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sábado, 30 de junio de 2018

Protágoras : respecto a los dioses

Respecto a los dioses no tengo modo de saber si existen o no, ni cual es su forma.
Me lo impiden muchas cosas, la oscuridad de la cuestión y la brevedad de la vida humana

jueves, 28 de junio de 2018

El arte de escuchar y atender en la medicina

El arte de escuchar y atender no se enseña en la universidad, apenas se practica en la residencia y por supuesto no existe para los modelos de incentivación y acreditación existentes. No es un arte fácil: citando a la poeta escocesa Kathlee Jamie , Heath lo asimila al arte de observar pájaros: “esto es lo que quiero aprender: prestar atención, pero no analizar. Calmar a esa parte de mi cerebro que está vociferando por dios, ¿Qué es esto?”. Es decir“no hacer nada, simplemente estar abierto al paciente, prestarle atención, no empezar a diagnosticar demasiado pronto. “ Por desgracia algo propio de otra época, en la que la necesidad de introducir rápidamente al paciente en el corral de la estratificación de crónicos adecuada aún no existía..
Si escuchar es un arte del pasado para el que no hay tiempo, para la reflexiónni tan siquiera hay espacio. La perversión de la Medicina basada en pruebas , y sus múltiples protocolos, guías y algoritmos  han conseguido que no necesitemos pensar, porque aparentemente alguien ya hizo ese trabajo por nosotros. Pero si  el pensamiento es "el diálogo del alma consigo misma" (como decía Platón), necesitamos parar para pensar: para reflexionar sobre si el paciente necesita realmente la etiqueta del diagnóstico ( como nos fuerzan a hacer cualquiera de los modelos de organización vigentes), si esa etiqueta supondrá una ayuda real,  sobre que clase de cuidado necesitarán , en que intensidad, en que momento y en que lugar.
Esperar y ver  es (como escribía el poeta neozelandés Glen Colquhoun) el método más sofisticado de diagnóstico para la Dra Heath. Pero se precisa mucho coraje para ir contracorriente, en una sociedad en que exige soluciones inmediatas. Como exige  coraje simplemente estar presente ante el paciente, dar fe, ser testigo, acompañar, consolar, … todas ellas actitudes que no figuran en ningún sistema de semáforos que se encienden según vamos tecleando en el ordenador. Heath cita a uno de sus poetas favoritos , el polaco Zbigniew Herbert, quien escribió:
“Nuestra propia libertad y en gran medida nuestra realidad depende de la exactitud con la que somos capaces de percibir el sufrimiento a nuestro alrededor, soportar ser testigo de ello, y ser capaces de revolverse contra todo ello”. Porque la abogacía por los que sufren y son oprimidos, engañados, humillados , forma parte también de las obligaciones del médico de familia, aunque no figuren en ningún contrato programa.
Lo que el antropólogo americano Arthur Kleinman definía como “empathic witnessing”: "el compromiso existencial para estar con la persona enferma y facilitarle la construcción de una narrativa de su enfermedad, que le permita dar sentido y valor a su experiencia. Lo que constituye el núcleo moral del hecho de ser médico y de la experiencia de la enfermedad

lunes, 25 de junio de 2018

Tejido mexicano


Chimpances : 99 % de sus genes son idénticos a los nuestros

El genoma del chimpancé  puede compararse con el nuestro de forma literal en un 96% de su extensión.  el 99% de sus genes son idénticos a los nuestros. Dicho de otra forma, de los 3.000 millones de pares de bases de forman nuestros genes, 2.970 millones son idénticas en el chimpancé, y únicamente 30 millones de pares de bases han sufrido cambios desde que nuestros dos linajes se separaron, hace ahora unos 6 millones de años. Estamos hablando de que chimpancés y humanos únicamente se diferencian en unos 200 – 300genes.1-stockvault-orangutan151168

domingo, 24 de junio de 2018

Jane Goodall . What separates us from chimpanzees?


