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domingo, 30 de septiembre de 2018

Honrando a mis antepasados . Bella Ciao ( canción de los partisanos )

Versión original
Alla mattina appena alzata
O bella ciao bella ciao bella ciao, ciao, ciao
Alla mattina appena alzata
In risaia mi tocca andar
E fra gli insetti e le zanzare
O bella ciao bella ciao bella ciao ciao ciao
E fra gli insetti e le zanzare
Un dur lavoro mi tocca far
O mamma mia o che tormento
O bella ciao bella ciao bella ciao ciao ciao
O mamma mia o che tormento
Io t'invoco ogni doman
Il capo in piedi col suo bastone
O bella ciao bella ciao bella ciao ciao ciao
Il capo in piedi col suo bastone
E noi curve a lavorar
Ed ogni ora da qui passiamo
O bella ciao bella ciao bella ciao ciao ciao
Ed ogni ora da qui passiamo
Noi perdiam la gioventu
Ma verrà un giorno che tutte quante
O bella ciao bella ciao bella ciao ciao ciao
Ma verrà un giorno che tutte quante
Lavoreremo in libertà.
Traducción
Por la mañana, apenas levantada
O bella ciao bella ciao bella ciao, ciao, ciao (Oh, bella, adiós)
Por la mañana, apenas levantada
A los arrozales he de ir
Y entre los insectos y los mosquitos
O bella ciao bella ciao bella ciao ciao ciao
Y entre los insectos y los mosquitos
Un duro trabajo he de hacer
Oh madre mía, oh qué tormento
O bella ciao bella ciao bella ciao ciao ciao
Oh madre mía, oh qué tormento
Yo te invoco cada día
El jefe erguido con su bastón
O bella ciao bella ciao bella ciao ciao ciao
El jefe erguido con su bastón
Y nosotras inclinadas para faenar
Y cada hora que aquí pasamos
O bella ciao bella ciao bella ciao ciao ciao
Y cada hora que aquí pasamos
Perdemos la juventud
Pero vendrá un día en que todas nosotras
O bella ciao bella ciao bella ciao ciao ciao
Pero vendrá un día en que todos nosotros
Trabajaremos en libertad.

Joachim Patinir


El Roto : Comercio justo

El Roto

El provinciano global

Este sería un buen retrato del provinciano global: aquel que aspira a hablar un solo idioma, lo más utilitario posible, sin importarle la destrucción de los mundos que habitan en los otros idiomas; aquel que se mueve continuamente de aquí para allá, obseso coleccionista de imágenes, al tiempo que es incapaz de fijar la mirada, y no digamos el pensamiento, en paisaje alguno; aquel que está permanentemente informado con aludes de noticias y mensajes que sepultan su capacidad de comprensión. Es posible que un individuo de tal naturaleza se considere a sí mismo un cosmopolita. Pero vive en una pequeña aldea que ha confundido con el mundo.
Rafael Argullol es escritor.

sábado, 29 de septiembre de 2018

A well read woman

Resultado de imagen de gabriela picco brunetto

Las voces de los cooperantes :Blog de Herrscher :

imagen descriptiva
Bru Rovira es probablemente el secreto mejor guardado del periodismo literario en español. Tal vez porque crea desde los márgenes, especialmente sobre África y Latinoamérica, pero también de las calles del llamado “cuarto mundo”, el de los pobres de Europa. Y porque no ha entrado en los mecanismos de promoción y fama de los grandes grupos editoriales.
Casi toda su carrera ha escrito en medios catalanes (muchos años en el Magazine de La Vanguardia, donde publicó una serie sobre el Congo con el que ganó el Premio Ortega y Gasset en 2004) y ahora publica en nuevos medios como el diario Ara, y revistas digitales, como Altaïr.
Sus libros no persiguen a grandes personajes televisivos, sino a los anónimos sufrientes de los dramas del presente. Desde niños heridos por la guerra hasta víctimas de violación en África, pueblos indígenas en Guatemala, ancianos solos en Barcelona (su reportaje Más solos que la una, en el Magazine, es ya un clásico de la empatía), hasta los perdedores de la bonanza económica de principios de siglo (Solo pido un poco de belleza, el estremecedor mundo de un grupo de ancianos en busca de dignidad en el Raval barcelonés).
Esta vez la editorial de la exquisita librería de viajes y revista Altaïrpublica los relatos en primera persona de 17 cooperantes de la prestigiosa ONG Médicos sin Fronteras con los que Rovira se ha ido encontrando en guerras, hambrunas, crisis ambientales y dramas de refugiados. Los testimonios, que recorren dos décadas y cuatro continentes, muestran tres caras del sufrimiento y la esperanza.
En primer lugar, las víctimas: los voluntarios están en primera línea, al pie de las historias de injusticias, muertes y torturas que afectan a los perdedores del mundo. En Kosovo, en Afganistán, en Angola, en Yemen, en Haití y ahora en las aguas del Mediterráneo, a través de los ojos de estos jóvenes españoles, que son nuestros ojos, vemos y escuchamos el drama de los más vulnerables de entre las víctimas de conflictos y accidentes naturales.  
Como por ejemplo, el relato de Carlos Ugarte sobre lo que encontró en su regreso a Kosovo tras los peores combates: “Las calles estaban desiertas aunque por alguna razón te sentías permanentemente observado. Edificios destruidos, casas quemadas. Nos dirigimos al hospital y nada más entrar escuchamos un grito desgarrador. Estaban operando a un hombre sin anestesia. En la primera planta todo permanecía a oscuras, afuera llovía. La tensión se cortaba con cuchillo. En la enfermería encontramos a dos enfermeras abrazadas llorando. Una era serbia, la otra kosovar”.
Pero además de mostrarnos el mundo de los sufrientes, estos testimonios son autorretratos de los generosos cooperantes. Funcionan, tal como los libros de la bielorrusa Svetlana Alexiévich, como monólogos en los que el personaje se va internando desde el recuento de hechos en su forma de haberlos vivido y recordarlos, su  emoción y sus sueños y temores. Como Pilar Bauza, quien fue secuestrada junto con su compañera Mercedes en Somalia: “Las noches eran muy frías, tanto que la mandíbula se me disparaba. La primera noche, uno de ellos, al ver cómo me repiqueteaban los dientes, se quitó el turbante que llevaba y me lo dio para que me tapara. Mercedes y yo dormíamos juntas, bien apretadas. Aunque yo no conseguí dormir nunca. Inclus8o después del secuestro, tardé dos semanas en poder dormir”.
Y la tercera parte de la historia, la otra mirada, es la del mismo periodista. Rovira presenta, entrevista, trata de comprender a estos profesionales y técnicos que dedican su juventud a ayudar a los demás, lejos de casa, lejos de las comodidades, con el celo de un misionero y la santa vergüenza de los europeos que intentan, en la pequeña medida de sus posibilidades, revertir el mal que los poderosos de su mundo causan en el castigado sur del planeta.
Se ha comparado a Rovira con el gran cronista de África en el siglo XX, el polaco Ryszard Kapuscinski. Sin embargo, en este libro su método y su estilo se acercan más a los de Alexiévich.
El ‘yo’ de Bru Rovira es más una mirada que un actor, poco afecto a hablar de sí mismo, apostado en los mismos lugares que sus personajes pero viéndose a sí mismo como un testigo de la valentía y la claridad de análisis de los otros. Sin embargo, al final de El mapa del mundo de nuestras vidas, es su mirada la que nos lleva a entender el valor del trabajo de estos cooperantes y a preocuparnos por los “otros” del mundo.  

