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domingo, 21 de junio de 2020

Como deben ser tratados los pacientes

DODECÁLOGO PARA LA PERSONALIZACIÓN DEL PACIENTE EN EL SISTEMA SANITARIO
  1. Mírame a los ojos. Acércate cortésmente. Tócame, tu contacto es importante para mí, dame la mano al entrar...al salir... Sé curios@ e interésate por mí, soy una persona que piensa, siente y actúa. Necesito que me acompañes y saber de mí facilitará que lo hagas. Tengo una cultura con unos valores y expectativas vitales que vale la pena explorar, tanto como mi cuerpo. Pregúntame por mis circunstancias, mis intereses, mi familia y mi entorno. Trata de percibir mi sentir y solidarizarte profundamente con él. Mi historia es única, todos somos distintos, en la alegría y en el sufrimiento, por favor, no lo olvides.
  1. No soy un número, una cama, un órgano o un diagnóstico aislado. No soy "príncipe/princesa", ni "guapo/guapa" ni "corazón". Soy persona, no una cosa, ni siquiera anestesiada.
  1. No des por hecho vínculos ni expulses de forma sistemática a mi acompañante de la habitación o consulta. Al igual que puede perturbar nuestra relación, puede llegar a ser un aliado terapéutico y apoyo imprescindible a la hora de enfrentar mi enfermar. Soy persona, soy familia y soy comunidad.
      A veces me siento débil y necesito que me acompañen, te lo haré saber. Otras, preferiré que       mi familia no se entere de "esto" por el momento.
  1. Escúchame. Comprende mi sufrimiento y no lo desprecies con un "Se te ve muy bien” “todo pasa”.
    Observa porque es terapéutico: mis silencios, mis gestos, las palabras que elijo,....estoy       creando mi relato vital. Aprende mi música para que nuestra danza siga mi ritmo. Creemos un espacio seguro en el que puedan fluir mi emociones.
    Ayúdame a clarificar, a encontrar  los recursos propios y ajenos. Conóceme a fondo para     ofertarme alternativas terapéuticas.
  1. Explícame lo que me pasa, los pasos de la exploración y los resultados de las pruebas adaptando tu lenguaje al mío y respetando mi lenguaje simbólico. Necesito entenderlo todo, es difícil seguir la jerga médica. No te enfades ni te irrites si no he comprendido bien. Entiende que quizás no oigo bien. Ten paciencia con mi lentitud, a veces me cuesta moverme. Necesito tiempo para asimilar todo y poderlo explicar a mis familiares y amigos.
  1. Necesito que entiendas, aceptes y toleres mi querer o no querer saber. Tengo un ritmo propio. Conócelo y adáptate suavemente a él. Te pido saber hasta dónde puedo, pero no te pido que me mientas.
  1. Entiende que mi voluntad tiene prioridad sobre la tuya y ayúdame con tu ciencia a tomar mis decisiones. Considéralas. Respétalas aunque no las compartas, por favor. Todo forma parte de mi proyecto personal. No seas de l@s que me abandonas por no ser una dócil y ciega seguidora de tus prescripciones. No me conviertas, por ello, en indigna de tu atención. Pregúntame si puedo seguir el tratamiento.
    Cada cual tiene miedos distintos y horrores que no quiere vivir en ningún caso. Por favor, pregunta cuáles son en mi caso. Ayúdame a firmar consentimientos.
    Ten presente mi mayor anhelo, "tu lealtad conmigo".
  1. Procura no juzgarme por mi edad, orientación sexual, etnia, lengua, procedencia, profesión, actividad comercial, peso, nivel educativo, enfermedad, arreglo, olor, fealdad, consumo de drogas, lugar que habito...y aunque yo te desagrade despliega para mí todo tu talento y habilidad terapéutica.
    No caigas en la tentación de culparme por mi enfermedad y hábitos de vida, es dañino e innecesario.
    Aunque acepto sugerencias, no cometas la torpeza de dictarme los afectos y pensamientos que debo tener.
  1. Comparte un poco de tu vida conmigo. Si estás content@ sonríeme. Tu sonrisa me ayuda, me relaja y aligera mi inquietud. Si estás triste no te preocupes. Tu tristeza me dice que eres tan human@ necesitad@ como yo. Si estás enfadad@, desbordad@ y cansad@ se cuidados@, no me uses como diana de tu violencia, podrías destruirme.
    Necesito conocerte, muéstrame tus dudas y limitaciones. Tus valores y principios. Si tienes algo en ti que hace mucho ruido, y no puedes apartarlo en este tiempo de relación conmigo, hazme saber de alguna manera que no soy yo quien lo causa.
  1. Cuando te estorbo, cuando supongo una sobrecarga para ti, ofértame más tiempo para poder decirte todas las cosas que quiero contarte. Soy consciente de que necesitas paciencia conmigo y yo necesito que la fabriques para mí.
    A veces soy exigente sin darme cuenta de que hay cosas que no tienen solución, ni médica ni de ningún tipo, pero incluso así me puedes ayudar con tu simple escucha respetuosa.
    Busca y alaba cualidades que encuentres en mí, en mi familia y en mi comunidad.
  1. Sé valiente con quienes te mandan y defiende mi bienestar y el de mi familia. Olvida incentivos y guíate por la ciencia y la conciencia.
    Si tienes un aprendiz en la consulta, preséntamelo y deja que sea yo quien decida si quiero que esté. ¡No digamos si tiene que aprender técnicas que me harán daño o me expondrán a vergüenza o afectarán a mi intimidad!.
    Acoge, busca, acepta la ayuda, el conocimiento y la colaboración de otros profesionales.
    Soy yo, es mi familia, que os necesitamos a todos.
  1. Desearía que me tratases como te gustaría que te tratasen a ti en una situación similar pero teniendo en cuenta mis valores. Con tus conocimientos, aconséjame como si fueras yo mism@.

