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viernes, 26 de enero de 2018
Provincianos y cosmopolitas
Viajar mucho sin llegar a conocer nada, tener acceso a gran cantidad de información pero permanecer desinformado y tratar de unificar todo bajo una sola lengua no hace a nadie más universal. Todo lo contrario.
En 1794 el escritor saboyano, aunque ruso de adopción, Xavier de Maistre escribió un delicioso relato, Viaje alrededor de mi habitación, en el que se describe de modo autobiográfico la vida de un oficial que, obligado por una convalecencia a permanecer 42 días encerrado en su cuarto, viaja con su imaginación por un territorio riquísimo en referencias y en pensamientos. El protagonista del texto es un verdadero cosmopolita, un ciudadano del mundo en el sentido literal, a pesar de que está recluido entre cuatro paredes. Me acuerdo con frecuencia del libro de Xavier de Maistre cuando escucho los balances que muchos hacen de sus travesías del mapamundi en viajes organizados, y en los que se plantea una situación inversa a la del argumento literario de aquél: recorren vastos espacios pero su imaginación —o su falta de imaginación— los atrapa en un territorio pobrísimo, tanto en referencias como en pensamientos. Consumen grandes cantidades de kilómetros aunque, como viajeros, atesoran una escasa experiencia de sus viajes. Son, por así decirlo, la vanguardia de los provincianos globales y, en ningún caso, al contrario del oficial convaleciente de Xavier de Maistre, son cosmopolitas ni aspiran a serlo.
El provinciano global es una figura representativa de una época, la nuestra, que empuja al cosmopolita hacia una suerte de clandestinidad. El cosmopolita, personaje en extinción, o quizá provisionalmente retirado a las catacumbas del espíritu, es alguien que desea habitar la complejidad del mundo. Es un amante de la diferencia, ansioso siempre de explorar lo múltiple y lo desconocido para volver a casa, si es que vuelve, con el bagaje de los sucesivos saberes que ha adquirido. El cosmopolita, al no soportar la excesiva claustrofobia de la identidad propia, busca en el espacio absorto de lo ajeno aquello que pueda enriquecer su origen y sus raíces. El hijo pródigo de la parábola bíblica encarna a la perfección ese anhelo: el conocimiento de los otros es finalmente el conocimiento de uno mismo. El cosmopolita quiere saber.
El provinciano global quiere acumular mientras, simultáneamente, elimina o aplana las diferencias. Hay muchos signos en nuestro tiempo que señalan en esa dirección, sin que se adivine cómo el que todavía posee la vieja alma del cosmopolita pueda oponerse. Por su espectacularidad y por su carácter reciente el turismo de masas es, sin duda, uno de esos signos. Cada vez se elevan más voces proclamando el carácter pandémico de un fenómeno que, paradójicamente, en sus inicios se consideró liberador porque el igualitarismo del viaje parecía la continuación lógica de la creencia ilustrada en el igualitarismo de la educación. Sin embargo, cualquiera que se pasee por las antiguas ciudades europeas o, con otra perspectiva, por las zonas aún consideradas exóticas del planeta, puede percibir con facilidad el alcance de una plaga que está solo en sus comienzos. Los centros históricos de las urbes ya son casi todos idénticos, como idénticos son los resorts en los que se albergan los huéspedes de los cinco continentes. La diferencia ha sido aplastada, dando lugar al horizonte por el que se mueve con comodidad el provinciano global.
Con respecto a la información —otra de nuestras deidades, si no la principal— Heráclito, hace 2.500 años, ya dejó dicho que no proporcionaba la comprensión. No parece probable que variara de posición, deslumbrado por nuestras tecnologías. La misma paradoja que afecta al turismo masivo, enfermo de velocidad y cuantificación, afecta a esa humanidad más informada que nunca pero proclive a la amnesia. Como lo demuestran hechos recientes, tal las guerras de Siria o de Ucrania, es imposible que la llamada opinión pública sepa tan poco de aquello que debería saber tanto en la era de la información total. El provinciano global quiere disponer de resortes informativos, si bien es dudoso que quiera saber. Quizá tampoco está en condiciones de hacerlo. Aquellos que detentan el poder, dirigentes políticos y económicos, están en la misma situación. Cuando a menudo nos lamentamos de la falta de estatistas en la política mundial aludimos, en realidad, al dominio del provincianismo global.
La desfiguración de la cultura cosmopolita puede ser clave a la hora de entender buena parte del desconcierto actual. Lo que hemos denominado globalización, vinculada a las grandes migraciones y a las nuevas tecnologías, ha sido, en parte, un fenómeno fructífero, al poner en relación tradiciones ajenas entre sí y al facilitar nuevas posibilidades frente a la desigualdad; no obstante, paralelamente, ha supuesto una devastación cultural de grandes proporciones al destrozar buena parte del sutil tejido de la diferencia. La uniformidad socava los alicientes que alberga toda visión cosmopolita.
Una de las grandes metáforas de este proceso en nuestra época es la rápida, universal y consentida mutilación de centenares de idiomas en favor de un idioma avasalladoramente hegemónico. Con toda probabilidad, hace solo tres décadas, nadie se hubiese aventurado a insinuar que para participar en un congreso en Lisboa sobre Camões —poeta nacional portugués— había que intervenir en inglés, o que en cualquiera de nuestras universidades se puede asistir al espectáculo de que un profesor explique a Baudelaire o a Goethe en medio inglés a un público estudiantil que entiende el inglés a medias. Y aún menos, desde luego, se hubiese podido imaginar que se llegaría a la situación de que un entero país —Corea del Sur— pretenda alcanzar a poseer el inglés, como nueva lengua propia, mediante el ingenioso método de llevar a las embarazadas a clases en aquel idioma, de modo que el feto pueda ya adaptarse a lo que prima en el cada vez más reducido universo lingüístico. Obviamente no tengo nada contra lo que los cursis llaman “lengua de Shakespeare” sino contra el reduccionismo que, al maltratar a todos los demás idiomas, también empobrece a la propia lengua inglesa: recientemente, un catedrático de Oxford me contaba que, mientras la mayoría de sus colegas apenas conocen otros idiomas que no sean el suyo, los escritores británicos contemporáneos utilizan una lengua drásticamente empobrecida.
Este sería un buen retrato del provinciano global: aquel que aspira a hablar un solo idioma, lo más utilitario posible, sin importarle la destrucción de los mundos que habitan en los otros idiomas; aquel que se mueve continuamente de aquí para allá, obseso coleccionista de imágenes, al tiempo que es incapaz de fijar la mirada, y no digamos el pensamiento, en paisaje alguno; aquel que está permanentemente informado con aludes de noticias y mensajes que sepultan su capacidad de comprensión. Es posible que un individuo de tal naturaleza se considere a sí mismo un cosmopolita. Pero vive en una pequeña aldea que ha confundido con el mundo.
El provinciano global es una figura representativa de una época, la nuestra, que empuja al cosmopolita hacia una suerte de clandestinidad. El cosmopolita, personaje en extinción, o quizá provisionalmente retirado a las catacumbas del espíritu, es alguien que desea habitar la complejidad del mundo. Es un amante de la diferencia, ansioso siempre de explorar lo múltiple y lo desconocido para volver a casa, si es que vuelve, con el bagaje de los sucesivos saberes que ha adquirido. El cosmopolita, al no soportar la excesiva claustrofobia de la identidad propia, busca en el espacio absorto de lo ajeno aquello que pueda enriquecer su origen y sus raíces. El hijo pródigo de la parábola bíblica encarna a la perfección ese anhelo: el conocimiento de los otros es finalmente el conocimiento de uno mismo. El cosmopolita quiere saber.
El provinciano global quiere acumular mientras, simultáneamente, elimina o aplana las diferencias. Hay muchos signos en nuestro tiempo que señalan en esa dirección, sin que se adivine cómo el que todavía posee la vieja alma del cosmopolita pueda oponerse. Por su espectacularidad y por su carácter reciente el turismo de masas es, sin duda, uno de esos signos. Cada vez se elevan más voces proclamando el carácter pandémico de un fenómeno que, paradójicamente, en sus inicios se consideró liberador porque el igualitarismo del viaje parecía la continuación lógica de la creencia ilustrada en el igualitarismo de la educación. Sin embargo, cualquiera que se pasee por las antiguas ciudades europeas o, con otra perspectiva, por las zonas aún consideradas exóticas del planeta, puede percibir con facilidad el alcance de una plaga que está solo en sus comienzos. Los centros históricos de las urbes ya son casi todos idénticos, como idénticos son los resorts en los que se albergan los huéspedes de los cinco continentes. La diferencia ha sido aplastada, dando lugar al horizonte por el que se mueve con comodidad el provinciano global.