El mapa del mundo de nuestras vidas. Bru Rovira. Altaïr. 

domingo, 23 de septiembre de 2018

Libertad es responsabilidad

En griego clásico, libertad es sinónimo de responsabilidad. La libertad es el coraje de renunciar: si eliges algo, renuncias a algo.

viernes, 21 de septiembre de 2018

El libro afirma la libertad ; Sergio Pitol

  1. Uno es los libros que ha leído, la pintura que ha visto, la música escuchada y olvidada, las calles recorridas. Uno es su niñez, su familia, unos cuantos amigos, algunos amores. Uno es una suma mermada por infinitas restas.  Sergio Pitol 






Valeria Luiselli, de 34 años, aprovechó el fallecimiento para recordar a la extinta triada de cronistas que parodiaron las contradicciones de la sociedad mexicana: José Emilio Pacheco, Carlos Monsiváis y el propio Pitol. “Ya andan de pachanga (fiesta) otra vez. Gracias por iluminar partes oscuras de nuestras almas, por hacernos reír de nosotros mismos y por recordarnos siempre que la libertad de pensamiento no es canjeable por nada”

Bella Ciao . Gregovic


miércoles, 19 de septiembre de 2018

El buen clinico ( del Blog El gerente demediado)

El buen clínico

En la leyenda del Royal College of General Practitioner británico se resume la esencia del buen  trabajo de un médico clínico ( “doctoring”) en sólo dos ideas : “loving care with expert knowledge”. O en latín “ Cum scientia caritas”.No siempre es fácil traducir de otra lengua conceptos que se intuyen pero cuya traslación no surge inmediatamente de nuestra memoria: uno entiende rápidamente lo que esconde un término como doctoring , y no resulta complicado comprender la expresión “loving care” ( aunque solo sea por las innumerables canciones que lo abordan), pero traducirlo como “cuidado amoroso” o incluso “ cariñoso” puede considerarse demasiado cercano, incluso moña, si hablamos de la relación entre un médico y un paciente.  Todavía peor si traducimos caritas por caridad.
Trisha Greenhalgh, en un precioso ensayo, describía lo que es el buen ejercicio clínico a partir de los dos pilares en que se asienta: el conocimiento experto, procedente de la ciencia y la experiencia, y la actitud de preocupación, interés y compromiso a la que estamos obligados ante los pacientes.
Pocos tipos han sido tan tergiversados en sus planteamientos como el recientemente fallecido David Sackett , un tipo cuya influencia en los sistemas sanitarios (al igual que la de Archie Cochrane) bien hubieran merecido un premio Nobel, en lugar de tantos premios a oscuros investigadores de citocromos de ratas. Su propuesta de “integrar la experiencia clínica individual con la mejor colección de pruebas científicas disponibles teniendo siempre en consideración los derechos , dilemas y preferencias de los pacientes” muy pronto quedó reducido al uso de estudios científicos ( generalmente ensayos clínicos aleatorizados y revisiones sistemáticas) , casi siempre realizados en entornos muy diferentes de la práctica del médico de familia, y a menudo propulsados desde una industria siempre insaciable cuando se trata de incorporar nuevos fármacos.
El mejor tratamiento, sin embargo, no es el que recomienda la última guía, sino “el que se adapta mejor a las peculiares circunstancias de cada paciente, alineados con sus preferencias y prioridades”, como señala Greenhalgh: no puede ser igual el fármaco que, ante la misma enfermedad necesita un joven que hace deporte y sale de noche ( con fines oscuros) y el de una respetable abuelita que cultiva petunias en su jardín. ¿Qué guía cubre esas diferencias? ¿Qué sistema de evaluación de objetivos retrata con fiabilidad ese comportamiento?
Si la cuestión de la preferencia del paciente desapareció pronto de los modelos de “evidencia”, la valoración de la experiencia clínica del médico ni siquiera existió alguna vez. Nadie discute la importancia del conocimiento científico a la hora de orientar una decisión, pero siempre deberá estar guiada por una requerimiento práctico  y ético: en palabras de Greenhalgh “ qué es lo mejor que se puede hacer, para ésta persona, bajo estas circunstancias”.
El doble compromiso con “scientia” y “caritas” ha sido analizado por Edvin Schei, un médico de familia que además es filósofo ( dos disciplinas mucho más cercanas de lo que parece y que nunca se integrarán en ningún plan de estudio): “la ciencia” requiere considerar al paciente desde un punto de vista objetivo, mesurable ( cifras, umbrales, tamaños); el segundo ,por el contrario, requiere atención al paciente desde un punto de vista existencial ( sus experiencias personales y subjetivas, sus necesidades humanas). La vieja diferencia entre enfermedad ( disease) y padecimiento ( illness) cobra aquí su mayor expresión, puesto que ésta última es una experiencia única, intransferible. Por eso el buen clínico no es un simple experto en procedimientos y técnicas ( lo que pretenden los modelos de industrialización de la atención, tan amados por los expertos en calidad), sino sobre todo un oyente atento, esencialmente un testigo ( como escribía Berger en Un hombre afortunado). En palabras de Schei “ la buena práctica es una competencia relacional donde la percepción empática y la creatividad otorga al médico la capacidad de usar sus cualidades personales, junto al conocimiento científico y técnico de la medicina,  para proveer ayuda individualizada de acuerdo a las particulares circunstancias del paciente”.
Siendo muy tolerantes, la dimensión objetiva de la práctica clínica tal vez podría valorarse mediante el grado de adherencia a este tipo de guías ( siempre que exista un acuerdo unánime al respecto). Pero la dimensión subjetiva es siempre un misterio,  como escribía Iona Heath en un antiguo trabajo, basado en un conocimiento que es tácito, basado en la experiencia y muy difícil de codificar. Depende de esas “ cualidades personales” de Schei que en definitiva son virtudes en sentido aristotélico.
Sin esa mitad, el clínico estará ( una vez más) demediado. Y sin su fomento y reconocimiento, tendremos en el mejor de los casos buenos operarios, pero nunca buenos médicos.

