzados (al 44,5% de las niñas las obligan a casarse antes de los 18 años, de acuerdo con datos presentados por el ICRW).
El gran problema es la falta de transparencia del Gobierno y la débil persecución que se hace de este tipo de delitos. La mayoría de los crímenes no son penados, por lo tanto no son erradicados. Otro problema es la falta de acceso a la educación de las mujeres, según TrustLaw el 90% es la cifra estimada. En India la discriminación viene incluso antes del nacimiento de las mujeres, de hecho se producen unos 12 millones de abortos cuando el sexo es femenino, en la mayoría de los casos esta práctica se realiza para evitar los costes de los matrimonios y las dotes femeninas.
5. SOMALIA
9% de las mujeres dan a luz en condiciones óptimas
somalia
Somalia ocupa el último lugar en la lista, pero según palabras de la ministra para Desarrollo de las Mujeres y Bienestar Familiar del país, Maryan Qasim: “Si me preguntaran cual es el lugar más peligroso para ser mujer del mundo, yo diría, sin lugar a dudas, Somalia”.
Somalia es uno de los países más pobres, con mayor violencia y peor legislación en el mundo. Entre los múltiples problemas a los que se enfrentan las mujeres están el alto índice de mortalidad al dar a luz, las violaciones, los matrimonios infantiles forzados y la Mutilación Genital Femenina (MGF) a las que son sometidas todas las niñas entre 4 y 11 años en el país, según UNICEF el porcentaje es de 95% e incluso, está aumentando.
La ley desprotege totalmente a la mujer y la mayor amenaza a la que se enfrentan según Maryan Qasim, es a “quedarse embarazada, no la guerra”, ya que 1 de cada 14 mujeres mueren al dar a luz. La representación femenina en las instituciones gubernamentales es ínfima, sólo el 9,5% de las sillas del Parlamento están ocupadas por mujeres, según UNDP. El 100% no tiene acceso a la educación y el 86% no cuenta con una alimentación adecuada, según datos de TrustLaw.

James Salter : un inmenso escritor


Todo lo que hay

 


James Salter
Han pasado casi 35 años desde que se publicó la anterior novela de James Salter (Nueva York, 1925), En solitario. En ese tiempo, el autor ha escrito dos volúmenes de relatos y uno de poesía, un libro de memorias, una colección de ensayos de viaje, y, junto con su esposa, Kay Eldredge Salter, un libro sobre comida. No ha perdido el tiempo. Sin embargo, cada uno de esos libros y todos en conjunto, siendo excelentes, podrían llevar a uno a pensar que el autor está en el crepúsculo de su trayectoria, y que los grandes gestos y los mayores logros solo sin visibles por el retrovisor. ¿Y por qué no habría de ser así? Salter tiene 88 años y una sólida reputación de que no le queda nada por demostrar. Si existiese un monte Rushmore de los escritores, estaría allí. Aunque no hubiese publicado nada nuevo, nadie se lo habría recriminado.

Al parecer, Salter no está al tanto de nada de esto. Con la publicación de Todo lo que hay, una ambiciosa desviación de su trabajo anterior, ha tirado por tierra cualquier idea de ocaso de un solo golpe. Es más, su novela sitúa las últimas cuatro décadas bajo una luz completamente nueva, y no como epílogo, sino como obertura. Las historias brillantemente condensadas en las que la vida es iluminada por el destello de un flash; la memoria humana que exalta con generosidad, más que cualquier otra cosa, los rasgos de la existencia diaria; todo está aquí, subsumido y asimilado al servicio de una obra que consigue ser al mismo tiempo reconocible (solo Salter podría haberla escrito) y, aun así, de una originalidad sorprendente; una prueba vigorosa de que este león de la literatura sigue al acecho.

En el prólogo de sus memorias de 1997, Quemar los días, escribía: “Si por un instante se puede imaginar la vida como una gran casa con un cuarto para los niños, un salón y un comedor, dormitorios, un estudio, y así sucesivamente, todo desconocido y radiante, los capítulos que siguen son en cierto modo como mirar a través de las ventanas de la casa. Algunos de sus habitantes solo se atisban brevemente. Las visitas van y vienen. En algunas ventanas nos gustaría detenernos un poco más, pero, por desgracia, como ocurre con cualquier casa, no se puede ver todo lo que hay en su interior”. Esta acertada descripción de sus cautivadores recuerdos puede servir muy bien para introducir su novela.