Con respecto a la información —otra de nuestras deidades, si no la principal— Heráclito, hace 2.500 años, ya dejó dicho que no proporcionaba la comprensión. No parece probable que variara de posición, deslumbrado por nuestras tecnologías. La misma paradoja que afecta al turismo masivo, enfermo de velocidad y cuantificación, afecta a esa humanidad más informada que nunca pero proclive a la amnesia. Como lo demuestran hechos recientes, tal las guerras de Siria o de Ucrania, es imposible que la llamada opinión pública sepa tan poco de aquello que debería saber tanto en la era de la información total. El provinciano global quiere disponer de resortes informativos, si bien es dudoso que quiera saber. Quizá tampoco está en condiciones de hacerlo. Aquellos que detentan el poder, dirigentes políticos y económicos, están en la misma situación. Cuando a menudo nos lamentamos de la falta de estatistas en la política mundial aludimos, en realidad, al dominio del provincianismo global.
La desfiguración de la cultura cosmopolita puede ser clave a la hora de entender buena parte del desconcierto actual. Lo que hemos denominado globalización, vinculada a las grandes migraciones y a las nuevas tecnologías, ha sido, en parte, un fenómeno fructífero, al poner en relación tradiciones ajenas entre sí y al facilitar nuevas posibilidades frente a la desigualdad; no obstante, paralelamente, ha supuesto una devastación cultural de grandes proporciones al destrozar buena parte del sutil tejido de la diferencia. La uniformidad socava los alicientes que alberga toda visión cosmopolita.
Una de las grandes metáforas de este proceso en nuestra época es la rápida, universal y consentida mutilación de centenares de idiomas en favor de un idioma avasalladoramente hegemónico. Con toda probabilidad, hace solo tres décadas, nadie se hubiese aventurado a insinuar que para participar en un congreso en Lisboa sobre Camões —poeta nacional portugués— había que intervenir en inglés, o que en cualquiera de nuestras universidades se puede asistir al espectáculo de que un profesor explique a Baudelaire o a Goethe en medio inglés a un público estudiantil que entiende el inglés a medias. Y aún menos, desde luego, se hubiese podido imaginar que se llegaría a la situación de que un entero país —Corea del Sur— pretenda alcanzar a poseer el inglés, como nueva lengua propia, mediante el ingenioso método de llevar a las embarazadas a clases en aquel idioma, de modo que el feto pueda ya adaptarse a lo que prima en el cada vez más reducido universo lingüístico. Obviamente no tengo nada contra lo que los cursis llaman “lengua de Shakespeare” sino contra el reduccionismo que, al maltratar a todos los demás idiomas, también empobrece a la propia lengua inglesa: recientemente, un catedrático de Oxford me contaba que, mientras la mayoría de sus colegas apenas conocen otros idiomas que no sean el suyo, los escritores británicos contemporáneos utilizan una lengua drásticamente empobrecida.
Este sería un buen retrato del provinciano global: aquel que aspira a hablar un solo idioma, lo más utilitario posible, sin importarle la destrucción de los mundos que habitan en los otros idiomas; aquel que se mueve continuamente de aquí para allá, obseso coleccionista de imágenes, al tiempo que es incapaz de fijar la mirada, y no digamos el pensamiento, en paisaje alguno; aquel que está permanentemente informado con aludes de noticias y mensajes que sepultan su capacidad de comprensión. Es posible que un individuo de tal naturaleza se considere a sí mismo un cosmopolita. Pero vive en una pequeña aldea que ha confundido con el mundo.
Rafael Argullol es escritor.
sábado, 23 de diciembre de 2017
sábado, 7 de enero de 2017
lunes, 2 de enero de 2017
domingo, 4 de septiembre de 2016
Islandia : el mejor país del mundo - Iceland : the best country in the world
NO POSEE FUERZAS ARMADAS
LA MORTALIDAD INFANTIL ES LA QUINTA MAS BAJA DEL MUNDO
INDICE ANUAL DE ASESINATOS ES INFERIOR A 5
TODOS LOS HOGARES TIENEN AGUA CALIENTE Y CALEFACCION GRATUITA
NO EXISTEN NI LA EDUCACION PRIVADA Y NI LA SANIDAD PRIVADA . SON PUBLICAS Y DE UN NIVEL EXCELENTE
( el 99 % de los niños tanto si sus padres son fontaneros como millonarios se educan en el sistema estatal )
LEGALIZO EL MATRIMONIO GAY EN 1996
LOS DERECHOS Y SUELDOS DE LA MUJER SON IGUALES A LOS DE LOS HOMBRES
LOS ISLANDESES COMPRAN MAS LIBROS PER CAPITA QUE CUALQUIER OTRO PAIS DEL MUNDO ( POR ESO OCURRE TODO LO ANTERIOR SEGUN MI OPINION )
Y ADEMAS : ES BELLISIMO
jueves, 28 de julio de 2016
Aprender ruso en casa de Tolstoi
"Bsie schástlibie simií pajashí drug na druga..." ("Todas las familias felices se parecen, cada familia desgraciada es infeliz a su manera"). Leer Ana Kareninaen ruso y en el mismo lugar donde fue concebida y escrita es una de las posibilidades que ofrece Yásnaya Poliana (Destello Claro), la mansión familiar, a 220 kilómetros de Moscú, donde nació, vivió y está enterrado el genial escritor ruso León Tólstoi. Arropada por una vasta finca de jardines y bosques de abedules, ha sido convertida en un museo y centro cultural que, entre otras actividades, organiza cursos de ruso para extranjeros. Las clases cuestan entre cinco y ocho euros la hora, dependiendo del número de alumnos, con descuentos de hasta el 15% a partir de 160 clases. También ofrecen alojamiento por 20 euros la noche, más un suplemento de 15 euros al día si se quiere pensión completa. Yásnaya Poliana también se puede visitar en un tren de época que parte los sábados y domingos por la mañana (con buen tiempo) desde la estación Kursky de Moscú.
- www.yasnayapolyana.ru
- www.yasnayapolyana.ru
Publicado por Gabriela Picco en 13:3
lunes, 4 de julio de 2016
Castiglione Falleto (Piamonte)
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Los pequeños pueblos de la comarca vitivinícola de Langhe (Piamonte) como Castiglione Falleto (en la foto) son el mejor marco del movimiento 'slow food' (comida lenta), que nació en 1986 en la vecina ciudad de Bra de la mano del cocinero y crítico gastronómico Carlo Petrini para reivindicar las tradiciones culinarias locales y los sabores de la tierra.
jueves, 28 de abril de 2016
Buenos Aires, la más creativa
En barrios como Chacarita o Villa Crespo, las tiendas y galerías son viveros de tendencias
El Centro Hipermediático Experimental Latinoamericano. / Ignacio Iasparra
Sonrientes robots de madera; muebles de líneas rectas, instalaciones por las que caminan los niños, rompedoras performances... La escena cultural de Buenos Aires es tan diversa como vibrante. Ajena a los circuitos comúnmente sugeridos a los turistas, y a veces incluso desconocida por gran parte de sus habitantes. En palabras de Agustín Pérez Rubio, director del Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires (Malba), “el ambiente creativo porteño es un hervidero donde los artistas de diferentes disciplinas colaboran y dialogan con un público innovador y muy cultivado por tradición”.
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Palermo como barrio de referencia ha llegado a un límite. La necesidad de abrir nuevos espacios con alquileres más baratos ha hecho que muchos jóvenes artistas busquen refugio en barrios tranquilos y populares que ya se vislumbran como nuevos referentes de la urbe. Villa Crespo, Chacarita y Parque Patricios, con sus talleres mecánicos, grafitis callejeros y antiguas fábricas, son algunas de las zonas elegidas. En estos micromundos artísticos, lo plástico se fusiona con lo literario, con el pensamiento, con el diseño y con lo arquitectónico. La mezcla incluye a galerías consagradas como Ruth Benzacar y a cientos de creadores y gestores culturales independientes que no paran de abrir interesantes espacios.