Errores médicos

http://gestionclinicavarela.blogspot.com.ar/2014/07/los-mejores-tambien-cometen-errores.html?spref=tw


Ash Paul es un epidemiólogo británico muy activo en las redes (este es la segunda vez que le he elegido tweet de la semana en "Avances"). Su tweet nos lleva a una entrevista al Dr. Brian Goldman, publicada en el blog canadiense Fail Forward, especializado en seguridad clínica. El Dr. Goldman, médico de urgencias del Hospital Mount Sinai de Toronto, es muy famoso por su programa de radio "White Coat, Black Art" y es autor de un par de libros:



Goldman está entregado a una campaña de largo recorrido para hacer frente a los errores médicos y para crear una cultura honesta frente a los problemas de seguridad clínica. Si pueden no se pierdan su monólogo (20 minutos) "Los médicos cometen errores, ¿por qué no hablamos de ello?" que ya llevan casi un millón de visitas. 



"En mis 20 años de carrera me he dado cuenta de que cometer errores es parte de la naturaleza humana. Los mejores también cometen errores. La cuestión es que según como se actúa después del error, es lo que te define."

"Todas las cosas buenas que he hecho en este mundo, han venido después de un error".

"Los errores pueden venir de despistes personales. Ello ocurre. Pero es más frecuente que se den en un contexto de fallo general del sistema".

martes, 18 de septiembre de 2018

Cuando la respiración se convierte en aire del Blog : El gerente demediado . Sergio Minue




You that seek what life is in death
Now find it air that once was breath. 
New names unknown, old names gone: 
Till time end bodies, but souls none. 
Reader! then make time, while you be, 
But steps to your eternity.
Baron Brroke Fulke Greville, Caeilica 83"