sábado, 13 de junio de 2020

Los médicos no estan contentos

La verdad sobre los Reyes Magos (Por Abel Novoa)

by nmurcia
La-verdad-sobre-los-Reyes-Magos
"Los médicos no están contentos" decía Smith en este editorial del BMJ:
"No todos son infelices todo el tiempo, pero cuando se reúnen, su conversación suele girar en torno a las cosas que van mal o su jubilación. Esta infelicidad ha sido demostrada en una gran cantidad de encuestas y es evidente cuando se habla con los médicos y se observa la resignación general imperante"
Y la infelicidad de los médicos es un enorme problema para los gobiernos ya que "un servicio de salud atendido por médicos desmoralizados no puede prosperar"
La causa más obvia de la infelicidad de los médicos sería, según Smith, que se sienten sobrecargados de trabajo y poco apoyados:
"Luchan para responder pero sienten como si estuvieran luchando contra el sistema en lugar de ser apoyados por el mismo".
Otra razón sería "que los médicos han sido entrenados para algo que no es lo que hacen".
Julian Tudor Hart, un médico general comentaba que lo que aprendió en la escuela de medicina no le sirvió en el hospital y que a su vez , la medicina hospitalaria no le sirvió para la práctica general. En otras palabras, hizo tres carreras de medicina.
Ahora, con la moda de la "gestión clínica", el problema ha empeorado: los médicos pasan cada vez más tiempo pensando en temas como la gestión o la calidad asistencial.
Pero el motivo más profundo, según Smith, sería intelectual: el falso contrato que existe hoy entre pacientes y médicos (ver traducción de EVALMED)
LAS BASES DEL FALSO CONTRATO
LA VISIÓN DEL PACIENTE:
• La medicina moderna puede hacer cosas extraordinarias y resolver muchos de mis problemas.
• Los médicos pueden "ver dentro de mí" y averiguar lo que anda mal.
• Los médicos saben todo lo que es necesario saber.
• Los médicos pueden resolver todos mis problemas, incluso los relacionados con mis condiciones sociales.
• Por todo esto, los médicos tienen la más alta consideración social y un buen salario.
LA VISIÓN DEL MÉDICO:
• La medicina moderna tiene poderes limitados.
• La medicina moderna puede llegar a ser peligrosa.
• No podemos resolver todos los problemas de los pacientes, especialmente los que tienen causas sociales.
• Los médicos no lo sabemos todo aunque sí cuán difíciles son muchas cosas.
• El balance entre beneficiar y dañar es muy estrecho.
• Lo mejor es no decir nada de todo esto a los ciudadanos: no es bueno decepcionarles porque podría perder mi estatus social.
LAS BASES DEL NUEVO CONTRATO
TANTO LOS PACIENTES COMO LOS MÉDICOS DEBEN RECONOCER QUE:
• La muerte, la enfermedad y el dolor son parte de la vida.
• El poder de la medicina es limitado, particularmente para resolver las enfermedades con una base social;
• La medicina tiene riesgos.
• Los médicos deberían reconocer abiertamente sus limitaciones: no lo saben todo;
• Los pacientes no pueden simplemente abandonar sus problemas a los médicos.
• Médicos y pacientes están juntos en esto.
pensaiento
"El problema que subyace en la mayoría de los profesionales sanitarios es intelectual...de profundidad ... de falta de pensamiento reflexivo"
El pensamiento reflexivo es la característica definitoria más importante de la actuación profesional.
A diferencia del oficio -donde el que lo ejerce está centrado en el dominio de unos saberes técnicos- en una profesión, además de los saberes técnicos, es necesario "construir una autonomía y un criterio profesional".
El profesional es siempre ejecutor pero, a la vez, inevitablemente, también creador
El profesional verdaderamente se la juega en su capacidad de trascender la mera actividad técnica, su capacidad para enmarcar su desempeño en un contexto mayor y darle un significado a su tarea.
Buena parte de los profesionales hacen evolucionar su práctica de una manera muy egocéntrica, desde la inicial incomodidad inherente a aprender un oficio hasta que hallan un equilibrio satisfactorio (es lo que Smith señala como "no decepcionar a los pacientes").