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Mapa de Buenos Aires. / Javier Belloso
Taller de Gonzalo Arbuti. / I. Helbling
El Geppetto de Chacarita
Gonzalo Arbutti
Pasa días enteros en su refugio entre gubias, sierras y sorbos de mate. Gonzalo Arbutti, sutil carpintero de 44 años, considera que “no necesitamos más lámparas o sillas, sino una bicicleta fija en la que pedalear una hora por día y generar la electricidad para tu propia casa”. Outsider de la escena artística, recibe invitaciones de las universidades para enseñar. Algunas de sus obras se venden en las tiendas del Museo Reina Sofía de Madrid y del Pompidou de París.
Calle de Otero, 223.
Escaparate de La Ene, en Buenos Aires.
Una colmena bohemia en pleno centro
La ene
En el Patio del Liceo (una colmena bohemia en la que conviven tiendas de cómic, bares y galerías como Fiebre en una atmósfera comunitaria), en la turística avenida de Santa Fe, destaca un espacio abierto en 2010, y dirigido por Marina Reyes Franco, llamado La Ene (Nuevo Museo Energía de Arte Contemporáneo). Es un proyecto experimental en el que se debate a fondo sobre el vínculo entre los artistas, el mercado del arte y la sociedad.
Santa Fe, 2729. www.laene.org
Taller de fabricación de máscaras en el Chela.
En el laberinto
Chela
El Centro Hipermediático Experimental Latinoamericano, más conocido como Chela, ocupa una antigua fábrica de 5.000 metros cuadrados ubicada en una zona verde y luminosa en el barrio de Parque Patricios, al sur de la ciudad de Buenos Aires. En este enclave, apadrinado por la Fundación exACTa (cuyo objetivo es vincular las artes con las nuevas tecnologías) de Helen y Melvin Gelof y dirigido por Fabián Wagmister, desarrollan su trabajo músicos, arquitectos, artistas plásticos, diseñadores y comisarios. La investigación y producción artística experimental no comercial encuentra aquí su ámbito idóneo. Uno de los proyectos más llamativos dentro del complejo es el de Móvil, enfocado en las instalaciones (en la imagen que encabeza el artículo, Oblicuo, de Sebastián Roque). Sus creadoras, Alejandra Aguado y Solana Molina Viamonte, ven este espacio como “un lugar en constante diálogo interdisciplinar y sin restricciones físicas ni creativas”.
Iguazú, 451. www.chela.org.ar
Fachada de Quorum.
Risografías al alcance de todos
Quorum
En este establecimiento se pueden adquirir obras a precios asequibles con distintas técnicas y formatos. Un sitio ideal porque hace la tarea que muchos artistas detestan: vender su arte. Situado en el barrio de San Telmo, comercializa el trabajo de casi 30 creadores independientes y también vende obra procedente de otros espacios, como la Fábrica de Estampas (Pinto, 4384, Saavedra), tienda de artes gráficas que produce serigrafías, risografías y grabados.
Defensa, 894.
Tienda de diseño Net. / I. Helbling
Inspiración nórdica y japonesa
Net
El arquitecto Alejandro Sticotti reinterpreta la sencillez y la elegancia de los muebles nórdicos y japoneses. Su secreto: encontrar una línea y aferrarse a ella. Mesas, sillas, bancos, percheros y estanterías resumen una propuesta como diseñador que tiene en la casa Olivos, de la que es autor, su correlación arquitectónica. La conexión con materiales “básicos, simples, no estandarizados” le pone en la onda de su maestro, el arquitecto Horacio Baliero.
Godoy Cruz, 1740. sticotti.net
Obra de Miguel Rothschild en la galería de Ruth Benzacar.
De Caballito a Villa Crespo
Ruth Benzacar
Fundada en 1965 por Ruth Benzacar en un bajo del barrio de Caballito, esta flamante galería pasó luego al barrio de Retiro y en 2014 se mudó a Villa Crespo, a un viejo galpón industrial, donde abrió con una muestra de Liliana Porter. Orly Benzacar ocupa el mismo escritorio de su madre, Ruth, en este espacio donde hasta el 22 de abril se exhibieron obras de Miguel Rothschild (en la imagen). La galería es una habitual de las ferias internacionales.
Juan Ramírez de Velasco, 1287. www.ruthbenzacar.com
Natalia Sly (izquierda) y Larisa Zmud, en su galería.
Dos apellidos unidos
Slyzmud
Hace cuatro años, y a pocos metros del parque de los Andes, en el barrio de Chacarita, Natalia Sly y Larisa Zmud abrieron SlyZmud, galería de arte contemporáneo con dos salas muy cerca la una de la otra. Las galeristas crearon un espacio colaborativo con los artistas y han ido articulando una programación que las ha llevado a Berlín y a la pasada edición de la feria Arco, en Madrid. En la imagen, inauguración de la muestra actual, de Valeria Maculán.
Bondplant, 721. www.slyzmud.com
Martin Huberman (izquierda), dueño de la galería Monoambiente, junto al comisario artístico Carlos Mínguez Carrasco.
La arquitectura, en tela de juicio
Galería Monoambiente
Situada en el parque Los Andes (Chacarita), un modélico complejo de viviendas sociales de 1928 del arquitecto Fermín H. Bereterbide, Monoambiente es una galería dedicada a la arquitectura y el diseño en su versión más experimental. Martín Huberman, arquitecto e impulsor del espacio, busca “poner en cuestión aspectos de la arquitectura moderna” mediante la promoción del trabajo colaborativo.
Concepción Arenal, 4228. www.monoambiente.com.ar
Galería La Feliz. / I. Helbling
Doblando, pisando y quemando
La Feliz
En este local, un showroom con taller en un sótano de Villa Crespo, el diseñador Patricio Lix Klett experimenta con materiales inusuales. “Adaptamos nuestra forma de producir a la escala que nos piden los clientes”, dice rodeado de piezas metálicas y de madera. Aquí los materiales “se doblan, se pisan, se queman y se rompen” para crear objetos singulares como la lámpara Cheta, confeccionada en mimbre plástico en dos colores con pantalla en acrílico blanco.
Warnes, 520. www.mundobylafeliz.com
La instalación 'Común y corriente' en Barro.
Tuberías para el agua en La Boca
Barro
En una espectacular nave en el barrio de La Boca, Barro es una galería integrada en la red Distrito de las Artes de Buenos Aires. Dirigida por Nahuel Ortiz Vidal, expone a destacados artistas como Nicola Costantino, Diego Bianchi, Matías Duville, Martín Legón y Marcelo Pombo. Agustina Woodgate es la artista que actualmente expone, con la instalación Común y corriente (en la imagen), donde explora las infraestructuras que encauzan recursos naturales como el agua.
Caboto, 531. www.barro.cc
Sol Pochat, fundadora de la galería Hilo, en Palermo, junto a una obra de Carolina Zancolli.
Micromecenazgo para obras efímeras
Galería Hilo
“Cuando el proyecto tiene una dirección clara y propone una mirada interesante, nada puede salir mal”, dice Sol Pochat (Buenos Aires, 1988), impulsora de la galería Hilo. Mediante una campaña de crowdfunding (micromecenazgo), logró crear, hace poco más de un año, un espacio de exhibición de momento autosuficiente gracias al alquiler de estudios para jóvenes artistas con los que colabora y a los que representa al mismo tiempo. Sin un cartel en el portal, Hilo se centra en la producción de instalaciones efímeras concebidas específicamente para el lugar (site specific). Se encuentra en lo que era un antiguo depósito abandonado en el barrio de Palermo, en el límite con Villa Crespo.
