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viernes, 11 de agosto de 2017

Michi Strausfeld: La gente culta es dificil de manejar porque piensa


 

¿Cómo hacer que los chicos quieran leer?Fascinándolos. Ofreciéndoles, gusto, placer por la lectura. Un libro que me aburra, que contenga moralina, no sirve, ¡los niños no se merecen eso! La literatura para niños y jóvenes es algo muy serio y muy difícil de escribir, porque tiene diferentes niveles de comprensión. Cuando los leemos los adultos con ellos vemos que en la buena literatura infantil hay otro nivel más profundo.
¿Y cómo se adquiere esa fascinación? Haciéndolos participar. Se dice que los padres han de estar con los hijos, pero no se habla de la calidad de ese tiempo. Hay que estar leyendo a su lado desde que son muy pequeños: ellos querrán compartir también el hábito de leer. El niño que tenga esa experiencia desde pequeño cuando sea grande tendrá el reto de leer por sí mismo. ¡Estará orgulloso cuando sepa leer una página!
¿Cuándo hay que empezar? En la primera infancia. A partir de entonces ya empieza a competir el libro con el iPad, con las nuevas tecnologías; el niño que nunca ha tenido el privilegio de compartir lectura lo tendrá más difícil. Octavio Paz decía, antes de Internet, que la sociedad se dividiría en dos: una leería, la de los ciudadanos responsables; y la otra sería una masa que se dejaría manipular. Esta es la que les gusta a los políticos. Por eso es tan importante fomentar la lectura en los niños.
 
¿Qué razones hay para que en España la lectura se asocie al fracaso? En la dictadura no les gustaba que la gente fuera culta. Y no había tradición de libros para niños, al contrario de lo que sucede en los países anglosajones, en los nórdicos o en Alemania. Quizá en esos países debíamos entretener las horas oscuras. Lo cierto es que en los países del sur se lee menos. Pero las cosas están para cambiarlas. Jaime Salinas, con quien hice la colección de Alfaguara, creció en Estados Unidos, sabía lo que significaba la literatura infantil, empezó a editarla, y vimos que la sociedad española quería esos cambios. Los padres, que no habían tenido libros de niños, vieron con buenos ojos que sus hijos los tuvieran. Fue un momento muy creativo, formidable para la sociedad de los años 80. Y lo mismo pasó luego con Jacobo Siruela, cuando hice con él la colección de Siruela.
¿Qué interés tenía la dictadura en que la gente fuera inculta? La gente culta es difícil de manejar porque piensa, no está de acuerdo, y eso es peligroso para cualquier dictadura. Por eso en todos los países de regímenes dictatoriales la lectura es tan deficitaria… En una época globalizada como ésta lo que tenemos que globalizar son las cabezas de los niños desde pequeños, ¡y globalizar los corazones! ¡Que sientan empatía con lo que se les cuenta de África, de América Latina, del mundo! El libro es ideal para familiarizarse con el pasado. Las bibliotecas son imprescindibles para el bienestar de la democracia.

8 motivos - PARA las que no quieren ser madres Huff post ( Sezin Koehler )

      


"Lo echarás de menos".
"No entenderás el significado de la vida".
"Te sentirás incompleta".
"Te arrepentirás cuando seas mayor".
"Cambiarás de opinión".
"Nunca serás una mujer de verdad."
"Nunca comprenderás lo que es el amor verdadero".