Eivissa . Junio 2018





Heart Ibiza 





Sugar Man : Sixto Rodriguez


Un NO a los representantes de la industria farmaceutica


El objetivo legítimo del representante farmacéutico, en las sociedades capitalistas ,es aumentar los beneficios y esta es su motivación en la interacción médico-reptresentante
Las compañías farmacéuticas tienen derecho a anunciar su producto y saben que la utilización de esta cara vía publicitaria persona a persona obtiene resultados. Esto justifica la utilización de representantes, normalmente, agradables, bien formados y que pasan largas horas viajando solo para ver a un puñado de médicos cada día.
La firma de este compromiso no implica que usted piense que esta práctica de las empresas farmacéuticas realizada por los representantes, no es ética o es inmoral. Nosotros no estamos pidiendo algún tipo de prohibición, ni siquiera exigir a las empresas farmacéuticas que reduzcan el número de representantes: mientras todas las compañías tengan representantes, esto es poco probable que ocurra. Lo que nos preocupa es el papel del médico y a ellos apelamos para que reduzcan (a cero, si es posible) su interacción con los representantes de todas las compañías. Esto no pretende en modo alguno ser un insulto a los representantes que después de todo no hace sino cumplir con lo que se les pide.
El papel del médico contrasta marcadamente con el papel del representante. El trabajo del médico es proporcionar el tratamiento más apropiado para su paciente. Éticamente, el médico debe tomar todas las medidas razonables para asegurarse de que su decisión en relación con la prescripción de medicamentos se basa en las mejores pruebas científicas existentes. El médico, por lo general e idealmente, no tiene ninguna ganancia o pérdida con esta decisión pero está dirigiendo el dinero del paciente y de los contribuyentes hacia la compra de unos medicamentos en particular. Dada la fuerza de la evidencia que muestra que los representantes influyen en la prescripción del médico, es más seguro y más ético que un médico no los atienda. Toda la información y pruebas que el representante ofrece está disponible en otros lugares y, por lo general, a partir de fuentes con intereses menos personales en el aumento de las ventas.
Que el representante llame a la puerta no significa que haya que atenderlo. Sugerimos un educado 'No hay publicidad, por favor. "
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"Creo que,dada la amplia disponibilidad de información de medicamentos independiente disponible, no necesito material promocional procedente de los representantes de ventas de las compañías farmacéuticas. La función principal de los representantes es el marketing: convencer a los médicos para que prescriban los medicamentos de su empresa. Esto entra en conflicto con mi función como médico que es proporcionar el mejor tratamiento según las mejores pruebas científicas y el asesoramiento independiente a mis pacientes. Por tanto, me adhiero al compromiso de "No adversiting please" y no atenderé representantes durante un año"

miércoles, 13 de junio de 2018

Escandinavia : la importancia de la humildad

Ley de Jante

La Ley de Jante (danésJantelovensuecoJantelagen) es una ley ficticia creada por el autor danés/noruego Aksel Sandemose en su novela En flygtning krydser sit spor(Un refugiado sobre sus límites) (1933), en la que retrataba su ciudad natal a principios del siglo XX.
Aunque en realidad existen 10 normas diferentes en la ley de Jante, se habla de ella en general como si se tratara de una sola cosa. La palabra danesa loven significa 'la ley'. Las normas son las siguientes:
  1. No debes pensar que el  es especial.
  2. No debes pensar que el  es tan bueno como el nosotros.
  3. No debes pensar que el  es más listo que el nosotros.
  4. No debes pensar que el  es mejor que el nosotros.
  5. No debes pensar que el  sabe más que el nosotros.
  6. No debes pensar que el  es más importante que el nosotros.
  7. No debes pensar que eres bueno en nada.
  8. No te rías de nosotros.
  9. No debes pensar que los demás se preocupan por tí.
  10. No debes pensar que  puedes enseñar algo a nosotros.
Una undécima norma fue añadida más tarde por Sandemose:
11. ¿Crees que existe algo que no sepan los demás sobre ti?
Esta ley impregnó las culturas danesa, noruega, sueca y finesa, países en los que se desaprueba que una persona se considere mejor o más inteligente que las demás.
A los que violan esta norma no escrita se les mira con cierta hostilidad y se considera que van en contra del deseo danés de conseguir una igualdad social y su énfasis en conseguir una justicia total. Mostrar humildad es muy importante.
Este fenómeno no es exclusivo de Escandinavia y se puede encontrar en otras partes del mundo. Algo similar ocurre entre los habitantes de la zona noreste de Inglaterra, especialmente en Yorkshire donde se ejemplariza con frases como «¿Quién se ha creído que es?». Esta es una de las zonas de Gran Bretaña donde los vikingosprocedentes de Dinamarca establecieron asentamientos en el siglo VIII y es posible que aún permanezcan algunos puntos culturales comun

sábado, 9 de junio de 2018

Oliver Sacks : al cumplir los 80

No pienso en la vejez como en una época cada vez más penosa que tenemos que soportar de la mejor manera posible, sino en una época de ocio y libertad, liberados de las urgencias artificiosas de días pasados