Scalabrini Ortiz, 1396. www.hilogaleria.com
miércoles, 20 de abril de 2016
Viajar : los pueblos mas bonitos de Italia
Serralunga d’Alba (Piamonte)
Barolo es el nombre de un paisaje de viñedos en la región italiana de Le Langhe, en Piamonte, cerca de Alba, la ciudad de las 100 torres. Desde 2014 figura en la lista de patrimonio mundial de la Unesco, un galardón que abarca las siete comunas de la comarca: Barolo, Castiglione Falletto, Grinzane Cavour, La Morra, Monforte d’Alba, Novello y Serralunga d’Alba (en la foto)
jueves, 14 de enero de 2016
Cape Cod ( aunque siempre lo mejor es Formentera )
Cape Cod ( aunque lo mejor siempre es Formentera )
http://elviajero.elpais.com
http://elviajero.elpais.com
Para los mitómanos, Cape Cod y las islas de Nantucket y Martha’s Vineyard son un destino ideal. Como en ninguna otra parte en este tranquilo rincón del Estado de Massachusetts frente al océano
. En 1620 fue de los primeros lugares colonizados por los europeos y donde tuvo lugar su primer encuentro con los nativos. En First Encounter Beach (la playa del primer encuentro), en Eastham, un monolito lo recuerda. El único rastro que queda de los primeros habitantes es la tumba de Mogahouk, jefe de los kakopee, cerca de Truro por la US 6, aunque su ubicación es una conjetura.
La tradición ballenera de Cape Cod se ha convertido en experiencia ecoturística. Entre abril y junio, los gigantes del mar empiezan su viaje hacia aguas más cálidas y pasan frente a la costa de Massachusetts. Es el momento para verlos en su hábitat natural, en el santuario marino Stellwagen Bank National, frente a la boca de la bahía de Cape Cod. Las enormes ballenas jorobadas de entre 10 y 15 metros son las más habituales, pero también se divisan delfines y tortugas. Las visitas se realizan bajo la guía de expertos, y en las oficinas de turismo o en los hoteles se puede formalizar la reserva para una observación a bordo de un barco dotado con sónar que localiza las ballenas.
Pero cualquier época es buena para ir a Cape Cod. Ya lo decía John F. Kennedy: “Vuelvo a pasear por la playa de Cape cuando tengo que tomar una decisión difícil”.
. En 1620 fue de los primeros lugares colonizados por los europeos y donde tuvo lugar su primer encuentro con los nativos. En First Encounter Beach (la playa del primer encuentro), en Eastham, un monolito lo recuerda. El único rastro que queda de los primeros habitantes es la tumba de Mogahouk, jefe de los kakopee, cerca de Truro por la US 6, aunque su ubicación es una conjetura.
Guía
Mucho más documentado es el rastro que dejaron los cazadores de ballenas que en el siglo XIX vivieron en esta zona. Herman Melville en Moby Dick inicia la epopeya sobre la caza de ballenas en Nantucket. Los beneficios derivados de la captura de ballenas y cachalotes todavía se perciben en las magníficas casas a lo largo de los 640 kilómetros de costas. Mansiones ocupadas ahora por los turistas adinerados de Nueva York y Boston que a finales del XIX descubrieron el paraíso. En menos de cuatro horas en coche por la 93 se llega desde Boston hasta Sagamore Bridge, puerta de Cape Cod. Además, un ferri une la capital de Massachusetts con Provincetown, la población más al norte de la península. Provincetown es todo bullicio y actividad en verano, con una numerosa comunidad gay, refugio de artistas el resto del año, que disfrutan de su preciosa y silenciosa bahía. Hacia el sur, en bicicleta por las vías habilitadas, o en coche por la US 6, es imprescindible detenerse en el Cape Cod National Seashore, un formidable parque natural que ocupa casi toda la costa atlántica. A lo largo de la carretera y perfectamente señalizados están algunos de los 10 faros que en los siglos XVIII y XIX evitaban naufragios. El Nauset Ligth en Eastham, o, desde la carretera 28, los de Hardings y Chatham, están situados cerca de magníficas playas.
Con Erzi en Cape Cod
Información
- Oficina de turismo de Cape Cod (www.capecodchamber.org). Ofrece en su web links y horarios de las compañías de ferris, además de información sobre hoteles, restaurantes y actividades turísticas en Cape Cod, Nantucket y Martha’s Vineyard.
- Martha’s Vineyard (www.mvy.com).
- Nantucket (www.nantucketchamber.org).
- Turismo de Massachusetts (www.massvacation.com).
- www.usatourist.com
La tradición ballenera de Cape Cod se ha convertido en experiencia ecoturística. Entre abril y junio, los gigantes del mar empiezan su viaje hacia aguas más cálidas y pasan frente a la costa de Massachusetts. Es el momento para verlos en su hábitat natural, en el santuario marino Stellwagen Bank National, frente a la boca de la bahía de Cape Cod. Las enormes ballenas jorobadas de entre 10 y 15 metros son las más habituales, pero también se divisan delfines y tortugas. Las visitas se realizan bajo la guía de expertos, y en las oficinas de turismo o en los hoteles se puede formalizar la reserva para una observación a bordo de un barco dotado con sónar que localiza las ballenas.
Pero cualquier época es buena para ir a Cape Cod. Ya lo decía John F. Kennedy: “Vuelvo a pasear por la playa de Cape cuando tengo que tomar una decisión difícil”.
jueves, 20 de agosto de 2015
Doce pistas para redescubrir Buenos Aires
De las nuevas tendencias gastronómicas a las mejores milongas callejeras de tango
Uno de los circuitos ciclistas guiados que ofrece la empresa Biking Buenos Aires, a su paso por el porteño Puerto Madero. / bikingbuenosaires.com
Ni Caminito, ni Recoleta, ni la Plaza de Mayo. Todo esto es para la primera vez que se viaja a Buenos Aires, pero las siguientes visitas a la capital argentina invitan a descubrir algo nuevo entre mil sitios y propuestas que no nos harán sentirnos como un turista. Sexy, animada y segura de sí misma, siempre hay motivos para redescubrir la ciudad porteña.
Las parrillas representan la tradición gastronómica y son una apuesta segura, pero los porteños están continuamente innovando y los fogones se escapan a ello, con tendencias similares a las europeas. Por ejemplo, las nuevas propuestas de cocineros experimentales a través de restaurantes pop-up, que podemos conocer a través de la organización GAJO.
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Otra tendencia en alza es la gastronomía molecular, de moda en todo el mundo, con grandes chefs en continua experimentación y platos de raciones muy pequeñas para elaborar experiencias únicas e inolvidables, a través de la combinación de sabores, texturas y atractivo visual. Podemos probarla en La Vinería de Gualterio Bolivar, donde el chef Alejandro Digilio sigue la línea de Ferran Adrià.
Los festivales gastronómicos se han incorporado recientemente a la escena gastro con dos nuevas citas: la Feria Masticar, organizada por algunos de los chefs más famosos de Buenos Aires y que ha incorporado los tan de moda foodtrucks, así como la Feria Raíz, dedicada a la gastronomía argentina.
Quienes sigan prefiriendo la tradición gastronómica –camareros sirviendo malbec (vino) y generosas tajadas de carne de primera calidad en alguno de los numerosos asadores porteños– pero con un toque diferente, pueden reservar en Adentro, un restaurante a puerta cerrada en el que sentirte como en casa de un buen amigo, o Argentine Experience, donde aprender la historia de la carne argentina y cómo preparar empanadas y alfajores, además de comer bistecs sumamente tiernos.
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Existen dos posibilidades en este tipo de restaurantes, muchos de ellos ubicados en el barrio de Palermo. La primera de ellas es cenar, directamente, en casa del chef, en torno a una larga mesa comunitaria. Permite conocer gente, a menudo viajeros interesantes o expatriados, y resulta estupendo para quienes viajan solos. La segunda opción se asemeja más a un restaurante convencional, con mesas separadas para diferentes grupos de comensales, solo accesibles, eso sí, mediante reserva previa.
Algunos de los mejores son iLatina, que sirve exquisita comida colombiana; Casa Saltshaker, donde se prueban las creaciones culinarias del neoyorquino afincado en Buenos Aires, Dan Perlman; NOLA, que sirve platos de fusión de Nueva Orleans; Casa Felix, el paraíso de los pescetarianos (vegetarianos que sí comen pescado y mariscos), y Cocina Sunae, con platos de fusión asiática.
Para quienes estén de paso unos días por la ciudad, una buena opción para adentrarse en la tradición culinaria argentina son las clases particulares de cocina, o en grupos pequeños, como las que imparte Norma Soued, que permiten aprender a cocinar platos como empanadas, guisos y alfajores. También Cooking with Teresita nos permitirá iniciarnos en asados y empanadas, comprando todos los ingredientes en mercados locales. Quien disponga de algo más de tiempo, o incluso se planteé dedicarse profesionalmente a la cocina, puede acudir al reputado Instituto Argentino de Gastronomía (IAG).