En el pasado, la ficción de Salter se concentraba en lo específico con una intensidad casi feroz, revelando instantes de las vidas de sus personajes. Juego y distracción es la crónica del tiempo que dura una historia de amor. Pilotos de caza y Cassada están vinculadas a los periodos de servicio en el Ejército, y Años luz a la historia del deterioro de un matrimonio. Los alpinistas de En solitario luchan contra la gravedad y contra los caprichos de la edad. Detrás de todas esas historias suena el tictac de un reloj.

Dilatándose allí donde las narraciones anteriores eran de una concisión casi cruel, el argumento de Todo lo que hay devora el arco completo de la vida de un hombre, comenzando hacia finales de la Segunda Guerra Mundial, cuando Philip Bowman es un joven oficial de la marina en un barco que navega rumbo a Japón. A lo largo de los siguientes decenios asistimos a su matrimonio y a su divorcio y le vemos abrirse camino como editor en una editorial neoyorquina dedicada a la literatura. Llegan otras relaciones sentimentales, la más significativa de las cuales se coagula por una cruel traición a la que Bowman acaba correspondiendo con una maldad equiparable. Los amigos desaparecen; se forjan amistades nuevas; las casas se compran y se venden; mueren los parientes; y, uno por uno, los vínculos del amor y el cariño se debilitan y se disuelven.

En una de las últimas fugaces visiones de Bowman -ya es lo bastante mayor como para pensar seriamente en la muerte- está considerando regresar al Pacífico, que contempló por última vez desde la cubierta de un barco, “donde yacía la única parte audaz de su vida”. El reloj también suena en este libro, pero no se oye tanto, y a veces nada en absoluto.

Al lado de los pilotos y los alpinistas de otras novelas, Bowman parece insignificante; un solitario con una vida en minúsculas y una carrera acorde con ella: “En la cultura nacional, el poder de la novela se había debilitado. Ocurrió poco a poco. Era algo que todos sabían e ignoraban. Todo seguía exactamente igual que antes, esa era su belleza. La gloria se había desvanecido, pero nuevos rostros seguían apareciendo, deseosos de formar parte de ella, de publicar lo que retuviese una ligera idea de elegancia, como un par de bonitos zapatos lustrosos que perteneciesen a un hombre arruinado”. Como siempre, también aquí el autor, tan beligerante con lo obvio, descubre un resplandor incluso en las situaciones más melancólicas, aplicándoles el mismo rigor que usa para escrutar y rechazar cualquier noción simple y convencional del heroísmo o de una vida respetable.

Lo que salva a Bowman de la mediocridad, lo que otorga la gracia a este hombre por lo demás corriente, son su ilimitada capacidad de estar alerta y su forma de abrazarse a la memoria como un baluarte contra el olvido. Salter abre la novela con una nota que depara su propio epitafio: “Llega un tiempo en el que caes en la cuenta de que todo es un sueño, y solo lo que se ha preservado por escrito tiene alguna posibilidad de ser real”. En un determinado momento, Bowman insiste en que no es un escritor, pero, al igual que a su creador, poca cosa se le escapa: “La primera voz conocida, la de su madre, estaba allí donde no llega la memoria, pero podía rememorar la dicha de estar junto a ella siendo niño. Era capaz de recordar a sus primeros compañeros, los nombres de cada uno de ellos, las clases, los profesores, los detalles de su habitación en la casa; la vida inconmensurable; la vida que le había abierto sus puertas y que le había pertenecido”.

