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sábado, 25 de noviembre de 2017

Diario de Louise Alcott 1868


Mujeres felices :  escrito el dia de San Valentín de 1868
 " Añado a mi lista a todas las solteras ocupadas , útiles e independientes que conozco , señala Alcott, porque para muchas de nosotras la libertad es un marido mejor que el amor "

The last farm ( Islandia )


Pequeñas librerías con sabor a miel



A esa estirpe de mujeres derrotadas, pero imbatibles, que son las libreras dedica Isabel Coixet su película

La actriz Emily Mortimer, en 'La librería', de Isabel Coixet.
La actriz Emily Mortimer, en 'La librería', de Isabel Coixet.
Quedan todavía pequeñas librerías como esta en alguna plazoleta de cualquier ciudad perdida. El cliente se detiene ante el escaparate donde se exhiben con una exquisita selección las últimas novedades. Novelas, ensayos, viajes, historia, poesía, memorias. Si después de recrearse contemplando las portadas el cliente decide entrar en la librería, al abrir la puerta sonará una campanilla y en un ámbito reducido, muy ordenado, lleno de un silencio penetrado por ese ligero sabor a miel que desprenden los libros, descubrirá en un rincón la figura de una mujer, todavía joven, sentada a una mesa iluminada con una luz cálida. Esta librera es española, aunque tiene un diseño aproximadamente anglosajón, con el pelo recogido en la nuca, la blusa de seda y los lentes redondos de aros dorados. Ella sigue trabajando sin molestar al cliente, quien, tal vez, no encuentra el libro que busca. Una breve insinuación bastará para que librera se disponga a ayudarlo. Lo sabe absolutamente todo de ese libro, incluso sabe con todo pormenor de qué trata puesto que incluso lo ha leído. Está descatalogado, pero mañana mismo, si el cliente lo desea, lo tendrá en sus manos.
Una librera como esta y tantas otras por el estilo era mi amiga Pepa Ferrando de Denia antes de que su pequeña librería selecta desapareciera llevada por el vendaval de Amazon y la competencia de los grandes espacios. Cuando desde Madrid le pedía algún libro inencontrable, ella poco después me lo mandaba en una caja donde lo acompañaba con algunas hortalizas del tiempo. En cierta ocasión una rara edición del Libre de les meravelles, de Raimundo Llull, viajó a Madrid en compañía de los primeros espárragos y habas de primavera.
A esta estirpe de mujeres derrotadas, pero imbatibles, dedica Isabel Coixet su última película, La librería, una pequeña obra maestra, realizada con su extraordinario talento, sacada de la novela de la escritora británica Penélope Fitzgerald. También la propia Isabel Coixet pertenece a esta clase de mujeres resistentes, que en este caso lleva varias mochilas a cuestas recibidas por herencia: la de nacer mujer en un país de machistas, la de verse obligada a demostrar cada día que es una buena catalana y la de dar cuenta también de que es una buena española. Que a esta vida no has venido a bailar el mambo si eres niña, lo supo muy pronto Isabel Coixet al tener que afirmar su personalidad frente a los compañeros de colegio que se burlaban de ella, tal vez por llevar gafas o por ser demasiado lista. Esa resistencia hizo de Isabel una mujer fuerte y a la vez insegura. Ser feminista, catalana y española es tan natural como llevar gafas de pasta; a cambio debe soportar, con una mezcla de miedo y desdén, los insultos, el repudio, el odio y la incomprensión con que la obsequian los independentistas fanáticos, mientras otros catalanes en la calle la felicitan y la abrazan. Pese que Isabel se acaba de romper el brazo en una caída en Madrid, no es mujer que dé el brazo a torcer.

¿Quién es esa chica?

A esta triple mochila añade la de ser directora de cine. Pero, ¿quién es esa chica catalana, que, de pronto, rueda en inglés sus películas en Canadá, en Estados Unidos, en Tokio, en una plataforma petrolífera, en el Polo Norte, en Inglaterra y aceptan sus guiones los mejores actores del momento: Tim Robbins, Sarah Polley, Ben Kingsley, Juliette Binoche, Emily Mortimer, Patricia Clarkson? En su última película, La libreríanarra la historia de Florence Green, una joven dulce, tenaz e idealista que decide realizar uno de sus mejores sueños, abandonar Londres y abrir una pequeña librería en un pueblo de la costa británica, una decisión que actuará como un disolvente en aquella sociedad dormida. Después de una lucha heroica contra todos los riesgos y dificultades, que le imponen sus habitantes. Su derrota es la metáfora de un mundo que desaparece. Isabel Coixet demuestra una extraordinaria sensibilidad a la hora de analizar las pasiones complejas, los sentimientos envenenados de los personajes, siempre a una distancia corta e íntima.

