Translate
domingo, 19 de abril de 2026
Àlex Gómez-Marín, neurocientífico y físico: "Hay mente más allá del cerebro y la ciencia lo puede demostrar"
A pesar de sus espectaculares descubrimientos y logros, la ciencia no es capaz de explicar qué es la subjetividad: ese flujo de consciencia, ese "qué es sentirse algo" tan familiar para quienes existimos, que se apaga cuando dormimos profundamente y representa lo único de lo que podemos estar seguros. Esa incapacidad se debe a que Galileo sacó hace 400 años la supuesta alma (en la que, por cierto, creía) del estudio científico del mundo, limitándolo a lo objetivo, cuantitativo y matematizable. El dolor, el placer, la ilusión, la caricia de una brisa, el sabor de una fresa o la visión del azul del cielo quedaron así fuera.
El físico y neurocientífico barcelonés Àlex Gómez-Marín, investigador senior del Instituto de Neurociencias de Alicante y científico titular del CSIC, es uno de los abanderados internacionales de una nueva ciencia de la consciencia que se abra al estudio de la subjetividad, incluyendo las experiencias al límite (como las cercanas a la muerte o las místicas) y fenómenos paranormales como la percepción extrasensorial. Colaborador de Robert Lawrence Kuhn en la monumental recopilación de teorías de la consciencia A Landscape of Consciousness (Un panorama de la consciencia), es uno de los pocos españoles que juega ahora mismo en la Champions League de los estudios de la consciencia, con decenas de artículos publicados en revistas científicas. Lo cual parece compatible con salir en el programa televisivo de Iker Jiménez.
Gómez-Marín, que hace cuatro años tuvo una experiencia cercana a la muerte, no descarta que la mente vaya más allá del cerebro, que este sea más una antena o filtro (como creía el filósofo Henri Bergson) que un productor de contenidos. Si así fuera, la muerte no significaría un final para la consciencia. Su libro La ciencia del último umbral (Editorial Temas de Hoy), que llegó a colarse en la lista de los 100 más vendidos en Amazon en todo el mundo, es todo un puñetazo en la mesa contra el cientificismo (la creencia de que la ciencia es la única vía válida de conocimiento) y el materialismo, que considera la peor de las pseudociencias. También es un intento de sacar del armario a mucha gente que ha tenido experiencias como la suya y siente vergüenza de contarlas. Y de hacer aliados en la opinión pública en su batalla contra una visión estrecha de la ciencia, que ve como un obstáculo al avance de la propia ciencia y del conocimiento en general.
PREGUNTA: Salir de la ortodoxia ya te ha traído algún que otro desencuentro. ¿Cómo encajas las críticas recibidas por algunos colegas científicos o la propia Sociedad Española de Neurociencia (SENC)? (Esta envió una carta en octubre a un conocido periódico de tirada nacional expresando su "profundo malestar" por la publicación en dicho diario de una entrevista a Gómez-Marín que daba "relevancia a opiniones no científicas").
RESPUESTA: La carta me disgustó profundamente, ya que los firmantes (media docena de colegas míos de profesión) me faltan al honor públicamente sin aportar ningún dato empírico ni razonamiento más allá de los clásicos exabruptos dogmáticos que descalifican como pseudociencia todo aquello que desafía la estrecha visión ateo-materialista del mundo. Le escribí de inmediato un cordial correo al presidente de la SENC para invitarle a una conversación privada y amistosa. No me respondió. Tres semanas después, le envié un segundo correo invitándole a un debate público sobre la cuestión, entendiendo que estaría interesado en impugnar mi supuesta "desinformación". Tampoco tuve noticia alguna por su parte. Pasaron ocho semanas y, tras cuatro correos sucesivos por mi parte, el silencio administrativo se rompió con una insustancial contestación burocrática sin disculpa ni intención de entrar en materia. Me temo que sobre el estudio actual de la consciencia humana los adalides de la verdad científica absoluta saben poco o nada. Algunos colegas míos, neurocientíficos internacionales de primer nivel, me han preguntado si la Inquisición sigue vigente en España en pleno siglo XXI.