Con su habitual destreza para las escenas y los personajes cincelada con la economía de un cantero, Salter edifica el mundo de Bowman a partir de docenas de brillantes miniaturas y retratos a vuela pluma rebosantes de vida. Están las tropas en Tarawa, “masacradas por el fuego enemigo denso como un enjambre de abejas”, y el tío de Bowman, propietario de un restaurante en Nueva Jersey, que “había aprendido a tocar el piano por su cuenta y se sentaba feliz pegado al teclado con sus dedos rollizos, cubiertos de vello, ágiles sobre las teclas”. Está la selecta fiesta en Londres, digna de una ilustración de Hogarth, en la que una “mujer madura con la nariz tan larga como el dedo índice comía con avidez, y el hombre que la acompañaba se sonaba con la servilleta de lino, todo un caballero”. (En realidad, Salter, el artista, se parece más a Degas, con su contemplación glacial y su mirada sagaz y sensual). Y al tiempo que hay una generosa dosis de carnalidad, como cabría esperar del autor de Juego y distracción, el sexo es siempre poéticamente sobrio y en ningún caso risible, excepto cuando esa es la intención: “Hacían el amor de forma simple y directa. Ella miraba al techo, y él, a las sábanas”.

La vida diaria es quizá una de las cosas sobre las que es más difícil escribir; la actividad cotidiana, incluido el tedio absoluto, de la vida corriente. Ha habido autores -desde Flaubert a David Foster Wallace- que lo han intentado, y el hecho de que solo escritores de esa talla se hayan aventurado siquiera a hacerlo da la medida de su dificultad. Pero conseguirlo, lograr evocar la “calma asfixiante” de un amanecer de agosto justo antes de una tormenta o el vértigo desencadenado por la noticia de la muerte de la madre, dejar constancia indeleble de lo trivial y lo portentoso con el mismo afecto voraz, persuadiéndonos así de que tal vez nada los distinga al analizar el valor de una vida o adivinar su misterio, es una hazaña suprema y un mérito que corresponde a Salter.

sábado, 7 de diciembre de 2019

Parasitos Bong Joon-ho, : buen cine



La película cuenta la historia de una familia de cuatro miembros que se infiltra, a base de mentiras, como empleados domésticos de otra. Digamos que la película dirige nuestra atención e interés a cómo lo logran, a cómo mantienen esa farsa, antes de que todo estalle al final. Sin embargo, desde su propio título, ‘Parásitos’ juega con un doble sentido del término parasitario. La película comienza con un travelling en descenso que se repetirá también como último plano de la película. En él, vemos la venta a ras de calle de la casa subterránea en la que viven los protagonistas. Al empezar tienen dos problemas. El primero es el de eliminar la plaga de bichos que tienen en casa, por lo que el padre de familia decide dejar la ventana abierta para que entre el gas fumigador con ellos dentro. En el otro, vemos a los dos hijos buscando robarle el wifi a alguien. Ya sea un problema tecnológico o natural, nuestros protagonistas son parásitos, tanto en el sentido literal como figurado de la palabra. Pero el uso del término que da nombre al título del largometraje tiene un sentido mucho más complejo


Claro, ‘Parásitos’ es la historia de unos estafadores a los que la cosa les sale bastante mal. Pero, más allá de eso, es una furiosa crítica a la división de clases, más en aumento que nunca en el mundo actual, especialmente en países de capitalismo extremo como Corea del Sur. La película no solo nos recuerda que hay una gran parte de la población que, a la otra, le puede llegar a parecer una olorosa plaga invasora por fumigar, sino que se plantea quién es realmente ese parásito. Casi siempre, parece querer decir Bong Joon-ho, el 1% de privilegiados se sale habitualmente con la suya. No por nada, dependemos de sus migajas para continuar existiendo. Sin embargo, aunque muchas veces nos parezca justo lo contrario, no olvidemos que ese 1% depende del trabajo (la sangre por seguir con la metáfora) del otro 99%. Si hay parásitos en nuestra sociedad, son ellos. Y ninguna piedra de sabio o perfume nos cambiará el olor que lo demuestra. Al menos, como el protagonista en su carta final, podemos comenzar por soñar despiertos.

viernes, 6 de diciembre de 2019

Gianni Vattimo




“Espero morir antes de que reviente todo”

El último gran filósofo italiano vivo, recibe este martes en Madrid la medalla de Oro del Círculo de Bellas Artes




El filósofo Gianni Vattimo, el 20 de junio en su casa de la Via Po, en Turín.
El filósofo Gianni Vattimo, el 20 de junio en su casa de la Via Po, en Turín. MATTEO MONTALDO

Turín no es una ciudad cualquiera para el pensamiento. El 3 de enero de 1889, Friedrich Nietzsche cruzó la Plaza Carlo Alberto de Turín y se abalanzó sobre un caballo al que azotaba su cochero. El gesto del filósofo, conmovido por la despiadada violencia humana contra el animal, liquidó su carrera y le confinó en un psiquiátrico de Basilea seis días después. A pocos pasos de ahí, en la porticada Via Po, vive uno de sus más fructíferos herederos. Gianni Vattimo (Turín, 83 años), el último gran filósofo italiano, autor de la teoría del pensamiento débil y de gran parte del análisis de la posmodernidad, construyó sobre aquellas cenizas un complejo sistema de pensamiento capaz de dar sentido a la descomposición surgida en el periodo posterior a Heidegger, su otro gran referente. Hoy sus ideas siguen viajando por el mundo, pero él apenas sale de casa.
Vattimo está delicado. Tras perder a las dos parejas de su vida, vive solo en el centro de la ciudad con su gato y una asistenta que le echa una mano y le protege de todo lo que no le apetece hacer. Lúcido, irónico y algo seductor, su pensamiento mantiene el vigor en un tiempo donde la verdad es cada vez más frágil y la aceleración ha dado pie a un retroceso histórico. El martes recibirá en Madrid la medalla de Oro del Círculo de Bellas Artes y lo celebra ofreciendo vino mientras repasa las ideas que contiene su último libro. Ese es su legado. Porque Vattimo no deja herederos de ningún tipo ni reconoce a ningún filósofo relevante en el panorama actual. Su archivo ha terminado en Barcelona porque, asegura, en Italia nadie se lo pidió. No tiene ninguna intención de bajar a la calle a abrazar a un caballo. Pero advierte varias veces de que ya no le importa nada.
Pregunta. ¿Cómo se encuentra?
Respuesta. Hoy estoy moderadamente mal. Tengo una forma de Parkinson ligero que no se ve tanto… mire [muestra la mano]. Pero estoy un poco débil, me canso fácilmente. Por el resto, los psiquiatras dicen que estoy lúcido. Así que amén.
P. ¿Sigue viajando?
R. Me muevo muy poco, camino con dificultad y voy acompañado. No es el plan ideal, pero soy viejo y eso es fundamentalmente un problema. Con 50 años menos, todo iría mejor.


Espero moderadamente. Morir me sabe mal por el gato y por algún amigo

P. Heidegger trató mucho el tema de la muerte. Usted, ¿qué relación mantiene con ella?
R. Bueno, yo creo que él hablaba de ello pensando en no morir… Todo su discurso se resume en la idea de que debemos asumir responsablemente nuestro lugar en la historia. Es como decir: "Si pienso que debo morir, tengo que asumir mi posición". Nunca fue un teólogo de la muerte, más bien lo contrario. Y yo vivo en esa perspectiva. Pero si me da a elegir ahora preferiría morirme: sería una forma de cerrar esto. No tengo miedo del más allá, sino del morir [hace un gesto como simulando una parálisis]. Me siento muy naturalizado, soy alguien que en cierto momento cesa.
P. ¿La idea de morir le permite pensar en encontrarse con compañeros de vida como sus dos parejas?



R. Lo espero moderadamente. Morir me sabe mal por el gato y por algún amigo. Pero no tengo una gran imagen de la muerte. A veces escribo en las necrológicas de mis amigos: "En la débil esperanza de un nuevo tiempo...". Pero, vete a saber, lo que me parece más creíble es que permanezcan las obras leídas. Encontraré a Kant... Y espero no acabar en el infierno. Eso sí sería un problema: imagine a un padre eterno divirtiéndose al verme arder en las llamas.
P. ¿Está escribiendo algo?
R. No mucho. Fundamentalmente, estoy intentando repensar y utilizar los escritos más breves del libro que salió el año pasado, con un título tan poco ilustrativo como Ser y alrededores.
P. ¿Qué se propuso hacer?
R. Recorrer mis pensamientos de los últimos 15 años. Es un esfuerzo para no tirar a la basura a Heidegger. Siempre me he ocupado de él y de Nietzsche. Soy un poco monótono, pero me parecía interesante ver el mundo desde ese punto de vista. Y en ese libro hay tres núcleos conceptuales. El primero, filosófico: la verdad es un tejido de interpretaciones y no una suma de datos. Es decir, ¿es lo que vemos, u otra cosa? Y ahí es esencial el lenguaje, un tejido de proposiciones y creencias colectivas que tienen su estructura conjunta.