viernes, 24 de noviembre de 2017

Black Friday : Ultima Llamada : la sociedad consumista ya no da más de si .

ultima-llamada-v0-2-640x927Los ciudadanos y ciudadanas europeos, en su gran mayoría, asumen la idea de que la sociedad de consumo actual puede “mejorar” hacia el futuro (y que debería hacerlo). Mientras tanto, buena parte de los habitantes del planeta esperan ir acercándose a nuestros niveles de bienestar material. Sin embargo, el nivel de producción y consumo se ha conseguido a costa de agotar los recursos naturales y energéticos, y romper los equilibrios ecológicos de la Tierra.
Nada de esto es nuevo. Las investigadoras y los científicos más lúcidos llevan dándonos fundadas señales de alarma desde principios de los años setenta del siglo XX: de proseguir con las tendencias de crecimiento vigentes (económico, demográfico, en el uso de recursos, generación de contaminantes e incremento de desigualdades) el resultado más probable para el siglo XXI es un colapso civilizatorio.
Hoy se acumulan las noticias que indican que la vía del crecimiento es ya un genocidio a cámara lenta. El declive en la disponibilidad de energía barata, los escenarios catastróficos del cambio climático y las tensiones geopolíticas por los recursos muestran que las tendencias de progreso del pasado se están quebrando.
Frente a este desafío no bastan los mantras cosméticos del desarrollo sostenible, ni la mera apuesta por tecnologías ecoeficientes, ni una supuesta “economía verde” que encubre la mercantilización generalizada de bienes naturales y servicios ecosistémicos. Las soluciones tecnológicas, tanto a la crisis ambiental como al declive energético, son insuficientes. Además, la crisis ecológica no es un tema parcial sino que determina todos los aspectos de la sociedad: alimentación, transporte, industria, urbanización, conflictos bélicos… Se trata, en definitiva, de la base de nuestra economía y de nuestras vidas.
Estamos atrapados en la dinámica perversa de una civilización que si no crece no funciona, y si crece destruye las bases naturales que la hacen posible. Nuestra cultura, tecnólatra y mercadólatra, olvida que somos, de raíz, dependientes de los ecosistemas e interdependientes.
La sociedad productivista y consumista no puede ser sustentada por el planeta. Necesitamos construir una nueva civilización capaz de asegurar una vida digna a una enorme población humana (hoy más de 7.200 millones), aún creciente, que habita un mundo de recursos menguantes. Para ello van a ser necesarios cambios radicales en los modos de vida, las formas de producción, el diseño de las ciudades y la organización territorial: y sobre todo en los valores que guían todo lo anterior. Necesitamos una sociedad que tenga como objetivo recuperar el equilibrio con la biosfera, y utilice la investigación, la tecnología, la cultura, la economía y la política para avanzar hacia ese fin. Necesitaremos para ello toda la imaginación política, generosidad moral y creatividad técnica que logremos desplegar.
Pero esta Gran Transformación se topa con dos obstáculos titánicos: la inercia del modo de vida capitalista y los intereses de los grupos privilegiados. Para evitar el caos y la barbarie hacia donde hoy estamos dirigiéndonos, necesitamos una ruptura política profunda con la hegemonía vigente, y una economía que tenga como fin la satisfacción de necesidades sociales dentro de los límites que impone la biosfera, y no el incremento del beneficio privado.
Por suerte, cada vez más gente está reaccionando ante los intentos de las elites de hacerles pagar los platos rotos. Hoy, en el Estado español, el despertar de dignidad y democracia que supuso el 15M (desde la primavera de 2011) está gestando un proceso constituyente que abre posibilidades para otras formas de organización social.
Sin embargo, es fundamental que los proyectos alternativos tomen conciencia de las implicaciones que suponen los límites del crecimiento y diseñen propuestas de cambio mucho más audaces. La crisis de régimen y la crisis económica sólo se podrán superar si al mismo tiempo se supera la crisis ecológica. En este sentido, no bastan políticas que vuelvan a las recetas del capitalismo keynesiano. Estas políticas nos llevaron, en los decenios que siguieron a la segunda guerra mundial, a un ciclo de expansión que nos colocó en el umbral de los límites del planeta. Un nuevo ciclo de expansión es inviable: no hay base material, ni espacio ecológico y recursos naturales que pudieran sustentarlo.
El siglo XXI será el siglo más decisivo de la historia de la humanidad. Supondrá una gran prueba para todas las culturas y sociedades, y para la especie en su conjunto. Una prueba donde se dirimirá nuestra continuidad en la Tierra y la posibilidad de llamar “humana” a la vida que seamos capaces de organizar después. Tenemos ante nosotros el reto de una transformación de calibre análogo al de grandes acontecimientos históricos como la revolución neolítica o la revolución industrial.
Atención: la ventana de oportunidad se está cerrando. Es cierto que hay muchos movimientos de resistencia alrededor del mundo en pro de la justicia ambiental (la organización Global Witness ha registrado casi mil ambientalistas muertos sólo en los últimos diez años, en sus luchas contra proyectos mineros o petroleros, defendiendo sus tierras y sus aguas). Pero a lo sumo tenemos un lustro para asentar un debate amplio y transversal sobre los límites del crecimiento, y para construir democráticamente alternativas ecológicas y energéticas que sean a la vez rigurosas y viables. Deberíamos ser capaces de ganar grandes mayorías para un cambio de modelo económico, energético, social y cultural. Además de combatir las injusticias originadas por el ejercicio de la dominación y la acumulación de riqueza, hablamos de un modelo que asuma la realidad, haga las paces con la naturaleza y posibilite la vida buena dentro de los límites ecológicos de la Tierra.
Una civilización se acaba y hemos de construir otra nueva. Las consecuencias de no hacer nada —o hacer demasiado poco— nos llevan directamente al colapso social, económico y ecológico. Pero si empezamos hoy, todavía podemos ser las y los protagonistas de una sociedad solidaria, democrática y en paz con el planeta.