Últimamente he estado recibiendo este tipo de mensajes porque he decidido que no quiero tener hijos.
Mis motivos son múltiples (y no son asunto de nadie). Pero, constantemente, me piden que justifique mi decisión.
Esta es una muestra de mis razones:
1. Por economía: los niños son caros. En agosto de 2013 salió un estudio en el que el gasto medio de una familia de clase media en los primeros 18 años de un niño ascendía a 304.480 dólares (unos 240.000 euros). ¡Uf! Esta cifra me marea, creo que voy a tomarme algo fuerte.
2. Por logística:: A pesar de los avances sociales y culturales, las mujeres siguen siendo, por defecto, las cuidadoras, especialmente en los años de formación de los hijos. Criar a un niño antes de que entre al colegio supone más que un trabajo a tiempo completo. Son 24 horas al día, 7 días a la semana, sin días libres por buen comportamiento. No soy de las personas que llevan bien el insomnio, y menos si hay un niño que depende de mí para TODO.
3. Por el medio ambiente: Se estima que hay 153 millones de huérfanos en el mundo. ¿Por qué añadir una boca más a un planeta superpoblado por un imperativo biológico que yo no siento? En cualquier caso, prefiero adoptar.
4. Por cuestiones físicas: Mi cuerpo ya ha sufrido suficientes traumas en mis 35 años. El estrés postraumático por haber sobrevivido a un crimen a mano armada me ha destrozado el sistema nervioso. Crecí en el extranjero y no estuve expuesta a los conservantes y aditivos de la comida estadounidense. Un niño más en la familia significaría dejar de comer alimentos orgánicos, que no nos podríamos permitir. Por cierto, tampoco nos podemos permitir tener cáncer.
5. Por cuestiones emocionales: Todos los días lucho por controlar mi estrés postraumático. Tener libertad para pasar la noche en blanco cuando el dolor me atrapa es un regalo divino. El poder dormir 12 horas seguidas si lo necesito me ha salvado la vida. Trabajo desde casa y yo me pongo los horarios, lo cual es ideal. ¿Qué pasa si tengo un hijo, sufro un brote depresivo y no soy capaz de salir de la cama? ¿Y si me paso una semana llorando? ¿O me da un ataque de rabia en el que pierdo totalmente el control?
6. Por cuestiones sociales: La última vez que supe de él, el mundo era un desastre. En Estados Unidos, hay tiroteos en los colegios casi todas las semanas. También está eso tan oscuro que llaman la cultura de la violación, que se cuela en todos los rincones de nuestra sociedad. Muchos de los niños de hoy en día probablemente se convertirán en sus víctimas o perpetradores en un futuro no muy lejano. Voy a seguir con esto, así que me tomaré otra copa.
#YesAllWomen
7. Por motivos culturales: Soy medio estadounidense, medio esrilanquesa criada fuera del país de mis padres. A diario, me enfrento a cuestiones de identidad problemáticas. Vivo bajo el supuesto de otredad, aunque mi pasaporte sea de los Estados Unidos. "¿De dónde eres?", es lo primero que me preguntan.
8. Por interés: Simplemente, no estoy interesada en todas las cosas asquerosas que acompañan a la maternidad: desgarro vaginal, hemorroides, estreñimiento, contracciones del útero, conjuntivitis, limpiar culitos, desmoronamientos en público, Dora a todas horas, rebeldía adolescente, abandono de mi identidad individual... No, gracias.
"Pero, Sezin, ¿por qué no quieres tener al niño más especial, más inteligente, más guapo y con más talento del mundo? ¡¿Por qué?!
Porque me encanta dormir. Me encanta tener mis propios horarios. Me encanta pasar tiempo sola, escribir y soñar despierta. Me encanta tener una dieta orgánica casi al 100%. Me encanta coleccionar tatuajes. Me encanta tener momentos de descanso entre proyectos, por ejemplo, un fin de semana entero haciendo lo que me apetece. Me encanta mi libertad. Con mi trabajo creativo, que me encanta, y un marido al que adoro y que está de acuerdo con todo lo que he escrito en este post, estoy feliz, sana y lo más satisfecha que he estado en mi vida.
Todo esto se va por la ventana cuando los niños entran en el retrato familiar, porque, vale, es la naturaleza de los niños. Cuando un bebé llega al mundo, depende completamente de ti y sólo de ti. Tu universo se adapta a su tamaño y sólo se expande a medida que crece el niño.
Prefiero tener acceso completo a TODO cuanto quiera, y no sólo cuando el niño duerma la siesta o en los minutos de descanso que tengo para ducharme. Lo digo porque he ayudado a mis amigos con sus hijos. Me conozco la rutina.
¿Por qué siempre me piden que justifique mi postura? Y, ¿por qué a mi marido, que piensa igual que yo, nunca lo han avergonzado públicamente como a mí?
Este es el motivo por el que necesitamos feminismo: a pesar del desarrollo tecnológico, social y cultural, tener hijos sigue siendo, por defecto, la opción vital de las mujeres.
Este es mi mensaje:
Para mí, las elecciones personales que tomo no son tan esenciales como para dar por hecho que el resto de mortales son menos humanos o tienen una vida menos completa que la mía porque sus decisiones son diferentes.
He decidido no tener hijos. ¿Y qué?
No me hace falta expulsar a un niño de mi vagina para ser una mujer real.
No me hace falta tener un hijo para experimentar el amor y el sacrificio incondicional.
No necesito a un niño para ser feliz.
Definitivamente, no me hace falta tener hijos para cuando me haga vieja. Las residencias están para eso.
No voy a cambiar de opinión; tengo más de ocho motivos para no tener hijos.
Como dijo Anaïs Nin, "la maternidad es una vocación como cualquier otra. Debería haber libertad para elegir, y no ser una imposición para las mujeres".
Creo que ya basta de avergonzarse por una elección.
Traducción de Marina Velasco Serrano



