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jueves, 14 de agosto de 2014

LOS BOTONES DE MI MADRE del Blog Medico a cuadros

 


vida en botones 2    Deshacer la casa de tus padres es el siguiente escalón a enterrarlos, un duro trago que se hace con una mezcla de ternura, emoción y tristeza infinita. Es rescatar recuerdos, encontrar pequeños tesoros que no recordabas o que ni siquiera sabías que existían. Te sientes como un ladrón abriendo cajones cerrados con llave, como un intruso que husmea en intimidades ajenas. Encuentras tu propio pasado, recuerdos de infancia, la tuya, la de tus padres, incluso la de tus abuelos, mezclados con trazas de tus propios hijos, fotos, dibujos “para la mejor abuela”, tarjetas…. Podrías pasar días, semanas, quieres terminar de organizarlo pero también quieres que nunca acabe, que continúe como metáfora de aquel primer cordón umbilical, como esa última oportunidad de sentir su olor, todavía en los armarios llenos de sus ropas.
En una de esos ratos de lágrimas y de sonrisas, encontré los botones de mi madre, un enorme regalo para la imaginación y la reflexión. He pasado dos tardes clasificándolos, mirándolos, casi mimándolos y al final dejando plasmada su existencia en esta foto como un homenaje a la mujer excepcional a muchos niveles que fue mi madre. Pero muchos de sus atributos son comunes a una generación de mujeres, aquellas que fueron niñas de la guerra y la posguerra pasando hambre y miedo, adolescentes y jóvenes con una educación limitada (“ser médico es de hombres”), mujeres siempre a la sombra y tutela primero de padres y luego de maridos (la generación que ni siquiera podía abrir una cuenta en el banco o tener una propiedad si no era con un varón) pero excelentes economistas que eran capaces de ahorrar, de dirigir familias numerosas, fantásticas cocineras, cuidadoras dedicadas, maestras de vida. Mujeres que individualmente no han hecho historia pero que como generación trabajaron para levantar un país en ruinas y para que sus hijos fuéramos mejores y tuviéramos más que ellas mismas. Unas luchadoras.
Los botones de mi madre me han contado muchas cosas; he encontrado el pasado familiar en formas varias y materiales diversos: cuero, nacar, metal, madera, plástico….; leo historias en botones de los años 50 que reconozco en una foto amarillenta de mi abuela, los de las trenkas infantiles, ropa de fiesta, de batas de estar en casa, los del uniforme de gala de ingeniero agrónomo de mi padre, de las camisas de los babis del colegio, botones minúsculos de ropitas de bebé, botones forrados….hay cientos de botones, algunos preciosos, otros horribles. Resulta que en mi casa nunca se tiraba un botón, cuando una prenda se jubilaba, se guardaban los botones y se hacía trapos con la tela. Un eterno “por si acaso” y un constante “esto ha costado dinero”.Y en estos cientos de botones leo el salto generacional e intuyo cómo hemos cambiado y quizás, lo que hemos perdido.
Vivimos en una sociedad de usar y tirar, de “obsolescencia programada”, de reciclar como moda y no como costumbre, de no apreciar que las cosas cuestan un dinero, cuestan un trabajo y un esfuerzo; ahora somos de comprar y consumir a marchas forzadas. Consumistas pertinaces y obsesivos.
Vivimos en una sociedad siempre con prisas, descentrada, incapaz de parar a realizar tareas sencillas o poco llamativas, hemos dejado de encontrar placer en la simplicidad de las cosas, vivimos con un pie en la virtualidad de las redes sociales. Nuestra atención siempre dividida.
Vivimos en una sociedad en la que la palabra “ahorro” se vio sustituida por la palabra “crédito” hace tiempo, donde en vez de prever el futuro, reservar por si se necesita, se gasta por adelantado. No solo no se guardan esos botones sino que se compran botones sin tener cómo pagarlos.
Vivimos en una sociedad con las mujeres completamente incorporadas al mundo laboral, dejando en las casas ese hueco que nadie puede ni podrá cubrir (y que conste que a feminista no me gana nadie); nuestras madres, “de profesión: sus labores”, hacían esa función que aunque no reconocida ni pagada era inmensa y que a veces incluía reciclar botones y otras no faltar ni un solo día a abrirnos la puerta al volver del cole, o prepararnos la merienda, acudir a las funciones del colegio, ayudarnos con las tareas de “pretecnología”, echarnos mercromina en las rodillas o atendernos con el “tengo sed” de por la noche. Y no, hay cosas que solo una madre puede hacer como una madre, incluso el padre mas entusiasta y dedicado es un sucedáneo de lujo pero sucedáneo al fin.
Y creo que al menos mi madre no vivía frustrada ni alienada, al revés, sabía que hacía su trabajo y que lo hacía bien. Ella, que siempre hubo querido ser médico, fue hasta el final, una madre entregada, buen ejemplo de su generación. Mujer sin mediocridades, sin ser madre, esposa o profesional a tiempo parcial y sin nunca poder darlo todo. Y además, de premio, con un poco más de tiempo para arreglarse, organizar cenas con los amigos o salir de fiesta (eso también me lo dicen también los botones…..). Las mujeres de ahora, nos hemos liberado….nos hemos liberado…..¿nos hemos liberado? La bolsa de botones se ríe de mi.
Lo que no sé es cuantos botones faltan, cuantos realmente fueron de utilidad, cuales se injertaron en otra prenda; la bolsa solo tiene los que nunca llegaron a ver más vida que la foto en la que ahora quedan inmortalizados. Y es que al final, la vida quizás sea solo eso, una enorme bolsa de botones.