Gianni Vattimo, durante la entrevista en su casa de Turín.
Gianni Vattimo, durante la entrevista en su casa de Turín. MATTEO MONTALDO


P. Como las fake news.
R. Sí. El problema de las fake news es que estamos de verdad dentro de ese tejido y no podemos salir fuera para ver cómo están las cosas. Así que tenemos necesidad de criterios internos y de verificación, que no tienen que ver con los hechos, sino con cómo estructurar el lenguaje de manera que no nos permita decir demasiadas mentiras.
P. ¿El segundo núcleo?
R. Era religioso. Volviendo a Heidegger, llegué a la convicción de que la única manera de leerlo útilmente es como un pensador cristiano, aunque no sea algo muy compartido. Yo lo veo como un intérprete de Occidente que se inspira en el cristianismo como hilo conductor. El capitalismo occidental es una producción cristiana. La tesis de Weber... Pero bueno, cuando uno se hace viejo, se vuelve religioso.


Estamos dentro del tejido de las fake news y no podemos salir fuera para saber cómo son las cosas

P. Hace poco más de un año, el Papa le llamó después de haberle mandado este libro. ¿Ha vuelto a hablar con él?
R. No, se ve que no quedó tan impresionado [sonríe]. Pero me doy cuenta de que mi visión del cristianismo está muy ligada a mi sentimiento de pertenencia a este momento. Y no sé cómo acabará, la verdad, porque puede desmoronarse todo. Y como yo creo más en la Iglesia que en Dios, cuando dudo de la Iglesia es peor. Veremos cómo acaba con todos estos problemas como el celibato o las mujeres…
P. ¿Usted qué haría?
R. Abolirlo ya. Y despojar de supersticiones a la Iglesia. El problema no es si han sucedido milagros o no. El problema es que haya una autoridad que pretenda decirnos si son verdad. ¿A quién le importa? Pero es difícil pensar en una historia de la iglesia sin la autoridad dogmática. Los cristianos cuando rezan piensan todavía que hablan con la Virgen. Un físico amigo mío propone hacer una expedición interplanetaria para comprobar a qué lugar del cielo ha ido a parar en cuerpo María Santísima Asunta hace dos mil años. Ese es el residuo realístico que no le ha importado a nadie. Peor todavía, sobre eso se funda la autoridad papal.


La Iglesia debe abolir el celibato

P. Usted habló abiertamente de su homosexualidad en un momento muy distinto del actual. ¿Cómo lo conjugó con su catolicismo?
R. Fue muy importante personalmente. Un amigo mío dice ahora que no soy ni homo ni hetero, sino viejosexual. Bonita broma, ¿no? Pero digamos la verdad: ya no me importa nada. Estoy convencido de que esta cuestión ha sido decisiva para mi formación, pero no sé hasta qué punto pudo ser un equívoco. Un problema juvenil, como la política, que ahora me parece más decisiva. Hoy ser comunista o no es más importante que ser gay, que no significa casi nada.
P. ¿A qué se refiere?


Hoy ser comunista significa más que ser gay

R. Si me defino comunista es porque tengo algunos ideales de sociedad. Si me defino gay… bah… es solo porque me gustan más ciertos objetos sexuales que otros.
P. La sexualidad, sin embargo, ha sido un elemento político fortísimo en la segunda mitad del siglo XX.
R. Sí. Pero cada vez menos. Lo es de una forma comercial, gran parte de los negocios del mundo están ligados a estos temas. Es como la alimentación. Si a uno le gusta más el pescado que la carne es importante, porque se vende más pescado, y los que comercian con ello ganan más dinero que el carnicero: esa es la política. Ahora me pregunto si haber sido gay y haber luchado no habrá sido un error, como el de quien se toma demasiado en serio el fútbol. No sé si todo de lo que me ocupo no son velos que poco a poco irán cayendo. Pero bueno, de aquí a un cierto punto yo ya me despertaré muerto.


