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martes, 9 de junio de 2026
Byung-Chul Han, filósofo: "En el futuro habrá una profesión llamada oyente. Acudiremos a él porque apenas quedará nadie más que nos escuche. Escuchar es dar, lo único que ayuda al otro a hablar" El filósofo surcoreano advierte que cada vez hablamos más, pero escuchamos menos. En una época acelerada y llena de ruido, prestar atención al otro se ha convertido casi en un acto de resistencia.
Estás contando algo. No un drama, quizás es solo algo que te ronda por la cabeza desde hacía días y que necesita salir. La otra persona asiente. Te mira. Pero sus ojos tienen esa textura particular de estar calculando la respuesta antes de que hayas terminado. Y cuando terminas, habla ella. Lo que contaste le recordó algo propio, y ese algo tira del hilo, y de repente la conversación ya no es tuya.
De esa deriva deshumanizante advierte ahora Byung-Chul Han, uno de los filósofos más reconocidos de la actualidad: "En el futuro habrá, posiblemente, una profesión que se llamará oyente. Acudiremos al oyente porque, aparte de él, apenas quedará nadie más que nos escuche. Hoy perdemos cada vez más la capacidad de escuchar… Escuchar es un prestar, un dar, un don. Es lo único que le ayuda al otro a hablar".
Esta no es una escena propia de la modernidad. Hace más de tres mil años, Pitágoras ya exigía a sus discípulos que aprendieran a escuchar antes de hablar, y que respetaran siempre el silencio: "La educación del alma comienza por aprender a oír. En el silencio se descubren las verdades que el ruido nos oculta." Tres mil años después, la advertencia sigue siendo la misma.
scuchar, dice Han, no es un acto pasivo. No es simplemente callarse mientras el otro habla. Es algo mucho más exigente: es entregarse al otro. Es dejar de estar en uno mismo el tiempo suficiente como para que el otro exista de verdad. Es prestar atención de verdad. Y eso, hoy, cuesta. Cuesta porque vivimos en una sociedad que ha construido todo alrededor de la visibilidad propia.
La cuestión según Han no es que seamos malas personas. No es un fallo individual. El problema es colectivo. Vivimos en la cultura de la exposición constante. Publicamos, proyectamos y exponemos constantemente nuestro "yo". En esto, las redes sociales han convertido la vida en contenido y las conversaciones en trampolín para el propio relato. Hablar con alguien se parece cada vez más a esperar turno para hablar de uno mismo.
. Así nos advirtió el filósofo cínico Diógenes en la antigüedad: "Tenemos dos oídos y una sola lengua para que podamos oír más y hablar menos"
Pau Masmartí
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