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Este barrio, al sur de Palermo, cada día está más en boga. Continuamente surgen nuevos restaurantes, tiendas, hoteles y casas de huéspedes –conforme se han ido encareciendo los alquileres de Palermo–, y se pueden encontrar buenas opciones para alojarse, muy cerca de la plaza Serrano (corazón comercial y social de Palermo Viejo). El sur de Palermo ofrece gratas sorpresas al turista, como galerías de arte, cafés renovados o interesantes outlets, y Villa Crespo puede ser un buen punto de partida para descubrirlos.
Basta caminar un poco hacia el sur para encontrar Caballito, zona tranquila y agradable que alberga el gran parque circular del Centenario, con el Museo Argentino de Ciencias Naturales. Hacia el este se extienden los barrios de Abasto y Once, destinos multiculturales que han atraído a una numerosa población de judíos, peruanos y coreanos, que han desarrollado sus respectivas gastronomías. En Abasto hay mucho teatro alternativo y se puede visitar el Museo Casa de Carlos Gardel, pero el principal lugar de interés es el mercado del barrio, remodelado y convertido en uno de los centros comerciales más atractivos de la ciudad.
Al sur se encuentra Once y su concurrida estación de trenes, rodeada de cientos de vendedores callejeros de ropa y aparatos electrónicos baratos. Este barrio tiene un ambiente pintoresco, cambio que se agradece aunque es una zona que debe evitarse por la noche. La Ciudad Cultural Konex es un centro vanguardista que ofrece espectáculos fusión: arte+cultura+tecnología. Por último, merece la pena conocer Boedo, un barrio bohemio al sur de Once con algunos cafés interesantes.
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La última novedad de Puerto Madero es Faena Arts Center, un espacio instalado en un antiguo molino harinero. Grande y amplio, alberga los sueños contemporáneos de artistas y diseñadores nacionales y extranjeros. Las exposiciones más vanguardistas sacan partido al espacio, con cuerdas que cuelgan del techo o pirámides de luz que se alzan hacia el cielo.
Es un incentivo más para acercarse a Puerto Madero, flanqueado por almacenes de ladrillo restaurados y repleto de lujosos lofts y torres de pisos, además de algunos de los restaurantes más caros (demasiado, según algunos) de la ciudad. Libre de vehículos, es un lugar muy bonito para pasear a lo largo de los diques.
Los amantes del arte no deben perderse la Colección de Arte Amalia Lacroze de Fortabat, que alberga la muestra de la mujer más rica de Argentina. Y aunque no nos podamos permitir pagar sus carísimas habitaciones, es casi obligado acercarse al Faena Hotel +Universe, un fantástico hotel diseñado por Philippe Starck en un almacén reformado.
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Una de las cosas más típicas que uno puede hacer en Buenos Aires es sentarse en un café y, especialmente, en algunos que son pura historia porteña. Los más tradicionales son Las Violetas, el Café de los Angelitos, La Biela, el Tortoni o la Esquina Homero Manzi.
Las Violetas puede considerarse, probablemente, como el café más bonito de la ciudad, con vidrieras de colores y un lujoso té de la tarde. El Café de los Angelitos, famoso por su espectáculo de tango, lleva ese nombre como una irónica referencia a los maleantes que lo frecuentaban. Otros dos clásicos son La Biela, excelente para observar a la gente desde el patio delantero en los días soleados, y el Café Tortoni, histórico, pintoresco y, también, muy turístico. Aun así, no se debe ignorar.
Si queremos salir del circuito más popular, podemos sentarnos en la Esquina Homero Manzi, un café tradicional de ambiente encantador.
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La Boca no se caracteriza por la elegancia de sus edificios, pero cuenta con nuevo espacio de conciertos, la Usina del Arte, alojado en una central eléctrica remodelada, que pretende iniciar la regeneración de uno de los barrios más deteriorados de Buenos Aires. Se trata de un bonito edificio de ladrillo rojo con una pintoresca torre del reloj, cuya nueva sala de conciertos es la actual sede de la orquesta sinfónica nacional y la filarmónica de Buenos Aires. La Usina, de acústica excelente, tiene capacidad para 1.200 espectadores y acoge también espectáculos de danza, teatro y exposiciones de arte.
Solo abre durante los conciertos y para las visitas guiadas. La programación se puede consultar en su página web.
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Los fans de Evita Perón no deben perderse el cercano Museo Evita, que repasa la vida de la mujer argentina más conocida internacionalmente, y ya que estamos en Palermo, no está de más dar un paseo a pie o en bicicleta por el parque 3 de Febrero, donde también se puede visitar un zoo, un jardín botánico y un jardín japonés. Repleto de carriles bici, los domingos la circunvalación del jardín de rosas está cerrada a los coches.
Otros museos porteños que no conviene perderse son el Nacional de Arte Decorativo, una bella mansión beaux arts que contiene las lujosas pertenencias de un aristócrata chileno; la Fundación Proa, museo-galería de vanguardia que expone arte contemporáneo y ofrece un café en la azotea con vistas a La Boca, y el Palacio Paz, de estilo europeo, cuyas habitaciones ornamentadas, salones y detalles dorados remiten al ambiente más clásico del viejo continente.
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Es cierto que la visita al Cementerio de La Recoleta figura en casi todos los itinerarios turísticos, pero es igualmente imprescindible. Solo en Buenos Aires los ricos y poderosos conservan su estatus tras la muerte y generaciones de la élite descansan eternamente en este laberinto de callejones trufados con ostentosos mausoleos ornamentados que conforma, probablemente, la necrópolis más lujosa del mundo.
La Recoleta fue el primer cementerio público de la ciudad, aunque pronto se volvió exclusivo; los personajes históricos más ilustres de Argentina están enterrados aquí y un sinfín de estilos decoran las tumbas: art nouveau, art déco, neoclásico, neogótico… También hay bellas y extravagantes estatuas para descubrir. Tras presentar respetos a Evita Perón, uno puede perderse entre ángeles de mármol.
Una versión más grande, menos ostentosa, menos accesible y menos turística es el cementerio de la Chacarita, en el barrio del mismo nombre. Se inauguró en la década de 1870 para dar sepultura a las víctimas de la fiebre amarilla de San Telmo y La Boca. Aunque mucho más democrático y modesto, las tumbas más elaboradas de Chacarita son equiparables a las más exquisitas de La Recoleta. Una de las más visitadas es la de Carlos Gardel, considerado casi un santo al que muchos argentinos guardan una devoción casi religiosa. Junto a su estatua hay placas de agradecimiento de visitantes de todo el mundo y en los aniversarios de su nacimiento y de su muerte miles de peregrinos visitan el cementerio.
Otra personalidad espiritual de Chacarita es la madre María Salomé, discípula del famoso sanador Pancho Sierra. Cada jornada, pero sobre todo el día 2 de cada mes (murió un 2 de octubre de 1928), fieles a su culto cubren su tumba de claveles blancos.
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Todas las ciudades inventan formas nuevas para mostrar lo mejor de sí mismas. En Buenos Aires se han inventado todo tipo de circuitos temáticos para los visitantes: de fotografía, para ciclistas, de tango, de parrillas.... Esta es nuestra selección:
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A casi todos argentinos les gustan los caballos, y aunque no estén en la Pampa hacen lo posible (y lo imposible) para que formen parte de la vida porteña. Basta con acercarse a un partido de polo, o de pato, o pasar un día en las carreras de caballos para darse cuenta de ello. Como simples viajeros también podemos participar de esta pasión ecuestre e incluso, por qué no, aprender a jugar al polo durante nuestras vacaciones.
El polo es un deporte muy popular en todo el país y conjuga la tradición ecuestre de los gauchos con la influencia británica: algo que explica por qué aquí se juega el mejor polo del mundo. Argentina domina este deporte desde hace más de 70 años y cuenta, prácticamente, con todos (o casi todos) los mejores jugadores. Nada de príncipes británicos; la principal figura es Adolfo Cambiaso. La temporada de polo en Buenos Aires va de septiembre a mediados de noviembre y culmina cada año con el Campeonato Argentino Abierto, el torneo más prestigioso del mundo, celebrado en el Campo Argentina de Polo, en Palermo (se puede seguir la actualidad de este deporte a través de la Asociación Argentina de Polo).