martes, 21 de noviembre de 2017

Critical Management Studies : el pensamiento positivo en las empresas


 “Habitualmente se produce una sobrecarga sobre el trabajador al que se pide simultáneamente trascender sus límites y también saber ponérselos a sí mismo”.

“Estas nuevas culturas empresariales buscan un compromiso del trabajador diferente del que se había pedido tradicionalmente”, explica Carlos Jesús Fernández, profesor del Departamento de Sociología de la Universidad Autónoma de Madrid (UAM). “Antes había que saber hacer un trabajo y desempeñarlo durante ocho horas diarias. Ahora se buscan unas características personales, unas competencias de personalidad”. De ahí las charlas motivacionales que fomentan palabras mágicas como liderazgo, emprendimiento, riesgo o ese mantra tan extendido como es “la necesidad de salir de nuestra zona de confort”. De ahí también la proliferación de libros de autoayuda vinculados al mundo empresarial. El problema, según Fernández, es que “existe un vacío de regulación que controle estas prácticas”, lo que hace que en ocasiones vayan demasiado lejos.







“Proliferan los discursos de innovación, pero cada vez se trabaja más, hay más disciplina y se consumen más ansiolíticos”, opina un experto

“Lo que persiguen principalmente estas técnicas es que los trabajadores se identifiquen con su empresa”, dice Óscar Pérez Zapata, profesor de Organización de Empresas en ICADE y la Universidad Carlos III de Madrid y director de investigación del think tankDubitare. “Se quiere crear una cultura de empresa fuerte en la que los elementos emocionales e íntimos, como las llamadas a la pasión, son cada vez más importantes”, añade. 
Y todo se envuelve en un barniz de sonrisas, de ese pensamiento positivo tan en boga que critican libros como Sonríe o muere (Turner), de Barbara Ehrenreich, o La industria de la felicidad (Malpaso), de William Davies. “Se trata de una mentalidad que encaja muy bien con lo que se pretende”, opina Pérez Zapata, “el pensamiento positivo elimina cualquier posibilidad de crítica y desplaza las culpas y los porqués al individuo y no a la estructura donde se desenvuelve. Conecta con la línea fantasiosa del yo emprendedor, de la iniciativa personal del héroe que todo lo puede con autogestión y que en el extremo es únicamente responsable de éxitos y fracasos”.
Problemas como estos son analizados por los llamados critical management studies (CMS), un conjunto de disciplinas surgidas en los años noventa que estudian el funcionamiento de las empresas de forma crítica, a partir de la obra de pensadores como Michel Foucault (sobre todo sus estudios sobre la sociedad disciplinaria), la teoría crítica de la Escuela de Fráncfort o la teoría del proceso del trabajo, entre otras fuentes teóricas. Surgieron de profesores en escuelas de negocio y Facultades de Administración de Empresas, como Mats Alvesson o Hugh Will­mott, que proponían una perspectiva crítica y que trataban de sacar a la luz las relaciones de poder en el seno de las organizaciones empresariales. “Aunque la palabra crítica parezca muy beligerante, puede ser una crítica constructiva para la empresa”, dice Pérez Zapata. “En cuanto a este tipo de técnicas, lo que hace el veneno es la dosis”.
El panorama descrito es el propio del trabajo en la era posfordista, donde se da la desprotección, la movilidad y la flexibilidad laboral, la disolución de las clases sociales bien definidas y la atomización de las relaciones laborales. La conexión permanente vía Internet, además, hace borrosos los confines de los horarios, los límites de las jornadas. Lo referente al trabajo también se vuelve líquido. “Se rompen así los límites y regulaciones de casi todo: dónde se trabaja, cuánto se trabaja, con quién, cómo, etcétera, ahora mucha de esta responsabilidad recae sobre el trabajador”, dice Pérez Zapata. “Habitualmente se produce una sobrecarga sobre el trabajador al que se pide simultáneamente trascender sus límites y también saber ponérselos a sí mismo”.