“Algunos colegas internacionales me han preguntado si la Inquisición sigue en España.“
P: Al denunciar que hay mucho fraude en el estudio de lo paranormal, das por hecho que hay cosas ciertas: por ejemplo, que no todos los médiums son unos timadores. Son afirmaciones que sorprenden a gente con un sano escepticismo.
R: El sano escepticismo consiste en dudar también de tus propias creencias, no solo de las de los demás o de las que no te gustan. Además, algunos confunden escepticismo con negacionismo. Claro que hay médiums farsantes, pero también hay fraude en la abogacía, la fontanería y la ciencia, por poner tres ejemplos. ¿Invalida eso al gremio entero? Hasta nuestro venerado Santiago Ramón y Cajal se interesó por los médiums. Él mismo nos lo cuenta en su autobiografía Recuerdos de mi vida: "Para estudiarlas metódicamente (...) organizamos un Comité de investigaciones psicológicas (...). Por mi casa, convertida al efecto en domicilio social, desfilaron especies notabilísimas de histéricas (...) y hasta de acreditados médiums espiritistas".
Nuestro queridísimo Premio Nobel añade: "No escatimé gasto ni diligencia para procurarme los sujetos dotados de virtudes más trascendentales". Y más abajo confiesa: "Durante aquellas épicas pesquisas sobre la psicología morbosa, solo se me resistieron tenazmente esos fenómenos extraordinarios, confinantes con el espiritismo, a saber: la visión a través de cuerpos opacos, la transposición sensorial, la sugestión mental, la telepatía, etc.". ¡A ver ahora quién se atreve a llamar a Cajal pseudocientífico por investigar los límites de la mente humana!
P: Tu experiencia cercana a la muerte ha sido un factor clave. Porque hablas de algo que has vivido en primera persona, una experiencia que además calificas de hiperreal. ¿Hasta qué punto ha sido una experiencia transformadora?
R: A nivel personal ha sido verdaderamente transformadora: ahora le tengo menos miedo a la muerte y más curiosidad. Además, puedo atestiguar (como tantas otras personas que han estado en el umbral) que el tránsito de la vida a la muerte es una experiencia maravillosa. ¡Una de las mejores de tu vida! Quienes hemos estado con un pie en el "más allá" sabemos que es un lugar muy hermoso, lo más espléndido que hayas visto nunca. Dicho esto, quiero recalcar que vivir es sin duda el mayor regalo. A nivel profesional, esto me ha transformado también: tras veinte años de carrera, he decido emplear todo mi bagaje como físico teórico y neurocientífico al estudio de la consciencia humana, incluidos "los márgenes" de la mente en el mundo real (marginados, pero también frontera de conocimiento). He reorientado todos mis esfuerzos hacia esta gran hipótesis: hay mente más allá del cerebro y la ciencia lo puede demostrar. Estoy en paz y entusiasmado, aunque de vez en cuando tenga que lidiar con alguna "experiencia cercana a la muerte científica"...
P: ¿Y si todo fue un artificio de la mente, conjugado con un cierto autoengaño muy natural (todos tenemos ansia de trascender, nadie quiere morirse)?
R: Puede ser. Me gustan mucho las preguntas que empiezan con un "y si", pues abren puertas en vez de dar portazos. En mi libro examino una por una todas las posibles explicaciones y objeciones a tan enigmático fenómeno. No sobrevive ni una materialista. Resulta que durante décadas aquellos que NO habían estudiado el tema (tanto científicos expertos en otros temas como divulgadores folclóricos) nos aseguraban que "sabían que NO", que no hay nada, cuando ahora se ven obligados a confesar que en el fondo "NO sabían". Tomaron como premisa su conclusión, y su hipótesis de que la mente no es nada más que la actividad del cerebro se convirtió en dogma científico. Por lo tanto, creían (y nos hacían creer) que cuando el cerebro muere, tú mueres con él. Punto y final. A veces me preguntan si con mis investigaciones no estoy dando falsas esperanzas. No es mi objetivo, pero tampoco veo qué hay de malo en darle esperanzas a la gente. Más aún cuando durante tanto tiempo se han repartido tantas falsas desesperanzas en nombre de la ciencia.
“No es mi objetivo, pero tampoco veo qué hay de malo en darle esperanzas a la gente.“
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario