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lunes, 23 de marzo de 2015

Lewis Carroll no era una maravilla

La bisnieta de la niña que inspiró el personaje de Alicia publica una novela sobre aquel caso

Vanessa Tait, bisnieta de Alice Liddell, en festival Kosmopolis de Barcelona.
Vanessa Tait, bisnieta de Alice Liddell, en festival Kosmopolis de Barcelona. / Juan Barbosa
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No hay alrededor ningún conejo blanco que llegue tarde, ni Sombrerero o Gato de Cheshire alguno, pero ahí está sentada y con un té en la mano ¡la bisnieta de Alicia! Es imposible no sentir una instintiva corriente de simpatía por la descendiente de la jovencita que inspiró a Lewis Carroll para crear a la protagonista de Alicia en el país de las maravillas y la continuación de sus aventuras, Alicia a través del espejo.
Vanessa Tait (Wiltshire, 1971), bisnieta de Alice Liddell (Westminster, 1852), es la portavoz de la familia y la autora de una novela que aparecerá en julio, The Looking Glass House, sobre la relación entre Carroll y la niña de 10 años —una relación que ha hecho correr ríos de tinta—. Está contada desde el punto de vista de la institutriz, la señorita Prickett, también un personaje real. Tait ha participado en el festival Kosmopolis en el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona (CCCB), que ha conmemorado los 150 años del nacimiento literario de Alicia.
“He buceado en los recuerdos y la historia de la familia para escribir la novela, resultado de 10 años de investigación”, explica Tait, una joven atractiva y simpática de aspecto definitivamente nada victoriano pero de soñadores ojos castaños y larga trenza. “He ficcionalizado los hechos y los cuento desde la perspectiva de la institutriz, una mujer naíf a la que Carroll utilizó para acercarse a las niñas Liddell a su cuidado”.
Tait dice que Carroll (seudónimo de Charles Lutwidge Dodgson) tenía un lado oscuro, “muy raro”, y está segura de que en la relación del escritor con Alice, a la que convirtió en su heroína, había algo más que sentimientos inocentes. “Carroll era increíblemente encantador pero también muy calculador, hacía que las niñas se lo pasaran muy bien y cautivó a la institutriz”. ¿Qué se cuenta en la familia sobre esa situación? “Mi familia tiene cartas privadas de las que se desprende que Lewis Carroll quería casarse con Alice, aunque nunca hizo proposiciones. En una de esas cartas, de su hermana mayor, Lorina, a Alice, cuando ambas eran ya ancianas, se menciona que el escritor era demasiado afectuoso con esta y la sentaba sobre sus rodillas. La madre de mi bisabuela habló con Carroll del tema del afecto excesivo, que le preocupaba, y este al parecer se enfadó y, ofendido, dejó de acudir a casa de los Liddell. El tema está abierto a muchas interpretaciones”. Ya, pero ¿qué cree ella? “Creo que sí, que la quería, que aspiraba a casarse con Alice —se especula con que pidiera su mano a los 11 años (entonces él tenía 31)—, pero que nunca forzó los límites”. ¿Los nuestros o los victorianos? “Es cierto que los nuestros son mucho más estrictos en lo que a la relación con menores se refiere. Pero yo diría que ni los unos ni los otros”.
Era un hombre extraño, muy reprimido, con interés excepcional por las jovencitas
¿Qué opina de la afición de Carroll de hacer fotos de niñas desnudas? Por muy amigo de los prerrafaelitas que fuera, eso nos suena hoy a pedofilia... Tait medita la respuesta. “Creo que era un hombre extraño, muy reprimido, con un interés excepcional en las jovencitas, a las que convertía en sus amiguitas ideales, pero no creo que fuera más allá. En todo caso, Alice lo recordó siempre con afecto”.
¿Qué se siente al ser bisnieta de Alicia? “Es fantástico, soy muy afortunada. Considero que me ha tocado una lotería genética, y es muy inspirador para escribir”. ¿Le suceden cosas extrañas? Tait ríe abiertamente. “Definitivamente, te predispone a la vida artística”. ¿Cuándo lee las aventuras de Alicia siente afinidad con el personaje, algo familiar? "Creo que lo realmente fantástico es que todos nos sentimos identificados con Alicia al leer los libros". La bisnieta apunta que el secreto de las novelas, que adora, es que traducen muy bien la extrañeza de la entrada en el mundo de los adultos. "Son verdaderas historias de iniciación, esa es la clave. Por otro lado, el interés del autor por los problemas lógicos y por lo grotesco le añade otras capas fascinantes". ¿Habrá influido en ese mundo extraño la ingesta de sustancias psicoactivas de algún tipo? "Hongos no, pero opio, que se usaba entonces medicinalmente, es posible".
La bisnieta dice que, pese a que fuera un hombre tan complejo, no dudaría un momento en abrirle la puerta a Lewis Carroll. “Le daría las gracias por escribir un libro que cambió mi vida y lo invitaría a una taza de té”.
Antes de despedirnos le ofrezco unas galletas que he comprado en un colmado marcadas como Magic Creams. A ver qué pasa. Le hace mucha gracia, pero no las toca. “Suelo dárselas a probar a alguien antes”, bromea.