En la entrada del blog de "la momia que habla" podía leerse:
"Es frecuente encontrar a profesionales sanitarios que no aspiran a ejercer realmente una profesión: prefieren funcionar respetando un “protocolo” o los procedimientos prescritos, alcanzado un cómodo equilibrio en su práctica. Un equilibrio en el que todo va a favor para que sea confortable: las demandas de los ciudadanos consumidores de salud (cuanta más medicina mejor), los intereses de la industria, la negligencia de los gestores públicos, los intereses corporativistas de la profesión, etc."
El caso es que cada vez existe un desfase mayor entre (1) los elementos estructurales que condicionan el marco de acción -como la organización de la asistencia, la distribución de los presupuestos, las condiciones del desempeño profesional, los intereses de la industria, la organización del conocimiento por especialidades, la sociedad medicalizada-, (2) los fines de la medicina y (3) las necesidades reales de los ciudadanos y la sociedad.
Frente a este desfase, los profesionales se sienten solos, impotentes, temerosos...; y, el "falso contrato" de Smith actuaría, en esta situación, como una especie de protección.. tanto para los profesionales como para la inevitable incertidumbre de los ciudadanos.
¿Cuál es la verdad sobre los Reyes Magos? 
¿Cómo salvaguardarse de los efectos devastadores de seguir aceptando el "falso contrato"? No basta con decidir firmar uno nuevo. No es tan fácil.
Perrenoud, un pedagogo francés, escribe (hablando de la profesión de la enseñanza):
Ejercer serenamente un oficio de lo humano significa saber con cierta precisión, por lo menos a posteriori, lo que depende de la acción profesional y lo que escapa de ella. No se trata de cargar con todo el peso del mundo, responsabilizándose de todo, sintiéndose continuamente culpable; es, al mismo tiempo, no ponerse una venda en los ojos, percibir lo que podríamos haber hecho si hubiéramos comprendido mejor lo que ocurría, si nos hubiéramos mostrado más rápidos, más perspicaces, más tenaces o más convincentes… Para verlo más claro, a veces se debe aceptar el reconocimiento de que podríamos haberlo hecho mejor y comprender por qué no lo hemos conseguido. El análisis no suspende el juicio moral, no vacuna contra la culpabilidad, sino que induce al practicante a aceptar que no es una máquina infalible, a tener en cuenta sus preferencias, dudas, espacio vacíos, lapsos de memoria, opiniones adoptadas, aversiones y predilecciones, y otras debilidades inherentes a la condición humana
La propuesta de Smith de un nuevo contrato es brillante pero irreal y probablemente innecesaria.
¿De verdad que hay que contar toda la verdad sobre los Reyes Magos? ¿Y la ilusión?
La sociedad de mercado, las demandas de los pacientes, el deslumbramiento de la innovación irrelevante, etc, nos seguirán obligando a jugar con unas reglas no totalmente transparentes, ambiguas la mayoría de las veces.
Si embargo, siempre habrá alguna ventana de oportunidad para la acción profesional genuina y, sobre todo, para que los Reyes Magos no se engañen a sí mismos
¿Creen los Reyes Magos en los Reyes Magos?
Dice Perreneud:
La práctica reflexiva no nos dirige específicamente a aclarar un error estrictamente técnico, sino más bien, una postura inadecuada, un prejuicio sin fundamento, una indiferencia o una imprudencia, una impaciencia excesiva, una angustia paralizante, un optimismo o un pesimismo exagerados, un abuso de poder, una indiscreción injustificada, una falta de tolerancia o injusticia, un fallo de anticipación o de perspicacia, un exceso o falta de confianza, un conflicto de interés..; en definitiva, actitudes y prácticas relacionadas con los pacientes, el saber, el trabajo, la organización, etc
Y esta es, niños, la verdad sobre los Reyes Magos: 
Los médicos no existen...
Los médicos son... los Reyes Magos
Abel Novoa (de guardia con los Reyes)