Hoy la lengua común del proletariado es el español

P. Se le ve bien aún.
R. No se preocupe, despertarse muerto sería la solución final de todos los problemas. Pero es casi imposible. Hablemos del premio del Círculo de Bellas Artes, porque yo no me lo merezco, no he sido un buen artista, solo un filósofo. He tenido mucho que ver con ellos siempre que he ido a Madrid, pero debo decir que con el mundo español he tenido siempre relaciones privilegiadas. Algunos me decían: “La filosofía española está muy atrasada y por eso te toman en serio”. Para menospreciarme.
P. Su éxito fue casi mayor en Latinoamérica que en Italia.
R. Sí, estuve muy ligado a la idea de que de allá venía todo lo nuevo. Que el Papa venga de esa parte del mundo, por ejemplo, no me parece una casualidad. Hoy la lengua común del proletariado es el español. De ahí viene la eventual posibilidad de una novedad.
P. ¿Y en qué país se ha convertido Italia?
R. Italia, desgraciadamente, es como la Unión Europea: ni carne, ni pescado. Hay un movimiento que va fundamentalmente a la integración tecnológica y económica. Pelean Di Maio y Salvini, pero mandan los técnicos. Heidegger ya lo pronosticó. Pero ni siquiera eso es garantía de que el mundo no se derrumbe. Lo único que espero es morir antes de que reviente todo.
P. ¿Qué piensa de Salvini?


Los nacionalismos son una reacción de rechazo al futuro

R. Es peligroso. No es que me resulte antipático, pero creo que es un protofascista. El nuevo fascismo es esto. No tienen soluciones, su única propuesta nacional es exterminar al Tercer Mundo. Lo único que propone es que haya menos inmigrantes. ¿Quién demonios puede tomar el salvinisimo como una solución para ir hacia adelante? Él solo sabe cosas particulares. Estamos ante una visión apocalíptica del presente.
P. ¿Dónde está la izquierda donde usted militó?
R. No está. La política es el tercer núcleo de mi libro. Es algo absolutamente silencioso. Yo solo imagino núcleos de resistencia, como aquellos monasterios medievales que copiaban manuscritos. Yo me siento anárquico. Comparto plenamente cuando el Papa dice eso de "Hagan lío". La única forma de resistencia política es incomodando al mecanismo de producción de nuestro mundo industrial.


Salvini es peligroso, es un protofascista

P. ¿Hay alguna revolución posible?
R. El final de la Unión Soviética es el final de cualquier esperanza de revolución. Si había algo concreto para ver era el comunismo. Pero eso ya no existe como nodo importante, y ya no es creíble. Marx y Dios han muerto. Por eso América Latina me parece tan importante, es el único nodo de resistencia concreta. Pero cada día cae un pedazo.
P. Después de una época de aceleración incontrolable que usted colocó bajo el paraguas de la posmodernidad, da la sensación de que volvemos hacia atrás.
R. Sí, los nacionalismos son una reacción de rechazo al futuro. También tienen su justificación económica, como cuando Francia rechaza ahora la fusión de Renault con Fiat. Pero el clima general es fundamentalmente el del miedo a un mundo que no conocemos, un miedo que nos hace retroceder y parapetarnos en casa. Son posiciones reaccionarias, antimodernas, antiprogresistas.
P. ¿Algún filósofo ha explicado de forma lúcida este momento?
R. ¿Me pregunta por Zizek? Bah, no. Tampoco él. Se aventura en hablar de estas cosas... Pero no, yo no tengo ningún filósofo de referencia. Solo me queda Heidegger, y está ya casi para tirarlo. “Solo un Dios nos puede salvar”. Así se tituló la última entrevista que dio a Der Spiegel.