"Flipé a través de las imágenes del escáner, el diagnostico obvio, el pulmón lleno de pequeños tumores diseminados, la médula deformada: Cáncer, ampliamente diseminado. Yo era un residente de neurocirugía comenzando su último año de residencia. En los últimos seis meses había examinado un montón de muestras, con la esperanza de que tales procedimientos podrían ayudar a los pacientes. Pero esta vez era diferente. Porque ese escáner era el mio".
Así comienza Cuando la respiración setransforma en aire, el abrumador relato de los últimos meses de vida de  Paul Kalanithi, contado por él mismo. Es difícil entender por qué alguien, consciente del devastador pronóstico de una enfermedad terminal, decida dedicar buena parte de sus últimos días a contar esa experiencia. Los escépticos aludirán al afán de protagonismo, algunos incluso hablarán de un exclusivo interés comercial del que podrían beneficiarse sus deudos. Pero él da algunas pistas: "la buena noticia es que ya he sobrevivido a dos Brontës, un Keats, y un Stephen Crane. La mala es que aún no he escrito nada".
Paul Kalanithi se debatió siempre entre su interés por la neurocirugía y su afición literaria. En esa tendencia que tenemos todos a diferir lo importante, pensó atender a esta última cuando acabara la residencia, o mejor aún cuando estuviera situado y tuviera algo de tiempo libre. Pero el tiempo, antes indefinido, se colapsó de repente.
El camino por delante parecía obvio, si supiera cuantos meses o años quedaban. Dime tres meses, y emplearé mi tiempo con mi familia; dime un año y escribiré un libro. Dime diez y volveré a atender pacientes. La verdad indiscutible de que vives un día único cada vez no ayuda: ¿qué se supone que tengo que hacer con ese día?
De forma que, con una frialdad que asusta ,Kalanithi establece sus prioridades: intentar tener una hija, acabar la residencia, escribir su libro. Cree que tiene algo importante que decir: quiere ayudar a la gente a entender la muerte, a enfrentar su mortalidad, o mejor a transmitir su angustia, su miedo, sus dudas. Y sabe que lo tiene que hacer contra el tiempo.
En el proceso atraviesa el mismo camino que atravesaron previamente muchos de sus pacientes. La manida secuencia que cuentan los libros (negación-miedo-regateo-depresión-aceptación) él la vive justamente al revés. Describe con precisión el día que opera por última vez, el momento que recoge su taquilla sabiendo que no necesitará más los libros. Relata la obligación de cumplir todos los estándares de actividad, calidad y aprendizaje para poder recibir el título de especialista, en una ceremonia a la que los vómitos no le dejan acudir; sufre la indiferencia del residente mayor de turno (“ podría ver en los ojos de Brad que yo no era un paciente, sino un problema, una casilla para ser rellenada”). Padece como cualquiera la falta de coordinación entre especialistas peleándose sobre qué hay que hacer con el trozo de carne que esta ahí, tirado en la cama esperando que alguien tome decisiones.
Obviamente la muerte está siempre presente en nuestras vidas, pero la vemos más bien como una nube lejana que es muy improbable que descargue. Hasta que un día lo hace, sin que estemos mínimamente preparados para ello.
“La formación médica está implacablemente orientada al futuro, siempre retrasando la gratificación: siempre andas pensando lo que estarás haciendo cinco años después. Pero ahora no se que haré en cinco años. Podría estar muerto. O quizá estar sano.Podría estar escribiendo, no los sé. No es nada útil perder el tiempo pensando en el futuro, es decir todo lo que ocurre más allá de la próxima comida”
El último capítulo del libro está escrito por su mujer, Lucy, cuando él ya había muerto. No es un texto lacrimoso y triste, más bien todo lo contrario. En él bromea sobre la vida en común con un paciente así (“el secreto para salvar una relación es que uno de los dos se convierta en terminal”), pero a la vez resalta que sólo a partir del amor a alguien es posible soportar todo ese  proceso.
Kalanithi no cuenta nada que no sepamos. Pero su experiencia sirve una vez más para recordarnos qué es lo importante, lo que perdemos esperando tener tiempo para atenderlo:
“Antes de que me diagnosticaran el cáncer, sabía que algún día moriría, pero no sabía cuándo. Después del diagnóstico, supe que algún día moriría, pero no sabía cuándo. Pero ahora se que será pronto. No es un problema científico. La presencia de la muerte es inquietante. Pero no hay otra forma de vivi

domingo, 16 de septiembre de 2018

Islandia


Perrenoud, un pedagogo francés, escribe (hablando de la profesión de la enseñanza)