“Existe una individualización y psicologización creciente”, señala Luis Enrique Alonso, catedrático de Sociología de la UAM y coordinador del grupo de investigación de Estudios sobre trabajo y ciudadanía. “Lo que se busca es la completa adhesión psicológica y que no haya ningún intermediario entre el trabajador y la empresa, que no haya ningún tipo de acción ni identidad colectiva”, dice. Ese aire de creatividad individualista y modernidad hipster bien podría ser una herencia de la contracultura de los años sesenta asimilada por el capitalismo contemporáneo: la rebeldía individualista antisistema convertida en ambición individualista empresarial, como señalan Chiapello y Boltanski en El nuevo espíritu del capitalismo (Akal). El futbolín en la oficina. “Lo cierto es que hablar hoy día de organización y derechos colectivos suena muy antiguo”, concluye el catedrático, “lo que nos lleva a una especie de darwinismo social propiciado por la precariedad existente. Se enmascara así una lucha encarnizada por los escasos puestos disponibles: sálvese quien pueda”.
“¿Estamos actuando de forma ética en las empresas?”, se pregunta Fernández. “Proliferan los discursos de innovación, pero por detrás cada vez se trabaja más, cada vez hay más disciplina, se sufre más y el consumo de ansiolíticos para soportarlo va en aumento”.

lunes, 20 de noviembre de 2017

La atención clínica devorada por la informática





Stephen Martin, de Harvard, y Christine  Sinsky de la American Medical Association publicaron un trabajo en The Lancet, a propósito de las derivas a las que están llevando los registros clínicos electrónicos.

El inicio de su Punto de Vista no puede ser más contundente: “La documentación clínica está en riesgo de usurpar la atención real en términos de tiempo, enfoque clínico  e importancia percibida. Los registros médicos tal y como se están empleando, están contribuyendo en buena medida a la sobrecarga cognitiva, forzando la relación entre clínicos y pacientes y fomentando el síndrome del”quemado” (burnout). Un relato exacto del encuentro clínico no es ni posible ni deseable, y los intentos de producirlo son dañinos para pacientes, profesionales y para el sistema en su conjunto. En este trabajo proponemos una construcción alternativa de los registros clínicos que los reconduzcan a su propósito primitivo: ayudar en el proceso de cognición, comunicar, generar una sucinto reporte de lo realizado y soportar una atención longitudinal de las personas, en definitiva facilitar la construcción de relaciones, apoyar el proceso de toma de decisiones, disminuyendo a la vez la carga de trabajo”.


Es decir, empleamos mucho más tiempo en escribir que en atender, entre otras razones porque de ello depende parte de nuestro salario: un conflicto de interés invisible para profesionales y organizaciones, y que está hurtando a los pacientes la atención que precisan y merecen. No es cierto, como señalan Martin y Sinsky, que ello esté dirigido esencialmente a mejorar la atención del paciente.Es posible que ese pudiera ser su fin en un principio ya demasiado lejano;pero hoy en día los Registros electrónicos sirven para una gran variedad de objetivos, desde dar respuesta a evaluadores de todo tipo y pelaje, hasta servir de acreditación y certificación de profesionales, centros e instituciones; desde cubrirse ante acciones legales hasta satisfacer las supuestas “ necesidades de información” de cada funcionario, departamento y director de la inmensa burocracia kafkiana en que se han convertido los servicios sanitarios. El propósito primordial de ayudar a tomar decisiones y facilitar una concisa comunicación se perdió en un magma de corta y pegas.
El fin último del encuentro clínico debe seguir siendo el de escuchar,establecer relaciones clínicas, y tomar decisiones juiciosas. Perder de vista ese propósito, aliena a los profesionales convirtiéndoles en meros oficinistas de una burocracia anónima. Registrar todo lo que el sistema demanda es imposible; para ello sería más barato colocar una caja negra en cada consulta y grabar todas las conversaciones

miércoles, 8 de noviembre de 2017

Tecnogobernanza : la atención clínica devorada por la informática




Stephen Martin, de Harvard, y Christine  Sinsky de la American Medical Association publicaron un trabajo en The Lancet, a propósito de las derivas a las que están llevando los registros clínicos electrónicos.