para serenar la cabeza

Estar en contacto con las necesidades internas y en armonía con el entorno, ser respetuoso con los ritmos del cuerpo y de la naturaleza, capaz de aprender de las dificultades y tener un fuerte propósito vital. Estos son algunos de los ingredientes para una vida equilibrada que proponen los expertos consultados. Alcanzarla en la era de las distracciones múltiples puede pasar por el entrenamiento de la atención. El mindfulness o atención plena, el yoga o la psicología positiva ofrecen herramientas para ello.

Entrenar la atención

Algo tan simple como contar del 1 al 10 sin que la mente se vaya por otros derroteros se está volviendo cada vez más complicado, acostumbrados como estamos a distraernos con los dispositivos electrónicos, la publicidad o la televisión. “Cuando la atención va constantemente de un objeto a otro, lo que se propicia es una reactividad ante lo que ocurre: la capacidad de respuesta se reduce y nos comportamos de forma automática”, señala Ana Arrabé, instructora de programas de reducción de estrés basado en mindfulness (MBSR, por sus siglas en inglés) y pionera en España de esta disciplina que nació en la Universidad de Massachusetts (EE. UU.) hace 30 años. Desde entonces se ha exportado a medio mundo, gracias a su efectividad para reducir síntomas físicos y psicológicos asociados al estrés. Por ejemplo, de acuerdo con los estudios realizados en dicha universidad, las escalas de malestar que tienen que ver con depresión, ansiedad, hostilidad y somatización del estrés se reducen en un 43 % tras participar en un curso MBSR. “Vivimos en continua alerta y no nos permitimos desconectar”, asegura Arrabé. La dispersión conduce al estrés, una epidemia que sigue creciendo en España, tal y como refleja el aumento del consumo de ansiolíticos (entre los que se incluye el fármaco Lorazepam, cuyo nombre comercial más conocido es, probablemente, Orfidal). Su uso ha aumentado un 37,3 % desde el año 2000 a 2011, de acuerdo con la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios, o el porcentaje de empleados que en 2012 afirmaba estar más estresado que el año anterior: el 62 %, de acuerdo con la Asociación Española de Especialistas en Medicina del Trabajo.
El estrés es a su vez es una puerta de entrada a las enfermedades. Por eso, no tenemos que esperar a estar mal para actuar: “Aunque no están enfermas, muchas personas se dan cuenta de que se están perdiendo algo importante y les gustaría experimentar una mayor sensación de bienestar”, afirma Ana Arrabé. La percepción de que están engullidas por la anticipación ante lo venidero y las lamentaciones por el pasado lleva a mucha gente a incorporar mindfulness en su vida. Esto es, la capacidad de prestar atención al momento presente de forma deliberada y sin juzgar.