sábado, 21 de marzo de 2015

Elogio del caminar

'Elogio del caminar'
David Le Breton
SIRUELA
Caminar es una evasión de la modernidad, una forma de burlarse de ella, de dejarla plantada, un atajo en el ritmo desenfrenado de nuestra vida y un modo de distanciarse, de aguzar los sentidos.
David Le Breton mezcla en Elogio del caminar a Pierre Sansot y a Patrick Leigh Fermor, pero también hace que Bashô y Stevenson dialoguen sin preocuparse por el rigor histórico, pues el propósito de este exquisito libro no radica ahí, se trata solamente de caminar juntos, de intercambiar impresiones, como si estuviéramos en torno a una mesa en un albergue al borde del camino, por la tarde, cuando el cansancio y el vino nos hacen hablar....
Umbral del camino
Cuando revivo dinámicamente el camino que «escalaba» la colina, estoy seguro de que el camino mismo tenía músculos, contramúsculos. En mi cuarto parisiense, el recuerdo de aquel sendero me sirve de ejercicio. Al escribir esta página me siento liberado del deber de dar un paseo; estoy seguro de que he salido de casa.
Gaston Bachelard, La poética del espacio
Caminar es una apertura al mundo. Restituye en el hombre el feliz sentimiento de su existencia. Lo sumerge en una forma activa de meditación que requiere una sensorialidad plena. A veces, uno vuelve de la caminata transformado, más inclinado a disfrutar del tiempo que a someterse a la urgencia que prevalece en nuestras existencias contemporáneas. Caminar es vivir el cuerpo, provisional o indefinidamente. Recurrir al bosque, a las rutas o a los senderos, no nos exime de nuestra responsabilidad, cada vez mayor, con los desórdenes del mundo, pero nos permite recobrar el aliento, aguzar los sentidos, renovar la curiosidad. Caminar es a menudo un rodeo para reencontrarse con uno mismo.
La facultad propiamente humana de dar sentido al mundo, de moverse en él comprendiéndolo y compartiéndolo con los otros, nació cuando el animal humano, hace millones de años, se puso en pie. La verticalización y la integración del andar bípedo favorecieron la liberación de las manos y de la cara. La disponibilidad de miles de movimientos nuevos amplió hasta el infinito la capacidad de comunicación y el margen de maniobra del hombre con su entorno, y contribuyó al desarrollo de su cerebro. La especie humana comienza por los pies, nos dice Leroi-Gourhan (1982, 168)(1), aunque la mayoría de nuestros contemporáneos lo olvide y piense que el hombre desciende simplemente del automóvil. Desde el Neolítico, el hombre tiene el mismo cuerpo, las mismas potencialidades físicas, la misma fuerza de resistencia frente a los fluctuantes datos de su entorno. La arrogancia de nuestras sociedades podrá ser criticada como se merece, pero lo cierto es que disponemos de las mismas aptitudes que el hombre de Neandertal.