sábado, 25 de abril de 2020

Kos : Primera escuela de medicina del mundo donde comenzó Hipócrates a ejercer ( fotos enviadas por ISA )

Se cree que el antiguo médico Hipócrates nació en Cos, y en medio de la ciudad se levanta el Árbol de Hipócrates, un templo donde tradicionalmente se cree que enseñó. La pequeña ciudad es asimismo sede del Instituto Internacional Hipocrático y el Museo Hipocrático, dedicado a él. Cerca del Instituto se encuentran las ruinas del Asclepeion, donde Heródico enseñó medicina hipocrática.




Profesionalismo

La medicina hipocrática destacaba por su estricto profesionalismo, caracterizado por una disciplina y práctica rigurosas.[32] La obra hipocrática Sobre el médico recomienda que los médicos siempre fueran bien aseados, honestos, tranquilos, comprensivos y serios. El médico hipocrático daba especial atención a todos los aspectos de su práctica: debía seguir especificaciones detalladas para «la iluminación, el personal, los instrumentos, el posicionamiento del paciente y las técnicas de vendaje y entablillado» en el antiguo quirófano.[33] Debía, incluso, mantener sus uñas con una longitud precisa.[34]
También se daba mucha importancia a las doctrinas clínicas de observación y documentación. Estas doctrinas dictan que los médicos tienen que registrar sus descubrimientos y métodos medicinales de manera muy clara y objetiva, a fin de que estos registros se puedan transmitir y utilizarse por otros facultativos.[10] Hipócrates anotaba regularmente y de manera precisa muchos síntomas, incluyendo la complexión, el pulso, la fiebre, el dolor, los movimientos y la excreción.[27] Se afirma que medía el pulso de los pacientes cuando examinaba por primera vez al enfermo para saber si mentía.[35] Hipócrates extendió las observaciones clínicas a la historia familiar y el ambiente.[36] Garrison apunta que «la medicina debe a Hipócrates el arte de la inspección y la observación clínicas».[26] Por este motivo, quizás resulta más correcto llamarlo el «Padre de la medicina clínica».[37

domingo, 26 de enero de 2020

El pensamiento reflexivo : algo que no abunda en la práctica médica

Recuerda este texto de Smith una entrada de 2011 en un oscuro blog llamado "la momia que habla":

"El problema que subyace en la mayoría de los profesionales sanitarios es intelectual...de profundidad ... de falta de pensamiento reflexivo"
A diferencia del oficio -donde el que lo ejerce está centrado en el dominio de unos saberes técnicos- en una profesión, además de los saberes técnicos, es necesario "construir una autonomía y un criterio profesional".
El profesional es siempre ejecutor pero, a la vez, inevitablemente, también creador
El profesional verdaderamente se la juega en su capacidad de trascender la mera actividad técnica, su capacidad para enmarcar su desempeño en un contexto mayor y darle un significado a su tarea.
Buena parte de los profesionales hacen evolucionar su práctica de una manera muy egocéntrica, desde la inicial incomodidad inherente a aprender un oficio hasta que hallan un equilibrio satisfactorio (es lo que Smith señala como "no decepcionar a los pacientes").
En la entrada del blog de "la momia que habla" podía leerse:
"Es frecuente encontrar a profesionales sanitarios que no aspiran a ejercer realmente una profesión: prefieren funcionar respetando un “protocolo” o los procedimientos prescritos, alcanzado un cómodo equilibrio en su práctica. Un equilibrio en el que todo va a favor para que sea confortable: las demandas de los ciudadanos consumidores de salud (cuanta más medicina mejor), los intereses de la industria, la negligencia de los gestores públicos, los intereses corporativistas de la profesión, etc."