Más original y desconocido es el Pato, un juego de origen gaucho similar al polo que toma su nombre de las primeras pelotas que se usaban: una bolsa de cuero con un pato vivo encerrado dentro. Desde entonces, la infeliz ave se ha sustituido por una pelota con asas de cuero y los jugadores ya no corren peligro en lo que antaño fue un juego muy violento. Los partidos y torneos de pato suelen celebrarse en el Campo Argentino de Pato, a unos 30 kilómetros de la ciudad, aunque los torneos nacionales se celebran (en diciembre) en un lugar más céntrico: el campo de polo de Palermo.
Por último, conviene acudir al Hipódromo Argentino, majestuoso edificio proyectado por el arquitecto francés Louis Fauré Dujarric en 1908, con cabida para 100.000 espectadores. Las carreras más destacadas se organizan en noviembre, tanto en esta sede como en el famoso hipódromo de hierba de San Isidro.
Y si lo que queremos es tomar las riendas directamente, una buena opción, más allá de las turísticas estancias (haciendas), es consultar Caballos a la Par, que organiza salidas guiadas por un parque de la provincia de Buenos Aires, a una hora en coche del centro de la capital. Son excursiones privadas (nada de grupos en caravana) que recorren caminos entre bosques y campos, en las que se aprende a montar, e incluso a galopar, a lomos de estupendos monturas.
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En un país en el que Maradona es Dios, ir a un partido de fútbol es una experiencia casi religiosa. El superclásico entre Boca Juniors y River Plate se encuentra entre los eventos deportivos mundiales a los que asistir antes de morir, pero incluso otros partidos de menor resonancia sirven para sumergirse en una de las grandes pasiones argentinas.
Se puede contemplar La Bombonera, estadio de Boca Juniors, el equipo de Maradona, durante una visita al Museo de la Pasión Boquense. Si se quiere asistir a un clásico (partido entre dos equipos grandes), conseguir entradas será más complicado: Boca Juniors no pone entradas a la venta para sus partidos más importantes, ya que todas son para los socios. Es posible lograrlo a través de alguna agencia o mediante organizaciones como Buenos Aires Fútbol Amigos. No será barato, eso sí, pero sí más fácil (y seguro).
En Buenos Aires el fútbol no es solo un deporte. El pasatiempo nacional inspira una pasión casi religiosa: las calles se vacían y los espectadores, apiñados frente a la televisión o en los abarrotados estadios, sufren ataques de éxtasis y angustia. El ambiente es particularmente bullicioso (esto es, descontrolado) cuando los archirrivales River Plate y Boca Juniors se enfrentan. La tensión se palpa en el ambiente y durante esas dos horas del domingo nada más importa.
Si después de ver uno de estos superclásicos nos entran ganas de jugar, se puede participar en alguno de los partidos con locales, residentes extranjeros u otros viajeros que organiza Buenos Aires Fútbol Amigos. Por una pequeña cantidad se juega al fútbol y, después del partido, suele haber asado y recuerdos impagables.
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Lo que a principios del siglo XX era un baile marginal relegado a los burdeles de Buenos Aires ha experimentado grandes altibajos durante su agitada vida. Hoy en día, esta sensual danza vuelve con fuerza. De Seattle a Shangái, todo el mundo intenta dominar los pasos y el ritmo de este baile tan difícil de perfeccionar.
La popularidad del tango se ha disparado entre aficionados y profesionales, y lo practican gentes de todas las edades y clases sociales: Pero el tango de verdad está en las milongas, reuniones donde se va exclusivamente a bailar. El ambiente de estas salas puede ser informal o tradicional, en casi todas hay un encargado de la selección musical y en algunas (pocas) cuentan con orquestas en directo. La pista de baile está rodeada por mesas y sillas, y suele haber un bar en un lateral.
Las milongas empiezan o bien por la tarde (hasta las 23.00) o bien a medianoche, alargándose hasta el amanecer (si se llega tarde, todo está más animado). Son asequibles y a menudo se ofrecen clases de antemano.
Para vivir una experiencia única al aire libre se puede ir a la glorieta de Barrancas de Belgrano, donde los sábados y domingos al atardecer (hacia las 19.00) hay una milonga informal, la glorieta. También se dan clases de tango.
Los favoritos de Lonely Planet para disfrutar del tango porteño más clásico son el Café de los Angelitos, con un espectáculo imaginativo y bien organizado; el Rojo Tango, espectáculo íntimo de estilo cabaretero, El Viejo Almacén, un local pequeño y en parte folclórico, y La Ventana, cuya propuesta incluye gauchos cómicos y boleadoras.
Más sencillo e informal es el tango callejero en el mercado del domingo de San Telmo; el espectáculo de tango del sótano del Café Tortoni, el café más antiguo y tradicional de Buenos Aires, o el de Los 36 Billares, otro café con historia y espectáculo de tango pero menos turístico que Tortoni.
Las mejores milongas son las del Salon Canning, una milonga tradicional muy popular y bien situada, en Palermo, donde acuden los mejores bailarines; la de la Confitería Ideal, el local porteño de tango más histórico, escenario de La lección de tango, de Sally Potter, o La Catedral, informal y bohemio, parecido a un almacén, que atrae a jóvenes bailarines modernos.
Se imparten clases de tango en muchos sitios, desde albergues juveniles hasta academias de baile, centros culturales y en casi todas las milongas. Incluso se ofrecen en algunos cafés y salas de espectáculos de tango. En Buenos Aires también hay varias escuelas más formales, como la Escuela Argentina de Tango.
01 Gastronomía en movimiento
Los argentinos llevan el arte de la parrilla a cotas inimaginables, sus mejores pizzas y pastas rivalizan con las de Nueva York y Nápoles, elaboran vinos fabulosos, helados exquisitos y la cocina étnica causa furor en Buenos Aires. En realidad, se come tan bien que el tiempo entre comida y cena debemos utilizarlo para dar buenos paseos, quemar calorías y hacer hueco en el estómago.Las parrillas representan la tradición gastronómica y son una apuesta segura, pero los porteños están continuamente innovando y los fogones se escapan a ello, con tendencias similares a las europeas. Por ejemplo, las nuevas propuestas de cocineros experimentales a través de restaurantes pop-up, que podemos conocer a través de la organización GAJO.
Varios puestos de la feria gastronómica Masticar, en Buenos Aires.
Los festivales gastronómicos se han incorporado recientemente a la escena gastro con dos nuevas citas: la Feria Masticar, organizada por algunos de los chefs más famosos de Buenos Aires y que ha incorporado los tan de moda foodtrucks, así como la Feria Raíz, dedicada a la gastronomía argentina.
Quienes sigan prefiriendo la tradición gastronómica –camareros sirviendo malbec (vino) y generosas tajadas de carne de primera calidad en alguno de los numerosos asadores porteños– pero con un toque diferente, pueden reservar en Adentro, un restaurante a puerta cerrada en el que sentirte como en casa de un buen amigo, o Argentine Experience, donde aprender la historia de la carne argentina y cómo preparar empanadas y alfajores, además de comer bistecs sumamente tiernos.
02 Aprender a cocinar
Continuamos sin salir de las cocinas, pero ahora en ambiente privado, ya que en Buenos Aires se han puesto de moda los restaurantes a puerta cerrada: locales que solo abren un par de días a la semana, solo a través de reserva y, generalmente, con un precio fijo (solo aceptan efectivo, por cierto). Son establecimientos que carecen de rótulos o carteles y que requieren llamar al timbre para entrar; incluso no se proporciona la dirección al comensal hasta que se concreta la reserva por teléfono. La sensación de descubrir una joya fuera de los circuitos turísticos y de probar algunas de las mejores cocinas de la ciudad los convierte en toda una experiencia.
La pizarra del restaurante Nola, en Buenos Aires.
Algunos de los mejores son iLatina, que sirve exquisita comida colombiana; Casa Saltshaker, donde se prueban las creaciones culinarias del neoyorquino afincado en Buenos Aires, Dan Perlman; NOLA, que sirve platos de fusión de Nueva Orleans; Casa Felix, el paraíso de los pescetarianos (vegetarianos que sí comen pescado y mariscos), y Cocina Sunae, con platos de fusión asiática.