La necedad de no aceptar el progreso ( comic )

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jueves, 19 de marzo de 2015

Dialogo socratico


El enemigo no es la “homeopatía” sino la medicalización de la vida

 

by nmurcia
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Acaba de ser publicada una nueva revisión, realizada por la agencia de evaluación de tecnologías sanitarias australiana, que concluye que la homeopatía no ofrece resultados beneficiosos para la salud. Bienvenidos sean estos trabajos. Sin embargo, lo diré desde el principio: denunciar la homeopatía (o la acupuntura; o las "vitaminas"; o las pulseras magnéticas..) debe ser parte, en mi opinión, en primer lugar, de un movimiento cívico más general contra la medicalización de la vida, es decir, (1) contra la generación de miedo para alimentar el negocio de la salud; (2) contra la expropiación de la capacidad de autocuidados o heterocuidados informales de las gentes mediante prácticas que derivan de la tradición o de explicaciones no científicas de la existencia; y (3) contra la posibilidad de que perviva la libertad para elegir modos de vida o intervenciones entendidas y sentidas por las personas como sanadoras sin que estén distorsionadas por el afán de lucro o el negocio, ni juzgadas, necesariamente, mediante las reglas de evaluación científicas.
Plantear que denunciar la homeopatía -o cualquiera otra de las conocidas como "medicinas alternativas"- es parte de una batalla de la "ciencia verdadera y objetiva" contra la irracionalidad, es "errar el tiro" por varias razones: (1) la medicina convencional está llena de prácticas no basadas en la evidencia científica; (2) gran parte de la efectividad de la medicina convencional tiene que ver con aspectos no científicos de las relaciones sanadoras; (3) la ciencia biomédica basada en conocimiento obtenido mediante la mejor metodología científica está llena de conclusiones irrelevantes para los pacientes y, por tanto, su introducción en la práctica médica es irracional y, con mucha frecuencia, incluso dañina; (4) los argumentos utilizados por los defensores de la medicina científica contra las medicinas alternativas son "positivistas ingenuos" y no aguantan una mínima crítica epistemológica de fondo; (5) la realidad es compleja: existen, por un lado, prácticas etiquetadas como "alternativas" que han pasado a ser consideradas convencionales cuando la ciencia ha avanzado y ha sido capaz de comprender los mecanismos biológicos implicados o evaluar adecuadamente sus resultados (por ejemplo, la fibra para prevenir enfermedades digestivas, la lactancia materna o los partos en el domicilio); y por otro lado, hay ensayos clínicos que han demostrado la efectividad de determinadas prácticas alternativas (desde la moxibustión para disminuir la presentación de nalgas de los bebes, hasta la oración para mejorar los resultados de los pacientes ingresados en una Unidad Coronaria) que han sido rechazadas por la medicina convencional por su "falta de plausibilidad biológica" (un argumento poco científico; de hecho, muchos medicamentos oncológicos han sido aceptados en la práctica médica con menos evidencias que las de estas dos terapias alternativas).
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Dicho de otra manera, y simplificando, la lucha de la medicina convencional contra las medicinas alternativas -intentando que estas prácticas queden fuera de juego y que sea la medicina convencional la que determine, científicamente y en exclusiva, qué es o no es salud y, por tanto, cuáles son los instrumentos legítimos para intentar alcanzarla-, es una estrategia autoritaria y medicalizadora, semejante al abuso de derecho que conceden las patentes o a la invención y/o exageración de enfermedades que lleva a cabo la industria farmacéutica, respectivamente. Es más, probablemente, en parte, existe una batalla comercial entre las multinacionales que explotan las medicinas alternativas (incluyendo suplementos nutricionales, vitaminas, infusiones terapéuticas, productos homeopáticos, nutraceúticos, etc..) y las multinacionales farmacéuticas, en cuyo fuego cruzado se han quedado muchos profesionales comprometidos y bien intencionados (otra cosa es cómo se regulan administrativamente los productos homeopáticos y si deben ser considerados medicamentos; pero no es conveniente mezclar los debates)