jueves, 2 de enero de 2020

A los 81 años sigue con ideales médicos

La guerra me persigue”

¿Qué ha impulsado al cirujano italiano de 81 años, Sergio Adámoli, a operar en los conflictos de El Salvador, Somalia o Angola y a dedicarse ahora a la formación de paramédicos africanos?




Sergio Adámoli posa en el porche de su vivienda en Beleko, Malí.


Aquellos que saben que Sergio Adámoli (Téramo, Italia, 1934) ha tenido tantas vidas como años —y ya cuenta con 81— le piden de vez en cuando que describa una de sus batallitas. Entonces él mira hacia el infinito, da una chupada a su inseparable pipa y se va lejos, muy lejos: a Somalia, a Angola, a El Salvador…
Cuando Adámoli habla, mezcla sin darse cuenta el español aprendido durante años en Latinoamérica, el francés que ahora usa en Malí y un marcado acento italiano que no ha logrado quitarse tras una vida entera recorriendo algunos de los lugares más inhóspitos del planeta. Ha pasado buena parte de su vida de guerra en guerra aunque nunca empuñó un arma, pues la suya siempre fue el bisturí. Pero mucho tiempo antes de esta azarosa vida, este italiano —genovés de corazón, insiste— ya tenía historias que contar.
El pequeño Sergio era un niño inquieto al que le encantaba inventarse aparatos, por eso toda su familia pensó que iba para ingeniero. Pero cuando llegó la adolescencia, sus inclinaciones resultaron ser otras. “Al terminar la secundaria dudaba entre geología y medicina; me quedé con la segunda porque era la que se estudiaba en Génova. Acerté al elegir la medicina porque me llenó” cuenta desde el tranquilo jardín de su casita de Beleko, una aldea remota y paupérrima del Este de Malí.
El joven Adámoli tenía por entonces una visión muy idealista de la profesión, reconoce ahora, y soñaba con parecerse al doctor Albert Schweitzer, premio Nobel de la Paz en 1952 y fundador de un hospital en Gabón donde atendió a miles de pacientes. Un poco más adelante surgió otra figura romántica: el cirujano Norman Bethune. “Era una hombre muy comprometido con la izquierda, estuvo en España con las brigadas internacionales y fue artífice de las primeras transfusiones de sangre en la misma línea de fuego”, describe. “Este me gustaba mucho más porque se acercaba a mis ideales políticos”.
Sergio Adámoli no tenía ni idea de cuánto se iba a parecer su vida a la de su admirado Bethune. Pero en aquel entones, ésta era mucho más corriente: recién casado, con un hijo de corta edad y la carrera recién terminada, necesitaba aprobar el examen del Estado italiano para poder ejercer la medicina, pero la convocatoria nunca llegaba. Como necesitaba un empleo, aceptó una plaza en un hospital suizo y más tarde una beca en Moscú para especializarse en cirugía torácica. Al volver, su vida dio un vuelco: fue diagnosticado de tuberculosis. “¡Me quedé cuatro años ingresado, no me curaba nunca! ¡Era un desastre!”, exclama, todavía escandalizado. Fue ingresado en un hospital “en una montaña altísima, lejos, en la frontera con Suiza, donde todo el mundo era tuberculoso: el médico, las enfermeras, los cocineros, las lavanderas… Era un mundo de tuberculosos, ¡un mundo absurdo!”, añade entre carcajadas.
Al cabo de esos cuatro años, Adámoli consiguió dos cosas: especializarse en enfermedades pulmonares y curarse “más o menos con los dos pulmones funcionando”. Corre el año 1968 y recupera su vida genovesa. Estamos en la época de los brigadas rojas, el grupo revolucionario de izquierda radical que acabó siendo considerado una formación terrorista. El cirujano participa en mítines y otras actividades reivindicativas, sobre todo a favor de la libertad de los presos políticos y la tranquilidad no le dura mucho: “En 1979 me cae encima una acusación de terrorismo”. ¿Fundamentada? “Más o menos…”, responde, jocoso. “No soy un ejemplo a seguir, pero aquel era un momento importante en el mundo, con el mayo francés, Pinochet en Chile, la independencia de Vietnam en el 75, Portugal mandando a la mierda a los fascistas en el 73, España también… Yo me quedé atrapado en el juego pirotécnico”. Unos “amigos internacionales” le ayudaron a escapar de Italia, donde ya era buscado por la Interpol, y le hicieron llegar hasta Angola, que en ese momento se desangraba en una guerra tras su independencia que duró 20 años, hasta 2001.