El inicio de su Punto de Vista no puede ser más contundente: “La documentación clínica está en riesgo de usurpar la atención real en términos de tiempo, enfoque clínico  e importancia percibida. Los registros médicos tal y como se están empleando, están contribuyendo en buena medida a la sobrecarga cognitiva, forzando la relación entre clínicos y pacientes y fomentando el síndrome del”quemado” (burnout). Un relato exacto del encuentro clínico no es ni posible ni deseable, y los intentos de producirlo son dañinos para pacientes, profesionales y para el sistema en su conjunto. En este trabajo proponemos una construcción alternativa de los registros clínicos que los reconduzcan a su propósito primitivo: ayudar en el proceso de cognición, comunicar, generar una sucinto reporte de lo realizado y soportar una atención longitudinal de las personas, en definitiva facilitar la construcción de relaciones, apoyar el proceso de toma de decisiones, disminuyendo a la vez la carga de trabajo”.


Es decir, empleamos mucho más tiempo en escribir que en atender, entre otras razones porque de ello depende parte de nuestro salario: un conflicto de interés invisible para profesionales y organizaciones, y que está hurtando a los pacientes la atención que precisan y merecen. No es cierto, como señalan Martin y Sinsky, que ello esté dirigido esencialmente a mejorar la atención del paciente.Es posible que ese pudiera ser su fin en un principio ya demasiado lejano;pero hoy en día los Registros electrónicos sirven para una gran variedad de objetivos, desde dar respuesta a evaluadores de todo tipo y pelaje, hasta servir de acreditación y certificación de profesionales, centros e instituciones; desde cubrirse ante acciones legales hasta satisfacer las supuestas “ necesidades de información” de cada funcionario, departamento y director de la inmensa burocracia kafkiana en que se han convertido los servicios sanitarios. El propósito primordial de ayudar a tomar decisiones y facilitar una concisa comunicación se perdió en un magma de corta y pegas.
El fin último del encuentro clínico debe seguir siendo el de escuchar,establecer relaciones clínicas, y tomar decisiones juiciosas. Perder de vista ese propósito, aliena a los profesionales convirtiéndoles en meros oficinistas de una burocracia anónima. Registrar todo lo que el sistema demanda es imposible; para ello sería más barato colocar una caja negra en cada consulta y grabar todas las conversaciones

Cape Cod / Boston 1996


Bali 2000


Cala Compta . Eivissa , 2009


Buenos Aires 1991

domingo, 5 de noviembre de 2017

Scarborough


Kirmen Uribe : Poema del dolor




La muerte ha ganado al final, amigo mío.
Fuimos muy confiados, incluso llegamos a creer,
por un momento, que nunca nos atraparía.

Pero te ha llevado, cuando menos lo esperábamos,
y a la manera más inverosímil.
Pensábamos que nuestra amistad era para siempre.

No había miedo. Aunque estuviéramos largo tiempo
separados, como cuando hacías esos largos viajes.
Esperaba con ansiedad tus llamadas.

Nadie como tú para contar historias.
En tus labios, las cosas más vulgares
se convertían en mágicas, esenciales.

Pero en aquella maldita mañana,
sentí que mi cuerpo se rompía en dos.
Que de la Antártida se desprendía

un enorme bloque de hielo, creando icebergs de angustia,
que, al rozar, quemaban mi corazón.
Y, ahora, trato de recordar cada palabra que dijiste

la última noche que pasamos juntos.
Nervioso, como un niño perdido que quiere
acordarse del número de teléfono de sus padres.

Qué voy a hacer ahora, mi cómplice.
Es invierno y  los lobos rondan la casa.
Temo el ataque de mis peores pensamientos.

Tú los ahuyentabas tan fácilmente.
Tus palabras siempre tenían sentido.
Curaban, aunque no fueran del todo verdad.

Era un gran amigo para ti,
me dicen. Más que eso.
Como un hermano. Mucho más.

Hace poco, en su sueño, me dijiste,
Tan positivo como de costumbre: “Kirmen,
No podremos juntarnos, pero hablaremos”.

Me quedo, pues, esperando tus palabras,
como cuando hacías aquellos largos viajes,
seguro del amigo que nunca perderé. Y orgulloso.