:
Ejercer serenamente un oficio de lo humano significa saber con cierta precisión, por lo menos a posteriori, lo que depende de la acción profesional y lo que escapa de ella. No se trata de cargar con todo el peso del mundo, responsabilizándose de todo, sintiéndose continuamente culpable; es, al mismo tiempo, no ponerse una venda en los ojos, percibir lo que podríamos haber hecho si hubiéramos comprendido mejor lo que ocurría, si nos hubiéramos mostrado más rápidos, más perspicaces, más tenaces o más convincentes… Para verlo más claro, a veces se debe aceptar el reconocimiento de que podríamos haberlo hecho mejor y comprender por qué no lo hemos conseguido. El análisis no suspende el juicio moral, no vacuna contra la culpabilidad, sino que induce al practicante a aceptar que no es una máquina infalible, a tener en cuenta sus preferencias, dudas, espacio vacíos, lapsos de memoria, opiniones adoptadas, aversiones y predilecciones, y otras debilidades inherentes a la condición humana

Dice Perreneud:
La práctica reflexiva no nos dirige específicamente a aclarar un error estrictamente técnico, sino más bien, una postura inadecuada, un prejuicio sin fundamento, una indiferencia o una imprudencia, una impaciencia excesiva, una angustia paralizante, un optimismo o un pesimismo exagerados, un abuso de poder, una indiscreción injustificada, una falta de tolerancia o injusticia, un fallo de anticipación o de perspicacia, un exceso o falta de confianza, un conflicto de interés..; en definitiva, actitudes y prácticas relacionadas con los pacientes, el saber, el trabajo, la organización, etc