Lo más difícil, como médico, era que tenía que enfrentarme a cualquier situación con los medios que tenía
El italiano, que ya por entonces se había divorciado, comenzó a trabajar en el hospital militar de Luanda y allí aprendió otra rama de la medicina sobre la marcha: la cirugía de guerra. Aguantó hasta 1982, cuando en El Salvador ya se libraba una guerra civil entre el Gobierno derechista y la oposición de izquierdas. “Yo pensé: bueno, me voy a ayudar a esa gente. Así que salgo de Angola, voy a Portugal, luego a Nicaragua y desde allí establezco contacto con la guerrilla salvadoreña y entro en el país. Siete años me quedé ahí y fue un poco complicado, sí…”.
Cuando habla de El Salvador, se queda como ausente. “De todo me pasó. Lo más difícil, como médico, era que tenía que enfrentarme a cualquier situación con los medios que tenía. Operar una persona prácticamente sin nada…” rememora mientras fuma sin tregua. Fuma tanto que su blanquísimo bigote se ha teñido de amarillo y marrón según se aproxima a las comisuras de la boca. “Tenía todo el quirófano en la mochila. Cuando había algo construíamos una mesita y operaba allí mismo, no tenía material estéril ni posibilidad de hacer radiografías... Nunca sabías lo que ibas a encontrar, pero el 99% de lo que curé fueron heridas de guerra”.
Este veterano médico podía haber elegido un camino menos peligroso, como todos los italianos que conoció en Nicaragua, asentados y con una vida nueva y tranquila, pero él no estaba de acuerdo. “Yo estaba buscado por la Interpol, ¿qué podía hacer? Podía haber ido a un sitio sin guerra pero por mis convicciones políticas pensaba que tenía que aportar algo. Después de tanto luchar, no íbamos a parar ahora”.
Mientras Sergio operaba en medio de la nada, en Italia fue sometido a cuatro procesos judiciales y absuelto en todos ellos. Era el año 1991 y se acercaba la hora de volver a casa. “Regresé a Génova pero no fue fácil porque yo no aceptaba el mundo que me encontré. Había estado fuera 13 años y era muy diferente para mí”, reconoce. Quería volver a El Salvador, pero era consciente de que debía trabajar hasta los 65 para poder jubilarse y obtener una pensión. Le quedaban cuatro, así que los pasó en su hospital de siempre, donde había recuperado su plaza.
Llegó 1996, se jubiló oficialmente y se marchó a África de la mano de varias ONG. “A mí la guerra me persigue porque salgo de El Salvador y caigo en Somalia. Salgo de allí y caigo en Angola. Y otra vez a operar sin nada. Y después termino en Angola y me voy a la República Democrática del Congo: otro desastre, otra guerra. Pero ya terminé con eso, dejé de operar a partir del año 2005”, concluye.
Es inevitable preguntarle por sus recuerdos de Somalia en aquel 1996, cuando el país se desangraba en un conflicto que ha degenerado en el Estado fallido que es hoy. “Recuerdo las ganas de salir de allí y no volver más; ese país me hace cambiar a peor, sales sintiéndote más mala persona que cuando entraste”, responde con enfado. “Son unos hijos de puta terribles, no lo aguantaba más. Siempre con fusiles, me robaban en el hospital y si me quejaba me sacaban el arma y me preguntaban si de verdad quería protestar”. En una ocasión casi le matan, dice, porque alquiló un automóvil a una kabila (una tribu) y otra se ofendió porque no se lo había pedido a ellos. “Dispararon al coche y asesinaron a mi guardaespaldas, el chófer fue herido y yo salvé la vida de milagro”.