Cuidar lo que nos nutre

El psicólogo Óscar Sánchez recuerda cómo, en un momento de estrés, cuando se acercaba la fecha límite para entregar su tesis doctoral y se enfrentaba a dificultades en el trabajo, lo que más le ayudaba a encontrar equilibrio eran sus paseos por el monte. “Estamos programados para atender los estímulos naturales. A medida que me relajaba iba teniendo más y más ideas creativas”, señala. El contacto con la naturaleza es una de las formas clásicas, y relativamente sencilla, de encontrar sosiego cuando nos sentimos amenazados.
Sánchez trabaja en el marco de la Psicología Positiva, una rama que se centra en cualidades como el optimismo, el humor o la resiliencia, la capacidad de recuperarse frente a la adversidad. También aquí el entrenamiento de la atención es importante. En los talleres que imparte para fomentar el optimismo, este profesor de la Universidad de Murcia trata de modificar el llamado sesgo atencional negativo de los participantes: las personas con un perfil pesimista, por así decirlo, se fijan en los estímulos negativos y pasan por alto los positivos. “Esto se ha observado en personas que han sufrido traumas, pero también en gente con ansiedad”, apunta. Se trata, por tanto, de estar alerta ante lo positivo o lo neutro. Cuando la tendencia es catastrofista con respecto al futuro, el objetivo es aumentar la conciencia planteando preguntas como: ¿qué es lo peor que puede pasar?, ¿qué está en mi mano hacer para afrontar ese escenario? “Eso nos va a ayudar a tener mayor sensación de control”, asegura Sánchez.
Y precisamente en este control está una de las claves. Como en la fábula de la reina que cierto día, mientras andaba descalza, se clavó una piedra afilada y se hizo daño en el pie. Enfadada, ordenó cubrir de cuero todo su reino. Hasta que un ministro sabio sugirió una fórmula más sencilla: en lugar de cubrir el reino, dijo, protejamos con cuero las plantas de nuestros pies. Y así se inventaron, de acuerdo con este mítico relato, los zapatos.
La cuestión es que muchas veces no es posible controlar lo que nos pasa, pero sí nuestra reacción ante ello. “No se trata tanto del estrés como de la reacción al estrés”, recuerda Arrabé. Si ya hay tensión en nuestra vida, es importante cuidar las relaciones, la alimentación o el descanso. “Si eliminamos de nuestra agenda lo que nos nutre, el estrés se incrementará”, explica. Y esto es algo que tendemos a hacer cuando nos sentimos presionados.

El mapa no es el territorio

“Sal de tu mente y entra en tu cuerpo”. Esta es la aproximación que ofrece Gustavo G. Diex, director de Nirakara, un instituto de estudio del yoga y atención plena vinculado a la Universidad Complutense de Madrid. “Nuestro centro de gravedad existencial está en el pensamiento, y eso quiere decir que los múltiples diálogos mentales acerca del futuro, análisis del pasado y demás son el centro de nuestra experiencia”, señala Diex.
Sin embargo, estos pensamientos son solo interpretaciones de la realidad y no la realidad misma. El mapa, como se suele decir, no es el territorio, pero es posible entrar en contacto con este territorio –o sea, la realidad– a través de lo que Diex llama “corporalidad”. Por ejemplo, darse cuenta de cómo reacciona nuestro cuerpo ante una persona que nos agrada y frente a otra que nos incomoda. O las diferentes sensaciones del día frente a la noche. “Refugiarse en la corporalidad es saber en qué estado mental estamos en cada momento. El organismo nos da información valiosa sobre lo que nos está pasando en cada instante. En un momento de ira, por ejemplo, respiramos entrecortado o nos ponemos rojos. Aunque las emociones sean automáticas, tenemos opción de poder regularlas. El simple hecho de concentrarnos en nuestro cuerpo hace que nuestra primera emoción –de ira, en el ejemplo anterior– se vaya diluyendo”.
Diex, que ha impartido talleres con más de 1.500 participantes en su centro de la Universidad Complutense, sostiene que, en general, hemos perdido la sincronía con el cuerpo. “El cuerpo habla de sus ritmos de sueño, aprendizaje, actividad…, pero no estamos acostumbrados a escucharle”, sostiene. “La falta de conciencia corporal está íntimamente ligada a la falta de conciencia emocional; nos parece que la mente vive en un espacio diferente, pero no es cierto”.
Según las teorías de Gustavo G. Diex, las personas que comienzan a respirar y moverse con mayor conciencia entran en contacto con recuerdos emocionales que quedaron, por así decirlo, enterrados. “El yoga, el chi kung o el taichi son disciplinas de escucha corporal, donde el cuerpo no se utiliza como instrumento, sino como un fin en sí mismo”, señala el experto.
En los talleres que imparte, Ana Arrabé también se refiere a la necesidad de volver una y otra vez al cuerpo, a la respiración y a las sensaciones físicas para anclar la atención en el presente. Esta es, volviendo al principio, una fórmula efectiva contra la prisa. La prisa va de la mano de la reactividad y dificulta que nos comportemos de otra manera, superando viejos patrones, ante las dificultades. Algo fundamental, ya que, como dejó dicho Einstein, no es posible resolver un problema usando el mismo tipo de pensamiento que lo creó.