sábado, 15 de septiembre de 2018

2666 - Roberto Bolaño . Grande de la literatura

. 2666 es la culminación de la firme trayectoria de Bolaño. Con esta novela, el sentido de su obra se proyecta a un nivel más elevado. 2666es su logro mayor y se da, de manera especial, en el plano del lenguaje. No olvidemos que Bolaño era poeta. Esa marca le lleva aquí a fraguar un lenguaje feliz, de vacaciones, alucinado, capaz de establecer las más insólitas correspondencias. La crítica ha sido prácticamente unánime a la hora de valorar 2666. Estamos ante una novela excepcional. Su carácter inconcluso deja algunas cosas sin resolver, pero también le añade misterio y profundidad a la obra. Hay fallos, por supuesto. ¿Está justificada la extensión? ¿Funcionan todas sus ramificaciones? ¿Hay pasajes gratuitos, páginas que sobran, secciones sin pulir? ¿Es 2666 una criatura monstruosa? Hay momentos en que la novela decae, pero a la hora de hacer balance, los fallos que hay importan poco. De Bolaño se puede decir lo que dijo Cortázar de Lezama Lima, cuando Paradiso era una obra maestra desconocida: que daba igual que se saltara a la torera lo que se supone que son los preceptos elementales de la escritura. Al final, todo funciona. O lo que dijo el propio Bolaño de Philip K. Dick: «Es bueno incluso cuando es malo». Con 2666, más vale dejar en suspenso la idea que podamos tener acerca de qué es literatura y, sencillamente, dejarse llevar. La lectura de 2666 es una experiencia total, una fiesta continua que nos depara sorpresas casi a cada paso. No importa que esta obra tenga 1.119 páginas. No pesan. Cuando nos queremos dar cuenta, hemos leído seiscientas como si hubiéramos leído sesenta. 2666 le devuelve al lector la alegría elemental, la pasión de la lectura. En Monsieur Pain, la trama (que el propio Bolaño tildó de indescifrable) gira en torno a un moribundo, nada menos que César Vallejo. En Nocturno de Chile, la inminencia de la muerte del protagonista es una percepción ilusoria. En Los detectives salvajes asistimos a una escalofriante evocación de los días finales de Reinaldo Arenas (a quien no se nombra). Enfermo de sida en Nueva York, el escritor cubano le dicta a un amigo el texto lacerado de Antes que anochezca. Lo consigue terminar, tras lo cual se suicida. Leída retrospectivamente, parece que Bolaño describe antes de tiempo la crónica de su propia carrera contra la muerte, entregado a la escritura de 2666: «No tengo mucho tiempo, me estoy muriendo», dice uno de los escritores apócrifos hacia el final de la novela, y el lector siente que un sudor frío le recorre la espalda. Ante un paisaje dominado por la muerte, comprendemos sin aliento que, ahora sí, y en directo, estamos asistiendo a la carrera desenfrenada del autor contra el tiempo. Como una de las sombras que aletea sobre las páginas de la novela (Musil, que tampoco logró acabar su obra maestra), Bolaño no llegó, pero hay mucho de grandeza en su derrota. Una de las razones por la que, a estas alturas, los defectos importan poco, es que la inteligencia, la humanidad, la arrolladora simpatía que exuda la personalidad de Bolaño, ya nos han seducido y resulta sencillamente imposible no estar con él. Uno se imagina a la misma Muerte, confundida entre los lectores, alentándolo. El poso que nos deja la lectura es de una honda nostalgia de un todo perdido, difícilmente nombrable, de haber dado un largo paseo por la soledad y el caos. Bajo la superficie de estas páginas late una profunda humanidad, una visión compasiva de la existencia. Una nota más, sobre la lengua. Aunque su obra se inscribe de lleno en la tradición literaria de América Latina, el lenguaje de Bolaño trasciende las marcas de identidad regional, mostrando un cuño de signo claramente transatlántico, panhispánico. Dotado de un oído excepcional, que capta y registra con gracia irrepetible los más nimios matices del habla coloquial, Bolaño cultiva una prosa polimorfa y perversa, capaz de mimetizarse de española, chilena, mexicana, uruguaya o argentina y, si se tercia, de todas a la vez. No se sabe bien cómo este hombre ha podido llegar tan lejos. Ha abierto un camino para que pasen los demás. Eso es lo que los jóvenes escritores, sobre todo de América Latina, han visto en él. Esa es su grandeza y autenticidad. Roberto Bolaño es lo mejor que le ha sucedido a la prosa en lengua castellana desde hace décadas. La fuerza arrolladora de su estilo tiene algo de monstruoso, en el sentido que le daban los clásicos del Siglo de Oro al término. Bolaño marca un hito en la historia de la literatura en nuestra lengua. Con él la novela en español entra en un nuevo paradigma. Eduardo Lago 

Islandia


martes, 11 de septiembre de 2018

Marsh : Ante todo no hagas daño

 Asqueado y enfrentado durante la mayor parte de su vida con la burocracia imperante en el Sistema Nacional de Salud, fue y es un férreo defensor de la humanización de los hospitales. Las arduas críticas a la gestión pública de estos centros están presentes, sobre todo, en la segunda mitad de la obra. El trato clientelar que se está instalando en los últimos tiempos supone una situación desquiciante para los profesionales de la salud: totalmente ajenos a la cotidianeidad práctica de los centros hospitalarios, las nuevas gestiones modernas ignoran cuestiones que parecen de sentido común tal y como Marsh las presenta en este texto. El humor que mitiga las más dramáticas situaciones hace que Ante todo no hagas daño sea una joya que, a la vez, presenta una peligrosidad encubierta. La pericia de Marsh con la expresión escrita hace que lo que desea transmitir sea tan eficaz como inquietante: da miedo ser consciente a través de su demoledora honestidad de que la medicina sabe más bien poco sobre cómo solucionar nuestras dolencias. Para sorpresa de muchos de sus colegas, que no suelen airear en público estas desgracias, el autor enumera sus garrafales errores y vuelve sobre ellos tal y como en su vida real esos fracasos le persiguen toda vez que vuelve a enfrentarse a situaciones similares. Al fin y al cabo, como dijo el médico francés Leriche, todo cirujano lleva un cementerio dentro en el que cada error es una lápida.