Para quienes estén de paso unos días por la ciudad, una buena opción para adentrarse en la tradición culinaria argentina son las clases particulares de cocina, o en grupos pequeños, como las que imparte Norma Soued, que permiten aprender a cocinar platos como empanadas, guisos y alfajores. También Cooking with Teresita nos permitirá iniciarnos en asados y empanadas, comprando todos los ingredientes en mercados locales. Quien disponga de algo más de tiempo, o incluso se planteé dedicarse profesionalmente a la cocina, puede acudir al reputado Instituto Argentino de Gastronomía (IAG).
03 Villa Crespo, el barrio de moda
Casa museo de Casa Gardel, en Buenos Aires. / Martin Zabala
Basta caminar un poco hacia el sur para encontrar Caballito, zona tranquila y agradable que alberga el gran parque circular del Centenario, con el Museo Argentino de Ciencias Naturales. Hacia el este se extienden los barrios de Abasto y Once, destinos multiculturales que han atraído a una numerosa población de judíos, peruanos y coreanos, que han desarrollado sus respectivas gastronomías. En Abasto hay mucho teatro alternativo y se puede visitar el Museo Casa de Carlos Gardel, pero el principal lugar de interés es el mercado del barrio, remodelado y convertido en uno de los centros comerciales más atractivos de la ciudad.
Al sur se encuentra Once y su concurrida estación de trenes, rodeada de cientos de vendedores callejeros de ropa y aparatos electrónicos baratos. Este barrio tiene un ambiente pintoresco, cambio que se agradece aunque es una zona que debe evitarse por la noche. La Ciudad Cultural Konex es un centro vanguardista que ofrece espectáculos fusión: arte+cultura+tecnología. Por último, merece la pena conocer Boedo, un barrio bohemio al sur de Once con algunos cafés interesantes.
04 Faena Arts Center
Paseantes en Puerto Madero, en Buenos Aires. / Patricia Hamilton
Es un incentivo más para acercarse a Puerto Madero, flanqueado por almacenes de ladrillo restaurados y repleto de lujosos lofts y torres de pisos, además de algunos de los restaurantes más caros (demasiado, según algunos) de la ciudad. Libre de vehículos, es un lugar muy bonito para pasear a lo largo de los diques.
Los amantes del arte no deben perderse la Colección de Arte Amalia Lacroze de Fortabat, que alberga la muestra de la mujer más rica de Argentina. Y aunque no nos podamos permitir pagar sus carísimas habitaciones, es casi obligado acercarse al Faena Hotel +Universe, un fantástico hotel diseñado por Philippe Starck en un almacén reformado.
05 Tomarse un café
Interior del Café Tortoni, uno de los clásicos de Buenos Aires. / Gabriel Rossi
Las Violetas puede considerarse, probablemente, como el café más bonito de la ciudad, con vidrieras de colores y un lujoso té de la tarde. El Café de los Angelitos, famoso por su espectáculo de tango, lleva ese nombre como una irónica referencia a los maleantes que lo frecuentaban. Otros dos clásicos son La Biela, excelente para observar a la gente desde el patio delantero en los días soleados, y el Café Tortoni, histórico, pintoresco y, también, muy turístico. Aun así, no se debe ignorar.
Si queremos salir del circuito más popular, podemos sentarnos en la Esquina Homero Manzi, un café tradicional de ambiente encantador.
06 La nueva cita cultural
Vestíbulo de la Usina del Arte, en Buenos Aires, sala de conciertos instalada en una vieja central eléctrica remodelada.
Solo abre durante los conciertos y para las visitas guiadas. La programación se puede consultar en su página web.
07 De museos por Palermo
El barrio de Palermo, visita imprescindible para todo el que viaja a Buenos Aires, invita también a una revisita obligada a los amantes del arte. Aquí se encuentran algunos de los mejores museos de la ciudad, como el Malba, un edificio contemporáneo impresionante dedicado al arte moderno argentino y latinoamericano que alberga la colección del mecenas Eduardo F. Costantini, con obras modernistas, vanguardistas, surrealistas y abstractas, incluidas algunas de Frida Kahlo y Diego Rivera. También hay exposiciones temporales de arte internacional y un buen café-restaurante con patio, perfecto para almorzar.
Edificio de la Fundación Proa, en Buenos Aires. / getty
Otros museos porteños que no conviene perderse son el Nacional de Arte Decorativo, una bella mansión beaux arts que contiene las lujosas pertenencias de un aristócrata chileno; la Fundación Proa, museo-galería de vanguardia que expone arte contemporáneo y ofrece un café en la azotea con vistas a La Boca, y el Palacio Paz, de estilo europeo, cuyas habitaciones ornamentadas, salones y detalles dorados remiten al ambiente más clásico del viejo continente.
08 Visitar a los muertos
Tumba de Eva Perón en el cementerio de La Recoleta, en Buenos Aries. / Jon Hicks
La Recoleta fue el primer cementerio público de la ciudad, aunque pronto se volvió exclusivo; los personajes históricos más ilustres de Argentina están enterrados aquí y un sinfín de estilos decoran las tumbas: art nouveau, art déco, neoclásico, neogótico… También hay bellas y extravagantes estatuas para descubrir. Tras presentar respetos a Evita Perón, uno puede perderse entre ángeles de mármol.
Una versión más grande, menos ostentosa, menos accesible y menos turística es el cementerio de la Chacarita, en el barrio del mismo nombre. Se inauguró en la década de 1870 para dar sepultura a las víctimas de la fiebre amarilla de San Telmo y La Boca. Aunque mucho más democrático y modesto, las tumbas más elaboradas de Chacarita son equiparables a las más exquisitas de La Recoleta. Una de las más visitadas es la de Carlos Gardel, considerado casi un santo al que muchos argentinos guardan una devoción casi religiosa. Junto a su estatua hay placas de agradecimiento de visitantes de todo el mundo y en los aniversarios de su nacimiento y de su muerte miles de peregrinos visitan el cementerio.
Otra personalidad espiritual de Chacarita es la madre María Salomé, discípula del famoso sanador Pancho Sierra. Cada jornada, pero sobre todo el día 2 de cada mes (murió un 2 de octubre de 1928), fieles a su culto cubren su tumba de claveles blancos.
09 Otras formas de ver Buenos Aires
'Tour' ciclista guiado de la empresa Biking Buenos Aires, en la capital argentina.
- Biking Buenos Aires: para pedalear por carriles-bici y por los parques de Palermo.
- Graffitimundo: Buenos Aires a través de su colorido y dinámico arte callejero.
- Foto Ruta: un singular circuito autoguiado basado en fotografiar pistas por los barrios porteños.
- The Man Tour: propone una visión muy masculina de la ciudad, con las mejores cavas para fumar puros, barberías para afeitarse con navaja o donde comprase un sombrero hecho a mano.
- Parrilla Tour: una guía para explorar parrillas (asadores) fuera de los circuitos turísticos y aprender sobre la cultura y gastronomía de Argentina.
- Narrative Tango Tour: para conocer el tango mediante clases, milongas y espectáculos.
- Urban Running Tour: correr y conocer Buenos Aires, con un guía que se adapta al ritmo de cada uno.
10 Buenos Aires a caballo
Partido de pato en el Campo Argentino de Polo, en Palermo (Buenos Aires). / Daniel Sempe
El polo es un deporte muy popular en todo el país y conjuga la tradición ecuestre de los gauchos con la influencia británica: algo que explica por qué aquí se juega el mejor polo del mundo. Argentina domina este deporte desde hace más de 70 años y cuenta, prácticamente, con todos (o casi todos) los mejores jugadores. Nada de príncipes británicos; la principal figura es Adolfo Cambiaso. La temporada de polo en Buenos Aires va de septiembre a mediados de noviembre y culmina cada año con el Campeonato Argentino Abierto, el torneo más prestigioso del mundo, celebrado en el Campo Argentina de Polo, en Palermo (se puede seguir la actualidad de este deporte a través de la Asociación Argentina de Polo).
Más original y desconocido es el Pato, un juego de origen gaucho similar al polo que toma su nombre de las primeras pelotas que se usaban: una bolsa de cuero con un pato vivo encerrado dentro. Desde entonces, la infeliz ave se ha sustituido por una pelota con asas de cuero y los jugadores ya no corren peligro en lo que antaño fue un juego muy violento. Los partidos y torneos de pato suelen celebrarse en el Campo Argentino de Pato, a unos 30 kilómetros de la ciudad, aunque los torneos nacionales se celebran (en diciembre) en un lugar más céntrico: el campo de polo de Palermo.