Sergio Adámoli escucha a un grupo de mujeres durante una reunión para iniciar un proyecto de planificación familiar en Beleko, Malí.


Sí tiene buenas palabras para las mujeres de Somalia, “todas lindísimas pero todas mutiladas”, recuerda con pesar. Entre ellas, una excepcional: la sultana de Merka, que se oponía a la ablación. “Me sorprendió porque yo intentaba que anestesiaran a las chicas para que la práctica fuera menos dolorosa y ella no quería. ‘Si no hay dolor cortan más, pero si les duele las niñas lloran, se mueven y patalean, así que les cortan menos’, me dijo”.
Sergio Adámoli no es un anciano que viva sumergido entre recuerdos del pasado. La razón principal es que no tiene tiempo porque aún hoy, pese a haber dejado de operar, sigue en activo. Trabaja para Medici in África, una organización que pertenece a la Universidad de Génova y que ofrece cursos de formación in situ a jóvenes doctores y enfermeras africanos. Ya no viaja tanto por dos razones: que los seguros no se la juegan con él, —“no me aseguran porque soy muy viejo y el riesgo de que me muera fuera es alto”—, y porque la crisis económica redujo los fondos para la cooperación al desarrollo, y él lo ha notado.
A pesar de los obstáculos, el cirujano acaba de terminar un trabajo de tres meses con la ONG vasca Osalde en Beleko, un pueblo del Malí más rural, donde ha estado enseñando un curso de cuidados post operatorios a las enfermeras del centro de salud. Aunque dice que no puede soportar más el calor de esta parte del Sahel, ha trabajado hasta el último día, que ha empleado en reunirse con un grupo de mujeres y con las autoridades locales para impulsar un programa de planificación familiar. Y vuelve ya mismo a Génova, donde no se podrá quedar mucho tiempo de brazos cruzados: en marzo recibirá a un grupo de 30 jóvenes enfermeros y matronas de Senegal para recibir una formación de tres meses.
¿Extraña operar? Sí y no, afirma. “En los últimos tiempos tenía bastantes dificultades y después de una intervención me quedaba pensando si lo había hecho bien. Pero me gustaba mover las manos, inventarme cosas… Cada cirugía era diferente”.

jueves, 10 de octubre de 2019

Medicina de martillos a la busqueda de clavos ( Blog Gerente Demediado)

La medicina de hoy en día es una medicina de martillos a la búsqueda de clavos: si no lo ven se lo inventan. Quizá porque lo difícil, lo esforzado, lo complejo es demasiado exigente y preferimos escapadas más sencillas , calmando nuestra conciencia con eso tan socorrido” apliqué el protocolo” o “ no encontré nada”.
No estaría de más volver al viejo arte si de verdad uno quiere ser médico, y ese camino no admite atajos ni rutas sencillas. De momento no estaría mal imprimir en cada consulta estas 10 recomendaciones de Adam Cifu:
1.- Presta atención al problema principal escrito por enfermería.
2.- Atiende “de verdad” a los signos vitales, que por algo son vitales.
3.- Asume siempre que el colega que atendió antes al paciente es inteligente, pero nunca aceptes ciegamente el diagnóstico realizado por otro médico.
4.- Valora la función renal y las interacciones entre fármacos antes de realizar ninguna prescripción.
5.- Si tu decisión de dar de alta a un paciente no te deja ir a dormir, reconsidera la decisión.
6.- Si tu decisión de no revisar un síntoma no te deja ir a dormir, reconsidera tu decisión.
7.- Nunca es demasiado tarde para reconsiderar una decisión.
8.- Nunca excluyas un diagnóstico ante la ausencia de un síntoma o signo.
9.- Nunca temas pedir ayuda
10.- Baja el ritmo, relájate, escucha, piensa.

domingo, 25 de agosto de 2019

Un neurocirujano en busca de sentido ( Del Blog de Sergio Minué )