jueves, 10 de agosto de 2017

Entrevista a Yasmina Reza


A Yasmina Reza, el teatro le sigue pareciendo un lugar profundamente misterioso. “¿Por qué nos interesamos por otros personajes y sus vivencias sobre el escenario, cuando podríamos fijarnos en lo que nosotros vivimos a diario? ¿Por qué necesitamos esa ficción?”, se pregunta en el café de un lujoso hotel de Saint-Germain, meca de la intelectualidad parisiense, a dos pasos de su domicilio. En esta nublada mañana de verano, Reza no encuentra respuesta a su pregunta, aunque siga indagando en ella en cada una de sus obras. La reflexión aparece en medio de una conversación apasionada –y, a ratos, también tensa–, durante la que la autora se acabará mostrando generosa a su pesar. Reza dispone de un verbo lúcido, pero también punzante, que no duda en desenfundar cuando la ocasión lo requiere. En especial, para protegerse de cualquier intromisión. No le gusta sobreexponer su persona y se dice refractaria a los discursos grandilocuentes. Y, como tal, es alérgica a las entrevistas, que dice vivir como un auténtico martirio. “Si las acepto es solo para poder existir en este mundo. Si no, entre 500 libros, el mío pasaría desapercibido”, reconoce.
En 1987, Reza escribió Conversaciones después de un entierro, la primera de una larga serie de obras que, bajo la apariencia inofensiva de la comedia burguesa y el teatro de bulevar, abordan asuntos dignos de la más elevada metafísica. Sus personajes compran cuadros abstractos por el estatus social que estos confieren –Arte, traducida a 35 lenguas, la convirtió en la dramaturga contemporánea más representada en el mundo– y llevan a sus hijos al museo para “paliar el déficit escolar en la materia” –como los protagonistas de Un dios salvaje–, pero después no dudan en masacrarse los unos a los otros en la intimidad de sus comedores. Para Reza, la civilización es solo un delgadísimo barniz que desaparece cada vez que se presenta el más mínimo conflicto. Sus obsesiones reaparecen concentradas en una nueva novela, Felices los felices (Anagrama lo publicará en septiembre), donde destapa las alegrías y miserias cotidianas de 18 personajes atrapados entre la dificultad de vivir, el hastío de amar y el pánico a morir.
Su libro empieza con una frase de Borges: “Felices los amados y los amantes y los que pueden prescindir del amor”. ¿Qué le gustaba en esta cita? Es una afirmación interesante, porque insinúa que quienes prescinden del amor también logran ser felices. Siempre he tenido esa misma intuición: asociar felicidad y amor es una auténtica estupidez. La cita encaja bien con lo que cuento en este libro, lleno de personajes en plena búsqueda sentimental, pero todos ellos infelices sin excepción. Amor y felicidad no son nociones colindantes, pese a lo que aseguran los cuentos de hadas. Intentar realizarse por vía del amor es una imposición social que vuelve desdichada a mucha gente.
El libro, como el resto de su obra, contiene un enorme recelo respecto a la pareja, e incluso hacia todo tipo de vínculo afectivo. No, eso último es demasiado. No puedo decir que esté de acuerdo. Lo que sí es cierto es que no creo en la pareja. Me parece una estructura solitaria y encerrada en sí misma. La pareja es una construcción extraña, básicamente porque no funciona. Claro, hay personas que, a base de insistir por todos los medios, logran hacerlas funcionar. Pero, para mí, se trata de una creación artificial.
¿Qué alternativa propone? ¡No propongo nada! El amor a secas, tal vez. El amor que no sigue un camino predeterminado. Vivir junto a tu pareja no es una necesidad. Hacerlo todo en pareja no es una necesidad. Tener amigos comunes, tampoco. El proyecto doméstico no es una necesidad, incluso cuando hay hijos de por medio. La pareja, tal y como se entiende hoy, no me interesa, lo que no significa que no haya participado en ella. He vivido mucho más tiempo en pareja que sin pareja, aunque nunca haya creído en ella.

viernes, 4 de agosto de 2017

La mafia bancaria ( como Credit Suisse)


David suizo del blog contra el Goliat de la banca

El Credit Suisse demanda a un periodista bloguero por perjudicar su imagen en la Red

