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lunes, 8 de junio de 2020
miércoles, 20 de mayo de 2020
Aníbal el alquimista y Julio Cortázar
Blog de Jesús Ferrero
Cortázar en París (Antonio Gálvez)
Me contaron que había un alquimista porteño que materializaba rosas, como Paracelso y como Borges. Tratándose de un argentino, no lo puse en duda. Siempre he pensado que los argentinos hacen milagros.
Si me dicen que un alquimista belga ha materializado una azucena, o que un alquimista holandés ha materializado un tulipán, puedo gritar: ¡Mentira! Básicamente porque no creo en la magia de los Países Bajos. Pero ahora mismo me dicen que un alquimista argentino ha materializado un elefante del siglo III antes de Jesucristo, y lo creo de inmediato y hasta me parece normal.
Los argentinos pueden materializarlo todo: tragedias, dramas, melodramas, comedias. Poseen un registro amplísimo como actores de la vida, que perciben como un teatro. Son seductores natos porque participan de un sentimiento dramático de la existencia, y los dramas se representan además de vivirse.
Uno de los amigos más nobles y bondadosos que tuve en París fue un argentino que se llamaba Aníbal y que se parecía a Cortázar. No sé qué habrá sido de él. Nos encontrábamos a menudo en el Barrio Latino, nos ofrecíamos cigarrillos, charlábamos un rato. Aníbal también practicaba la alquimia.
Una noche Aníbal dobló una cucharilla sin tocarla, predijo una muerte, nos hizo creer que materializaba una cajetilla de Gitanes, y nos llevó a un café (La Palette) donde estaban cenando Julio Cortázar, un cronopio y una fama. ¿Caben más milagros en una sola jornada?
domingo, 26 de enero de 2020
lunes, 7 de octubre de 2019
In Memoriam Michela Sonego
Cuando Michela Sonego terminó el Programa de Epidemiología Aplicada de Campo (PEAC) hizo una presentación de lo que había sido su carrera laboral previa a ese momento y sus ideas de futuro. Era 2010, había sido estudiante de literatura y escritora a tiempo parcial, pediatra en Italia, pero también en Bolivia o Ciudad Real. Cooperante en Brasil. Médico en Bolivia. Había estudiado enfermedades tropicales en Paris. Y allí estaba, saliendo de una beca de dos años contándonos lo que verdaderamente le hacía levantarse cada mañana de la cama: Ayudar a los demás. Había entrado en el mundo de la Salud Pública tarde, pero se valía de la metáfora de la flor y el jardín para explicar lo que había ganado con ello. Ella como médico pediatra había cuidado de las flores (los pacientes de uno en uno) durante muchos años. Ahora, en el Centro Nacional de Epidemiología, tocaba cuidar del jardín (la población). Pasar de la mirada individual a la colectiva. Sus años con las flores eran imprescindibles para tratar ahora con el jardín. Sin olvidar nunca que aquello, el jardín, no era otra cosa que la suma de mil flores. Y, ya sea de pediatra o de epidemióloga, siempre tuvo especial querencia por algunas de ellas, las más desfavorecidas. Eso nos dijo que haría tras la presentación y así fue después de 2010 donde sus trabajos bailaron entre centros y países, pero siempre tuvo la constante de centrarse en aquellas personas más necesitadas de ayuda. Michela retorció su biografía cuando se cuenta, pero no pudo ser más recta si se mira con cuidado. Se trataba de no mentirse, poco más. De decirse en alto (y decir a los demás) cuando lo que se hacía dejaba de tener sentido. De tener claro que con frecuencia confundimos el indicador con lo indicado. De saber que, si la motivación desaparece, lo demás se desmorona. Que, si no ves sentido a algo, hay que replantearse los motivos por los que se hace. Era una Pepita Grillo que hacía lo más difícil: ser la primera destinataria de sus consejos y no diferenciar entre aquellos que eran cómodos y los que no lo eran. No había filtro entre lo que pensaba y lo que decía. Y esto hubiera sido un defecto de no pensar como lo hacía y con la base ética sobre la que siempre lo hacía. De ahí que no parara de cambiar, de replantearse, de poner en juicio lo que hacía. De detectar y descartar el atractivo de lo que luce más por sencillo que útil. Nunca dejó de aprender. Ni nosotros de ella. Michela murió un sábado por la tarde horas después de volver de su último trabajo. Murió junto a su Maga del alma y Mauro, su amor. Hay una hiperlúcida menos en este mundo y los desfavorecidos han perdido una luchadora por la causa. No nos va a regalar más entusiastas conversaciones, no vamos a volver a oír su risa de niña pequeña ni ver su recolocar de gafas justo antes de señalar que el emperador está desnudo. Pero el lamento principal va por ella. Por lo que le quedaba por sentir, por compartir, por ver, por aprender.
Solo queda repetir lo que el periódico de su tierra natal (Belluno, Italia) tituló tras su muerte: Addio Michela Sonego, bellunese a servizio del mondo. Luis Sordo. Departamento Medicina Preventiva y Salud Pública. Facultad de Medicina. UCM. CIBER en Epidemiología y Salud Pública. Centro Nacional de Epidemiología (ISCIII).