domingo, 10 de agosto de 2014

Las 10 peliculas preferidas de Tarkovsky

Fue entonces cuando a Kozlov se le ocurrió preguntarle acerca de sus 10 pelis favoritas: "Completamente implicado en mi propuesta se sentó durante varios minutos con su cabeza directamente apuntando a una folio en blanco y empezó a escribir los nombres de sus directores favoritos: Buñuel, Mizoguchi, Bergman, Bresson, Kurosawa, Antonioni, Vigo.....uno más, Dreyer, incluido tras una pausa. Acto seguido confeccionó una lista de palículas que cuidadosamente puso en orden. La lista parecía confeccionada pero de repente, Tarkovsky añadía otro título: Luces de la Ciudad".
1. Diario de un cura rural de Robert Bresson

2. Winter Light de Ingmar Bergman
3. Nazarin de Luis Buñuel
4. Fresas Salvajes de Ingmar Bergman
5. Luces de la Ciudad de Charles Chaplin

6. Ugetsu Monogatari de Kenji Mizoguchi
7. Los Siete Samurais de Akira Kurosawa
8. Persona de Ingmar Bergman

9. Mouchette de Robert Bresson
10. Woman of the Dunes de Hiroshi Teshigahara

sábado, 9 de agosto de 2014

Tus zonas erróneas

Tus zonas erróneas es el primer libro de autoayuda escrito por Wayne Dyer, publicado el 1 de agosto de 1976. Es uno de los libros más vendidos de todos los tiempos, con una cifra estimada de 35 millones de copias vendidas. El libro pasó 64 semanas en la lista de best sellers del New York Times en noviembre de 1977,[1] llegando a posicionarse como número uno en la semana del 08 de mayo 1977[1]
El libro, con un estilo único, defiende la independencia de espíritu y la superación del miedo, la culpa, la conducta auto-destructiva, y toda una serie de condicionantes mentales que nos alejan de la felicidad y bloquean el desarrollo de la personalidad.

 

Resumen[editar]

Son zonas erróneas el resultado de procesos cognitivos de mentes que generan pensamientos estrictamente negativos que inmovilizan, limitan y perjudican. Estos procesos o pensamientos están estrechamente relacionados con el ego, pues proceden de su voz.

Listado[editar]

Las zonas erróneas son las siguientes:
  • Cualquier pensamiento que provenga de una autoestima insuficiente.
  • Culpabilidad o preocupación.
  • Necesidad de aprobación externa.
  • Postergación al obrar.
  • Necesidad de justicia.
  • No hacerse responsable de sí mismo.
Se trata sólo de inconvenientes superables como todos.

jueves, 7 de agosto de 2014

Martha Argerich de Buenos Aires


Cuentoterapia y medicina narrativa del BLOG del Dr Casado

 





Los cuentos son esenciales para la construcción de un ser humano. Hay cosas que sólo se pueden contar en este formato, que dicho sea de paso no es solo para niñas y niños. Los adultos necesitamos con urgencia que nos cuenten historias y a su vez contarlas.

Uno de mis libros de cabecera es Mujeres que corren con los lobos de la psiquiatra junguiana Clarissa Pinkola Estés. Una sabia mezcla de cuentos, psicoanálisis y medicina narrativa. Un ejemplo de antropología práctica. De una sencilla narración se pueden obtener tesoros, al igual que en un yacimiento arqueológico, tan solo hay que escavar, ser meticuloso y tomar conciencia de los hallazgos según van apareciendo. La doctora Estés desgrana las narraciones apelando a su contenido arquetípico, simbólico y mítico, obteniendo importantes mensajes. La potencialidad "salvaje" que se esconde tras nuestras capas "domesticadas" puede venir en nuestro auxilio ante retos que nos sobrepasen. En los tiempos que corren esto es de rabiosa actualidad, de alguna forma lo más urgente que nos toca hacer como especie es conectar con nosotros mismos y dejar de vagar perdidos por los caminos de la vida.

La cuentoterapia no es exclusiva de psicoterapuetas o  profesionales. De alguna forma cualquiera puede ejercitarla al contar una historia a sus hijos/as o a algún adulto.