Sucursal de Credit Suisse branch en Biel Bienne, Suiza.
La Paradeplatz de Zúrich es el epicentro simbólico del poder financiero de Suiza, ya que en esta plaza tienen las sedes centrales sus dos mayores bancos: UBS y Credit Suisse. E Inside Paradeplatzes un blog de información económica creado por el periodista independiente Lukas Hässig en 2011, con más de 100.000 lectores. Hasta aquí, todo normal, pues los periodistas con blog son legión. Pero lo que diferencia a este suizo es que su blog ha molestado a la todopoderosa banca suiza, lo que le ha convertido en una celebridad local.
Su blog es provocador. “Escribo lo mismo que podría publicar en un diario, pero con una libertad de tono inimaginable en la prensa convencional”, precisa Hässig. Sus críticas del mundo bancario han provocado que Credit Suisse quiera llevarle a juicio por 500.000 euros alegando que su trabajo perjudica su imagen. Esta es una suma imposible de asumir para un periodista que vive de sus artículos y la venta de espacios publicitarios.
“Ahora Credit Suisse y yo intentamos llegar a un acuerdo”, aclara el bloguero. “Me acusan de libelo porque afirmo que realizan prácticas criminales, como la creación de cuentas off shore para ricos clientes americanos. Que esta es una conspiración criminal según la ley americana no lo discute ni siquiera el Credit Suisse. Pero su argumento es demencial: afirman que lo que digo es verdad, pero que no debería decirlo”, explica Hässig entre risas.
Este hombre ha escrito para casi todos los medios suizos, pero es con su blog, visualmente muy austero, que ha conseguido fama y una cierta independencia. Trabaja solo y no parece tener intención de cambiar sus métodos. Puede que Hässig sea un ejemplo más de periodistas encontrando alternativas fuera de los medios convencionales y abriendo caminos. Pero eso será siempre que Credit Suisse no gane el juicio a este David del nuevo periodismo.

jueves, 3 de agosto de 2017

hombre sin talento Yoshiharu Tsuge ( articulo de Pron )


Un rechazo a ser El hombre sin talento de Yoshiharu Tsuge; por Patricio Pron 640
Aunque El hombre sin talento fue publicado a mediados de la década de 1980, su tema es el estado de parálisis y confusión en que la sociedad japonesa quedó sumida tras la derrota en la Segunda Guerra Mundial y su modernización forzosa por las autoridades de ocupación; si esa modernización sentó las bases de la recuperación económica del país, también supuso el abandono de ciertas prácticas tradicionales y el descrédito de los valores en los que estas se fundaban, de tal forma que, a partir de 1945, y, como afirma el protagonista de esta novela, pareció “una frivolidad propia de nuestro tiempo rechazar todo lo tradicional japonés. En cambio, si se trata de algo occidental, aunque sea una porquería, todo el mundo lo considera moderno” (90).
A pesar de sus palabras, Sukezo Sukegawa no es un conservador: según su mujer es un inútil y un soñador, pero también es alguien que intenta otorgar sentido a lo que le sucede (su pobreza, el asma de su hijo, su fracaso como dibujante de manga, su fracaso como vendedor de cámaras fotográficas antiguas, su fracaso como vendedor de piedras singulares, el desprecio de su mujer, las humillaciones) sin recurrir a la misoginia, a la violencia y al arribismo de las personas que lo rodean. Sukegawa se refugia en las piedras singulares que recoge en el río, en el canto de los pájaros autóctonos y en las historias que le cuentan, pero su historia es la del rechazo (suyo y de una parte considerable de la sociedad japonesa de su época) a “ser”, en el sentido en que éste es sinónimo de “hacer”: en 1987, poco después de publicar por entregas este libro, y hasta el presente, el desgraciado Yoshiharu Tsuge, como su personaje, dejó de dibujar de forma definitiva; como si contar sus fracasos en este cómic bello y doloroso no hubiese sido suficiente para dejar atrás el dolor y la confusión de vivir a caballo de un régimen que no acababa de morir y otro que no había nacido todavía

martes, 1 de agosto de 2017

Julian Barnes y el miedo a la muerte


P. Comparte con Shostakóvich el miedo a la muerte. Dijo que cada día, desde los 13 años, piensa un poco en ella.
R. Oh, sí. Lo hago. Todo el mundo debería hacerlo. Creo, como Montaigne, que debemos pensar en la muerte cada día. Nos ayuda a entender la vida.