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Anoche soñé con el mercurio: enormes y relucientes glóbulos de azogue que subían y bajaban. El mercurio es el elemento número 80, y mi sueño fue un recordatorio de que muy pronto los años que iba a cumplir también serían 80. Desde que era un niño, cuando conocí los números atómicos, para mí los elementos de la tabla periódica y los cumpleaños han estado entrelazados. A los 11 años podía decir: “soy sodio” (elemento 11), y cuando tuve 79 años, fui oro. Hace unos años, cuando le di a un amigo una botella de mercurio por su 80º cumpleaños (una botella especial que no podía tener fugas ni romperse) me miró de una forma peculiar, pero más adelante me envió una carta encantadora en la que bromeaba: “tomo un poquito todas las mañanas, por salud”.
¡80 años! Casi no me lo creo. Muchas veces tengo la sensación de que la vida está a punto de empezar, para en seguida darme cuenta de que casi ha terminado. Mi madre era la decimosexta de 18 niños; yo fui el más joven de sus cuatro hijos, y casi el más joven del vasto número de primos de su lado de su familia. Siempre fui el más joven de mi clase en el instituto. He mantenido esta sensación de ser siempre el más joven, aunque ahora mismo ya soy prácticamente la persona más vieja que conozco.
A los 41 años pensé que me moriría: tuve una mala caída y me rompí una pierna haciendo a solas montañismo. Me entablillé la pierna lo mejor que pude y empecé a descender la montaña torpemente, ayudándome solo de los brazos. En las largas horas que siguieron me asaltaron los recuerdos, tanto los buenos como los malos. La mayoría surgían de la gratitud: gratitud por lo que me habían dado otros, y también gratitud por haber sido capaz de devolver algo (el año anterior se había publicado Despertares).
A los 80 años, con un puñado de problemas médicos y quirúrgicos, aunque ninguno de ellos vaya a incapacitarme. Me siento contento de estar vivo: “¡Me alegro de no estar muerto!”. Es una frase que se me escapa cuando hace un día perfecto. (Esto lo cuento como contraste a una anécdota que me contó un amigo. Paseando por París con Samuel Beckett durante una perfecta mañana de primavera, le dijo: “¿Un día como este no hace que le alegre estar vivo?”. A lo que Beckett respondió: “Yo no diría tanto”). Me siento agradecido por haber experimentado muchas cosas –algunas maravillosas, otras horribles— y por haber sido capaz de escribir una docena de libros, por haber recibido innumerables cartas de amigos, colegas, y lectores, y por disfrutar de mantener lo que Nathaniel Hawthorne llamaba “relaciones con el mundo”.
Siento haber perdido (y seguir perdiendo) tanto tiempo; siento ser tan angustiosamente tímido a los 80 como lo era a los 20; siento no hablar más idiomas que mi lengua materna, y no haber viajado ni haber experimentado otras culturas más ampliamente.
Siento que debería estar intentado completar mi vida, signifique lo que signifique eso de “completar una vida”. Algunos de mis pacientes, con 90 o 100 años, entonan el nunc dimittis —“He tenido una vida plena, y ahora estoy listo para irme”—. Para algunos de ellos, esto significa irse al cielo, y siempre es el cielo y no el infierno, aunque tanto a Samuel Johnson como a Boswell les estremecía la idea de ir al infierno, y se enfurecían con Hume, que no creía en tales cosas. Yo no tengo ninguna fe en (ni deseo de) una existencia posmortem, más allá de la que tendré en los recuerdos de mis amigos, y en la esperanza de que algunos de mis libros sigan “hablando” con la gente después de mi muerte.