Cuando Michela Sonego terminó el Programa de Epidemiología Aplicada de Campo (PEAC) hizo una presentación de lo que había sido su carrera laboral previa a ese momento y sus ideas de futuro. Era 2010, había sido estudiante de literatura y escritora a tiempo parcial, pediatra en Italia, pero también en Bolivia o Ciudad Real. Cooperante en Brasil. Médico en Bolivia. Había estudiado enfermedades tropicales en Paris. Y allí estaba, saliendo de una beca de dos años contándonos lo que verdaderamente le hacía levantarse cada mañana de la cama: Ayudar a los demás. Había entrado en el mundo de la Salud Pública tarde, pero se valía de la metáfora de la flor y el jardín para explicar lo que había ganado con ello. Ella como médico pediatra había cuidado de las flores (los pacientes de uno en uno) durante muchos años. Ahora, en el Centro Nacional de Epidemiología, tocaba cuidar del jardín (la población). Pasar de la mirada individual a la colectiva. Sus años con las flores eran imprescindibles para tratar ahora con el jardín. Sin olvidar nunca que aquello, el jardín, no era otra cosa que la suma de mil flores. Y, ya sea de pediatra o de epidemióloga, siempre tuvo especial querencia por algunas de ellas, las más desfavorecidas. Eso nos dijo que haría tras la presentación y así fue después de 2010 donde sus trabajos bailaron entre centros y países, pero siempre tuvo la constante de centrarse en aquellas personas más necesitadas de ayuda. Michela retorció su biografía cuando se cuenta, pero no pudo ser más recta si se mira con cuidado. Se trataba de no mentirse, poco más. De decirse en alto (y decir a los demás) cuando lo que se hacía dejaba de tener sentido. De tener claro que con frecuencia confundimos el indicador con lo indicado. De saber que, si la motivación desaparece, lo demás se desmorona. Que, si no ves sentido a algo, hay que replantearse los motivos por los que se hace. Era una Pepita Grillo que hacía lo más difícil: ser la primera destinataria de sus consejos y no diferenciar entre aquellos que eran cómodos y los que no lo eran. No había filtro entre lo que pensaba y lo que decía. Y esto hubiera sido un defecto de no pensar como lo hacía y con la base ética sobre la que siempre lo hacía. De ahí que no parara de cambiar, de replantearse, de poner en juicio lo que hacía. De detectar y descartar el atractivo de lo que luce más por sencillo que útil. Nunca dejó de aprender. Ni nosotros de ella. Michela murió un sábado por la tarde horas después de volver de su último trabajo. Murió junto a su Maga del alma y Mauro, su amor. Hay una hiperlúcida menos en este mundo y los desfavorecidos han perdido una luchadora por la causa. No nos va a regalar más entusiastas conversaciones, no vamos a volver a oír su risa de niña pequeña ni ver su recolocar de gafas justo antes de señalar que el emperador está desnudo. Pero el lamento principal va por ella. Por lo que le quedaba por sentir, por compartir, por ver, por aprender.
Solo queda repetir lo que el periódico de su tierra natal (Belluno, Italia) tituló tras su muerte: Addio Michela Sonego, bellunese a servizio del mondo. Luis Sordo. Departamento Medicina Preventiva y Salud Pública. Facultad de Medicina. UCM. CIBER en Epidemiología y Salud Pública. Centro Nacional de Epidemiología (ISCIII).
domingo, 6 de octubre de 2019
Mi querida amiga Michela ( de Boulevard literario)
"Maloca, Maloca" Michela Sonego
"Mientras balanceo mi insomnio en la hamaca, pienso que aquí todo es tan extraño y tan distinto que, en lugar de asombrarme por las diferencias, me sorprendo al reconocer sonidos, gestos y expresiones familiares. ¿Es posible que los grillos que ahora están cantando en la selva hagan el mismo cricrí que hacen en casa en verano? ¿Y por qué un padre yanomami se preocupa de la misma manera que un padre italiano? ¿Por qué sus ojos almendrados tienen la misma expresión de angustia y temor cuando llega la noche y cree haber perdido a su hijo? Qué extraño es ver a una niña que se agarra a una mazorca de la misma manera que nuestras niñas se agarran a sus muñecas y ver a un viejo que se avergüenza de bajarse los calzoncillos delante de una mujer, justo como le ocurriría a uno de nuestros viejos en el pueblo.
No hay nada que hacer. Estas personas son tan diferentes, tienen costumbres tan alejadas de las nuestras, que me llevará tiempo dejar de maravillarme cada vez que vea cómo su cara adquiere nuestras mismas expresiones, siendo el testimonio de preocupaciones y de sentimientos idénticos."