One day we were born, 
one day we shall die

The same day, the same second…

Birth astride of a grave, 
the lights gleams an instant

Then it’s night once more

Samuel Beckett

Lucian Leape, el veterano profesor de Harvard, el hombre que empezó a estudiar el error y sus causas cuando nadie lo hacía, enmendó la plana a Donald Berwick sobre los fines que debe tener cualquier sistema sanitario. Berwick hablaba del Triple Objetivo ( Triple Aim) , que incluye mejorar la salud, aumentar la calidad y reducir los costes. Leape echaba en falta un cuarto elemento, tan importante como los otros: el sentido o significado de lo que hacemos Sin éste ninguno de los otros objetivos es alcanzable.
Paul Kalanithi fue desde el principio un hombre en busca de sentido, a la manera de Viktor Frankl. Cuenta en su libro (que mencionábamos en la última entrada y del que se hace eco también The Lancet en estos días), que en su búsqueda particular de significado, la literatura le proporcionó el aporte más importante. En ese proceso de búsqueda descubrió que la encrucijada en la que se encuentran la biología, la literatura, la ética y la filosofía no era otra que la medicina. El sentido resultaba del entrecruzamiento de los valores morales y la construcción de relaciones, y en ambos lugares la medicina encuentra acomodo. Porque son las relaciones, con amantes, amigos, pacientes, la que convierte una vida en algo realmente vivido.
Tal vez por todo eso, eligió neurocirugía como especialidad. Cada operación sobre el cerebro “es, inevitablemente, una manipulación de la sustancia de lo que somos”. Todo neurocirujano debe abordar ese hecho en cada encuentro con un paciente, puesto que la principal preocupación del paciente es si esa intervención sobre una parte tan sensible de su cuerpo ,alterará algo de la esencia de lo que él es.
A menudo el problema principal no consiste decidir entre vivir o morir, sino que clase de vida merece la pena ser vivida: “¿podrías negociar tu habilidad para hablar a cambio de unos meses de vida muda? ¿ ¿Merece la pena eliminar una improbable hemorragia cerebral si el precio es la expansión de tu mosca ciega visual?”
Aún siendo cirujano , Kalanithi es esencialmente un médico. Un buen médico. Como cualquier otro, cada día se enfrentaba a un cerro de papeles, las historias y expedientes de sus pacientes. Pero sabía que no eran solo papeles, sino fragmentos de narrativas personales, con sus riesgos y triunfos. Y precisamente por ello decidió tratar a todo sus expedientes como lo que eran, pacientes, y no al revés. Tenía miedo de convertirse en el estereotipo de médico que contaba Tolstoi, “preocupado de formalismos vacíos, centrado en el tratamiento repetitivo de la enfermedad ,ignorando completamente el inmenso significado humano”.
Frente a tanta presión para convertir el ejercicio de la medicina en una actividad industrial más, capaz de ser estandarizada y despersonalizada , Kalanithi propone precisamente todo lo contrario: “encontrar un espacio donde ella es una persona, y no un problema a resolver”.
Porque por desgracia la medicina va adquiriendo cada vez más ese matiz, la de la aplicación de procedimientos altamente sofisticados destinados a resolver problemas. Escribe Kalanithi:
La excelencia técnica no es suficiente. Como residente mi mayor objetivo no era salvar vidas-todos  acabamos muriendo-sino guiar al paciente y su familia en el entendimiento de la muerte y la enfermedad. Las familias reunidas alrededor de sus seres queridos a menudo no reconocen el significado completo de lo que está ocurriendo. Ellos ven el pasado, la acumulación de los recuerdos, el reciente amor sentido, representado en el cuerpo que yace ante ellos. Yo veo en cambio los posibles futuros, la ventilación mecánica a través de un agujero abierto en el cuello, el líquido macilento que sale del abdomen, la recuperación lenta y dolorosa y a menudo solamente parcial, que en algunas ocasiones nunca retorna a la persona que un día conocieron. En esas ocasiones yo no actúo como un enemigo de la muerte, sino  como su embajador. Tengo que ayudar a esas familias a entender que la persona que conocieron ( el ser humano vital e independiente)  vive ya en el pasado y que necesito su ayuda para entender qué tipo de futuro quieren para él. Mi objetivo entonces es construir un acuerdo con un compatriota que sufre: aquí estamos juntos, y yo prometo guiarte lo mejor que pueda”.
Posiblemente como escribía Beckett la vida solo resplandece un instante, y ante de que nos demos cuenta habremos vuelto a la oscuridad. Kalanithi demuestra que es posible a pesar de su brevedad, darle a esa instante todo su sentido.