Las reacciones se han vuelto más lentas pero, con todo, uno se encuentra lleno de vida
El poeta W. H. Auden decía a menudo que pensaba vivir hasta los 80 y luego “marcharse con viento fresco” (vivió solo hasta los 67). Aunque han pasado 49 años desde su muerte yo sueño a menudo con él, de la misma manera que sueño con Luria, y con mis padres y con antiguos pacientes. Todos se fueron hace ya mucho tiempo, pero los quise y fueron importantes en mi vida.
A los 80 se cierne sobre uno el espectro de la demencia o del infarto. Un tercio de mis contemporáneos están muertos, y muchos más se ven atrapados en existencias trágicas y mínimas, con graves dolencias físicas o mentales. A los 80 las marcas de la decadencia son más que aparentes. Las reacciones se han vuelto más lentas, los nombres se te escapan con más frecuencia y hay que administrar las energías pero, con todo, uno se encuentra muchas veces pletórico y lleno de vida, y nada “viejo”. Tal vez, con suerte, llegue, más o menos intacto, a cumplir algunos años más, y se me conceda la libertad de amar y de trabajar, las dos cosas más importantes de la vida, como insistía Freud.
Cuando me llegue la hora, espero poder morir en plena acción, como Francis Crick. Cuando le dijeron, a los 85 años, que tenía un cáncer mortal, hizo una breve pausa, miró al techo, y pronunció: “Todo lo que tiene un principio tiene que tener un final”, y procedió a seguir pensando en lo que le tenía ocupado antes. Cuando murió, a los 88, seguía completamente entregado a su trabajo más creativo.
Mi padre, que vivió hasta los 94, dijo muchas veces que sus 80 años habían sido una de las décadas en las que más había disfrutado en su vida. Sentía, como estoy empezando a sentir yo ahora, no un encogimiento, sino una ampliación de la vida y de la perspectiva mental. Uno tiene una larga experiencia de la vida, y no solo de la propia, sino también de la de los demás. Hemos visto triunfos y tragedias, ascensos y declives, revoluciones y guerras, grandes logros y también profundas ambigüedades. Hemos visto el surgimiento de grandes teorías, para luego ver cómo los hechos obstinados las derribaban. Uno es más consciente de que todo es pasajero, y también, posiblemente, más consciente de la belleza. A los 80 años uno puede tener una mirada amplia, y una sensación vívida, vivida, de la historia que no era posible tener con menos edad. Yo soy capaz de imaginar, de sentir en los huesos, lo que supone un siglo, cosa que no podía hacer cuando tenía 40 años, o 60. No pienso en la vejez como en una época cada vez más penosa que tenemos que soportar de la mejor manera posible, sino en una época de ocio y libertad, liberados de las urgencias artificiosas de días pasados, libres para explorar lo que deseemos, y para unir los pensamientos y las emociones de toda una vida. Tengo ganas de tener 80 años.

Cuando me llegue la hora, espero poder morir en plena acción, como Francis Crick
Oliver Sacks es neurólogo y escritor. Entre sus obras destacan Los ojos de la mente,Despertares y El hombre que confundió a su mujer con un sombrero. Su último libro,Alucinaciones, lo publicará próximamente Anagrama.
© Oliver Sacks, 2013
Traducción de Eva Cruz.

viernes, 1 de junio de 2018

Alberto Manguel y las librerias

Las grandes librerías del mundo son librerías pequeñas. En cada país, en cada ciudad tengo algunas librerías favoritas a las que siempre vuelvo. En Madrid, la Librería Antonio Machado; pero me gustan también mucho las librerías de libros de segunda mano, hay una en la calle del Prado, otra cerca de la plaza de la Ópera. Me importa siempre esa relación con el librero. Y hay una distinción importante. Las librerías de libros nuevos frente a las de libros usados. Yo prefiero las librerías de libros usados, me gustan los libros con biografía, me gusta descubrir a viejos amigos y encontrar obras relacionadas con los libros que ya conocía. Obviamente, entre los libros nuevos siempre hay cosas que a uno le sorprenden, sobre todo en el área del ensayo, el ensayo literario ha encontrado un auge en este tiempo y me encantan esos ensayos inauditos, sobre la historia del cabello o libros sobre los transportes públicos, cosas así, inesperadas. Es cierto que en muchos lugares las librerías han desaparecido. Nueva York, que era una ciudad de librerías, ha sufrido una auténtica extinción; pero hay unas pocas librerías que sobreviven, como reliquias de un tiempo que ha pasado. Eso afecta a la vida intelectual de una ciudad, afecta a la conversación, cambia la manera en la que uno piensa. En Madrid, en Buenos Aires o en París ves a gente con un libro en la mano. En Nueva York, la gente siempre tiene un iPhone en la mano y eso me perturba. No es que las lecturas virtuales me parezcan nefastas, sino que es otra cosa. El equivalente de este desierto intelectual en el mundo del transporte sería la ciudad de Los Ángeles, donde uno no camina, sino que va a todas partes con el coche: una ciudad donde no se camina es una ciudad de fantasmas.