Entusiasmo, tenacidad, fuerza, vocación...pero ante todo, humanidad. La voz de Michela atraviesa la verde selva amazónica y hace una llamada a la humanidad entera para dar testimonio de que todas las civilizaciones de la Tierra, desde las más avanzadas a las más primitivas compartimos mucho más de lo que a simple vista parece. El miedo, el dolor, el odio, el amor, la alegría...son emociones y sentimientos comunes a todos los seres humanos y esta joven pediatra italiana que convivirá en las selvas brasileñas del Amazonas junto a los menudos e imprevisibles yanomamis, dará testimonio de ello en este entretenido e interesante "diario de a bordo" titulado "Maloca, Maloca. Una pediatra en la Amazonia" publicado por Altamarea ediciones con el que inaugura "Sotavento" una nueva colección de ensayos que promete ser como mínimo igual de interesante que su colección de narrativa italiana.
De manera sencilla y clara, Sonego nos va contando sus vivencias, su experiencia como pediatra en un mundo salvaje y remoto regido por otras leyes y costumbres muy distintas a las suyas. Durante el tiempo que la pediatra italiana trabajará atendiendo la salud de los yanomamis sucederán anécdotas graciosas, algunos acontecimientos sorprendentes, otros tristes, peligrosos, incomprensibles...pues la percepción y la idea de la relación entre hombres y mujeres de esta peculiar tribu amazónica no siempre serán fáciles de entender desde la óptica civilizada y feminista de alguien como Sonego. No obstante todo lo va contando con delicadeza, admiración, ternura y un respeto tremendo por el otro, aunque en ocasiones la venza la indignación y la rabia por lo que percibe injusto y cruel, ya sea el maltrato que sufre en ocasiones la mujer yanomami o el asesinato de recién nacidos que sus madres no quieren.
"¡Ay, estos yanomamis! Tienen miedo de la oscuridad pero castigan a sus mujeres con tizones incandescentes, abrazan con ternura a sus hijos y matan a los neonatos no deseados, lloran de nostalgia por sus parientes y no dudan en golpear a quien es más débil. No son buenos, no son malos, solo están más cerca que nosotros de la naturaleza. Y la naturaleza no es buena ni mala. La naturaleza es bella y al mismo tiempo brutal, dulce y violenta a la vez; hace brotar la vida en todas sus formas y, un momento después, siembra la destrucción y la muerte"
Mi interés por la labor médica y humanitaria de Sonego, después de leer este libro, me llevó a buscar más información en internet y lo poco que encontré sobre ella me conmovió mucho. Tras su experiencia por la Amazonia y después de colaborar en distintos países con Médicos sin Fronteras, acabó investigando y dando clases en la Universidad Francisco de Vitoria en Madrid ciudad en la que falleció. Tenía 54 años y una caída fortuita paseando por las calles madrileñas le ocasionó una conmoción cerebral que hubo que intervenir de urgencias. Un paro cardíaco acabo con su vida en pleno quirófano.
Triste final para una mujer valiente que superó todo tipo de adversidades en plena selva y acabó por encontrar su final en el civilizado asfalto de una capital europea. Para no olvidarla no se me ocurre mejor homenaje que leer "Maloca , Maloca"
NOTA MIA : En la Maloca se limpia colectivamente el corazón y se libera el espíritu; se transmiten oralmente las historias, mitos, ritos, usos y costumbres se ofrece consejo a los niños, jóvenes y adultos; se enseña la forma de trabajar la chagra (huerta), la lengua materna, la caza, las artesanías; se analiza y se reflexiona acerca de los aspectos positivos y negativos del trabajo de cada día; se planifica, se organiza y se comparte la sabiduría; se sana el cuerpo, la mente y el espíritu de las personas y del medio ambiente; se legisla y se imparte justicia restaurativa.
Fotografía de Boulevard literario
NOTA MIA : En la Maloca se limpia colectivamente el corazón y se libera el espíritu; se transmiten oralmente las historias, mitos, ritos, usos y costumbres se ofrece consejo a los niños, jóvenes y adultos; se enseña la forma de trabajar la chagra (huerta), la lengua materna, la caza, las artesanías; se analiza y se reflexiona acerca de los aspectos positivos y negativos del trabajo de cada día; se planifica, se organiza y se comparte la sabiduría; se sana el cuerpo, la mente y el espíritu de las personas y del medio ambiente; se legisla y se imparte justicia restaurativa.
sábado, 14 de septiembre de 2019
domingo, 11 de agosto de 2019
familiando en 4 generaciones
Familiando, en 5 generaciones ( 1890 a 2019)
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| Juan Picco I |
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Emilia Robbiano I . Juan Picco I
Jose Brunetto I - Alba Olivero I![]() |
| Juan Picco II |
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| Familia Picco |
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| Luisa Picco |
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| Alba II |
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| Alba II |
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| Alba II |
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| Maria Emilia ( II) y Alba ( III ) Gabriela |
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| Alba ( III ) Gabriela |
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| Alba ( III ) Gabriela |
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| Alba ( III) Gabriela |
| Alba G |

| Maria Emilia II |
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| Juan ( III ) Ignacio |
Juan ( III ) Ignacio y Alba II
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| María ( III ) Paula y Juan ( III ) Ignacio |
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| María ( III ) Paula |
| Juan ( III ) Ignacio |
| María ( III ) Paula |
| Juan( III ) Ignacio |
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| Agustina |
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Abu y bisa con Agus |
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| Agustina |
Faustino ; nacido el 4 de diciembre 2017
Bisabuela con bisnieto
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