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martes, 13 de octubre de 2026
Unamuno y la papiroflexia por Juan Pablo Cruz
Papiroflexia y no Origami, que parece que es otra cosa o, al menos, no es española y tanto D. Miguel de Unamuno como la Papiroflexia son españoles, muy españoles.
Me parece necesario explicar aquí que es lo que entiendo por Papiroflexia y por qué digo que es distinta del Origami. En esencia el resultado es el mismo, o muy similar, en el plano físico una figurita de papel (origami según el Origami, pajarita o papirola según la papiroflexia) y en el plano espiritual una satisfacción personal por lo creado. Hasta aquí las similitudes y ahora las diferencias (tal y como nos lo venden) El Origami es una tradición japonesa con todo lo que ello conlleva de dar importancia suprema a los modos y maneras, incluso el estudio de la armonía universal con la hoja de papel (¿?) llegando a tocar lo religioso y subrayando el Zen del papel.
Bueno, los japoneses son así, muy exóticos y divertidos con sus ceremonias para tomar el té, mientras que nosotros disfrutamos de un chocolate con churros sin ninguna ceremonia. Con el papel es casi lo mismo, un español puede, sin rasgarse las vestiduras, plegar una papirola en un bar apoyado en la barra, desde luego eso no tiene nada de armonía universal (o a mi me parece así) y desde luego al final está la papelera (¡herejía!) a no ser que el resultado nos complazca especialmente.
D. Miguel de Unamuno es, en muchos aspectos, un plegador español paradigmático. Le encanta la papiroflexia, pero sabe que es un entretenimiento, todo lo importante que se quiera, pero un entretenimiento, y D. Miguel sabe tomárselo a broma. Cuando da nombre a su afición hace derivar el nombre de una palabra francesa «cocote» y saca Cocotología, y escribe una especie de «tratado» muy a lo erudito sobre la Cocotología, esto es sin duda una broma, el español mas acérrimo afrancesando lo más español de la infancia, la pajarita. A primera vista solo se entiende por el ánimo lúdico del escritor, que sí, se emociona jugando y plegando tanto con sus hijos como con otros niños y esta íntimamente satisfecho de sus creaciones y en sus cartas se ve el legitimo orgullo que le producen, pero una vez mas el divertimento se escapa y denomina «Cocotta Unamuniensis» a una de sus creaciones en una carta abierta a una revista, en la que además se despacha a gusto con teorías «científicas» sobre las distintas clases de pajaritas.
La papiroflexia es consustancial a D. Miguel de Unamuno, forma parte de su personalidad, como se demuestra en los retratos que Zuloaga y Solana hicieron de él, en los que junto a los libros aparece una o varias papirolas, es la niñez, el lado divertido de un catedrático de Griego, de un Rector de Salamanca antimonárquico que es cesado de su puesto por la República por defender el alzamiento y por Franco por criticar el alzamiento y que huye de su destierro en Fuerteventura para evitar que le llegue una amnistía, como se ve, una personalidad de lo más conflictiva.
Es divertido comparar esta personalidad inquieta con la del quizás máximo representante del Origami, Akira Yoshizawa que ha dedicado toda su vida al desarrollo de este arte en la placidez de su hogar, con meditación y dictando normas para el plegado… Creo que es bastante clara la diferencia entre Papiroflexia y Origami, a mi, personalmente lo que me gusta es la Papiroflexia, como complemento a una vida cotidiana que hay que vivir pero que deja tiempo para disfrutar de esta afición «infantil».
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