Captura de pantalla 2015-03-16 a la(s) 13.01.19El problema de fondo es que las medicinas alternativas están recurriendo a las mismas estrategias medicalizadoras -invasoras, totalizantes, coercitivas, persecutorias, sustentadas en la generación de miedo y creencias irracionales como la posibilidad de prolongar la vida o la juventud indefinidamente, impedir cualquier dolor o sufrimiento o reducir el riesgo a enfermar a cero- que la medicina convencional científica.
En suma, las medicinas alternativas están copiando el exitoso modelo de negocio de la medicina convencional y, en mi humilde opinión, la batalla ciudadana debería estar en (1) evitar la expropiación del concepto de salud que se lleva a cabo tanto desde posiciones "científicas" como "alternativas" y, por supuesto, en (2) desvelar y denunciar el fraude
Creo que es posible la coexistencia de la medicina convencional biomédica con prácticas terapéuticas o sanadoras alternativas basadas en experiencias personales, relaciones terapéuticas no profesionalizadas, la tradición o creencias espirituales. La condición común para aceptar este pluralismo terapéutico no es que todas las "medicinas" estén basadas en evidencias científicas sino que (1) ninguna de ellas sea medicalizadora sino potenciadora de las capacidades de las personas para vivir vidas autónomas, dichosas y no limitadas por el miedo; y (2) que ninguna de ellas "venda más de lo que puede vender", es decir, engañe (y ambas "medicinas" lo hacen)
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Es lo que se conoce hoy en día como medicina integrativa (que me parece interesante en su acepción no comercial) que es aceptada por instituciones tan prestigiosas como el Sloan Center y que, al menos en mi medio, está intentando explorar la interesante iniciativa de la Unidad de Mama del Hospital Morales Meseguer "Integradas en salud", cuyo liderazgo profesional, sin ir más lejos, está en manos de uno de los máximos críticos que conozco tanto contra la homeopatía como contra la mala ciencia.
Es decir, en mi opinión, es posible estar contra los argumentos pseudocientíficos que defienden la homeopatía (esos que "venden más de lo que pueden vender") y que pretenden colocarla a la altura de un medicamento alopático serio como, por ejemplo, la penicilina  y, al mismo tiempo, aceptar su papel "terapéutico" para ciertas condiciones y en determinadas circunstancias.
Lo ideal sería que los ciudadanos supieran, asesorados por profesionales sanitarios (y para esto se necesita formación), cuándo activar una estrategia centrada en la medicina convencional y cuándo y cómo recurrir a vías alternativas. Dejar solos a los pacientes -como hacemos muchos cuando nos preguntan sobre hierbas y otros productos-, ante la impresionante avalancha de mentiras, fraudes y estafadores que hay detrás de muchas de estas medicinas alternativas, es incumplir nuestro compromiso moral de cuidado. Pero también es medicina basada en la superstición seguir utilizando los fármacos alopáticos, "basados en las mejores evidencias", como si fueran productos milagro y además creyendo que su utilización no obedece más que a las necesidades de los pacientes y no a las prácticas de marketing de la industria farmacéutica. Tengo claro que las (inevitables) debilidades y contradicciones del conocimiento científico biomédico no permiten esgrimirlo como si fuera una espada justiciera que ilumina un mundo lleno de mitos y leyendas irracionales. Si aceptáramos este maniqueísmo terapéutico estaríamos sustituyendo un mito por otro.
 
callahan
Pretender que todo el mundo comparta las mismas creencias acerca de lo que produce o no salud es simplificador y autoritario. Por eso es muy recomendable el monográfico que editó Daniel Callahan, cómo no, un crítico pertinaz, desde su formación científica y filosófica, de la innovación biomedica y las falsas creencias e irracionalidad en la que está sustentada. El título ya lo deja claro: "The Role of Complementary and Alternative Medicine: Accommodating Pluralism".
Realizaré varias entradas comentando algunos de sus jugosos capítulos ya que la reflexión sobre las medicinas alternativas, creo, puede iluminar una más amplia sobre la innovación en biomedicina y el estatuto del conocimiento en el que se basa.
Ojalá fuera más sencillo pero la complejidad es, también en este tema, ineludible. Ni blanco, ni negro.. grises.
Acomodemos el pluralismo mediante el debate y no lo hurtemos ni simplifiquemos con eslóganes
Abel Novoa
PD: las opiniones vertidas en esta entrada no son de NoGracias sino estrictamente del firmante