Por último, conviene acudir al Hipódromo Argentino, majestuoso edificio proyectado por el arquitecto francés Louis Fauré Dujarric en 1908, con cabida para 100.000 espectadores. Las carreras más destacadas se organizan en noviembre, tanto en esta sede como en el famoso hipódromo de hierba de San Isidro.
Y si lo que queremos es tomar las riendas directamente, una buena opción, más allá de las turísticas estancias (haciendas), es consultar Caballos a la Par, que organiza salidas guiadas por un parque de la provincia de Buenos Aires, a una hora en coche del centro de la capital. Son excursiones privadas (nada de grupos en caravana) que recorren caminos entre bosques y campos, en las que se aprende a montar, e incluso a galopar, a lomos de estupendos monturas.
11 Visitar la catedral (del fútbol)
Dos aficionados del equipo Boca Juniors durante un partido en el estadio de La Bombonera, en Buenos Aires. / Franco Origlia
Se puede contemplar La Bombonera, estadio de Boca Juniors, el equipo de Maradona, durante una visita al Museo de la Pasión Boquense. Si se quiere asistir a un clásico (partido entre dos equipos grandes), conseguir entradas será más complicado: Boca Juniors no pone entradas a la venta para sus partidos más importantes, ya que todas son para los socios. Es posible lograrlo a través de alguna agencia o mediante organizaciones como Buenos Aires Fútbol Amigos. No será barato, eso sí, pero sí más fácil (y seguro).
En Buenos Aires el fútbol no es solo un deporte. El pasatiempo nacional inspira una pasión casi religiosa: las calles se vacían y los espectadores, apiñados frente a la televisión o en los abarrotados estadios, sufren ataques de éxtasis y angustia. El ambiente es particularmente bullicioso (esto es, descontrolado) cuando los archirrivales River Plate y Boca Juniors se enfrentan. La tensión se palpa en el ambiente y durante esas dos horas del domingo nada más importa.
Si después de ver uno de estos superclásicos nos entran ganas de jugar, se puede participar en alguno de los partidos con locales, residentes extranjeros u otros viajeros que organiza Buenos Aires Fútbol Amigos. Por una pequeña cantidad se juega al fútbol y, después del partido, suele haber asado y recuerdos impagables.
12 Redescubrir el tango
Espectáculo de tango en el Café de los Angelitos, en Buenos Aires. / Christian Ender
La popularidad del tango se ha disparado entre aficionados y profesionales, y lo practican gentes de todas las edades y clases sociales: Pero el tango de verdad está en las milongas, reuniones donde se va exclusivamente a bailar. El ambiente de estas salas puede ser informal o tradicional, en casi todas hay un encargado de la selección musical y en algunas (pocas) cuentan con orquestas en directo. La pista de baile está rodeada por mesas y sillas, y suele haber un bar en un lateral.
Las milongas empiezan o bien por la tarde (hasta las 23.00) o bien a medianoche, alargándose hasta el amanecer (si se llega tarde, todo está más animado). Son asequibles y a menudo se ofrecen clases de antemano.
Para vivir una experiencia única al aire libre se puede ir a la glorieta de Barrancas de Belgrano, donde los sábados y domingos al atardecer (hacia las 19.00) hay una milonga informal, la glorieta. También se dan clases de tango.
Los favoritos de Lonely Planet para disfrutar del tango porteño más clásico son el Café de los Angelitos, con un espectáculo imaginativo y bien organizado; el Rojo Tango, espectáculo íntimo de estilo cabaretero, El Viejo Almacén, un local pequeño y en parte folclórico, y La Ventana, cuya propuesta incluye gauchos cómicos y boleadoras.
Más sencillo e informal es el tango callejero en el mercado del domingo de San Telmo; el espectáculo de tango del sótano del Café Tortoni, el café más antiguo y tradicional de Buenos Aires, o el de Los 36 Billares, otro café con historia y espectáculo de tango pero menos turístico que Tortoni.
Las mejores milongas son las del Salon Canning, una milonga tradicional muy popular y bien situada, en Palermo, donde acuden los mejores bailarines; la de la Confitería Ideal, el local porteño de tango más histórico, escenario de La lección de tango, de Sally Potter, o La Catedral, informal y bohemio, parecido a un almacén, que atrae a jóvenes bailarines modernos.
Se imparten clases de tango en muchos sitios, desde albergues juveniles hasta academias de baile, centros culturales y en casi todas las milongas. Incluso se ofrecen en algunos cafés y salas de espectáculos de tango. En Buenos Aires también hay varias escuelas más formales, como la Escuela Argentina de Tango.
domingo, 19 de julio de 2015
Las esculturas de vegetación que dan vida en el cementerio de Tulcán
José María Azael Franco Guerrero es el creador de estas esculturas del cementerio que lleva su nombre en Tulcán, Ecuador. Se trata de réplicas vegetales de figuras precolombinas, agustinas y árabes, realizadas sobre los cipreses que habitan el cementerio.
Franco Guerrero murió a los 85 años, pero su hijo Benigno continúa con su labor. Encaramado en una escalera, con tijeras en mano, Benigno Franco poda los muros del camposanto, y cuida con mimo la obra de su padre, pendiente de que las esculturas mantengan su forma original. En 1984 se lo nombró Patrimonio Cultural del Estado y sitio natural de interés turístico.
jueves, 16 de julio de 2015
El humanismo viajero de Terziano Terzani
Iván Marcos Peláez
En la primavera de 1976 un adivino de Hong Kong le dijo a Tiziano Terzani que durante los doce meses del año 1993 no debería viajar en avión, su vida estaría en peligro si decidía usar este medio de transporte. Como si de un suspiro se tratara
pasaron los dieciséis años que separan las dos fechas y Tiziano nunca olvidó aquella charla… .De repente y sin darse cuenta el corresponsal italiano se encontraba a 31 de Diciembre de 1992 . Esa especial nochevieja estaba como un humilde viajero ermitaño en la selva de Laos, hora tras hora esperando la entrada del señalado 1993.
Su cabeza daba vueltas alrededor de aquella conversación con el adivino, pero su corazón ya había tomado la decisión correcta…, no viajaría en avión durante 1993. Llevado por su espíritu nómada y aventurero el genial reportero italiano empezó a pensar como encarar ese año teniendo en cuenta aquella vieja charla y la profecia. En sus propias manos estaba el rumbo que debía tener aquel año 1993. Podía tomarse la profecía como algo propio de un simple charlatán , pero podía dejarse llevar y aceptar el reto para plantearse un año marcado por una forma de viajar sosegada, romántica y tranquila.
Lo que para muchos sería una mera tontería se convertía en la excusa perfecta para volver a una forma de viajar pausada y donde uno pudiera apreciar las distancias al ser recorridas por tierra o mar. Una forma de viajar que da la espalda a los fríos e impersonales aeropuertos, una forma de viajar donde se abrazaría con el corazón a las nobles estaciones de tren o autobús llenas de vida y donde se llegaría a los pocos puertos de mar que todavía transportaban pasajeros.
Era una vuelta a los medios de transporte públicos tradicionales : destartalados buses, vetustos trenes y barcos con varias décadas de servicio , esos serían los medios con los que debería desplazarse durante todo un año. La idea reconfortaba sobremanera a un Terzani que veía un año especial por delante. Su corazón le latía con fuerza al saber que no se equivocaba pues su interior se lo pedía quizá desde hace muchos años . Necesitaba unas nuevas dosis de retos, aventuras y el reencontrarse con una forma de viajar mágica y pausada que tanto le llenaba.
Las páginas imperecederas y maravillosas de la vida de Terzani nos llevan a recorrer y entender el continente asiático que tanto fascinaba al viajero italiano. Podemos conocer la realidades sociales, económicas y políticas de países como Tailandia, Birmania, Laos, China, Malasia, Indonesia, Singapur, Vietnam, Mongolia, India o Camboya.
Ayer por fin he visto la película “El fin es mi principio”, se trata de una obra basada en el libro del mismo título. Las obras hacen referencia a uno de los grandes reporteros de las pasadas décadas: Tiziano Terzani. Para la mayor parte del público Terzani puede ser un autor completamente desconocido, pero para otros es un referente como viajero ,reportero y persona Al igual que otros grandes reporteros, su trascendencia no suele llegar a las masas ni a las listas de éxitos de la decena de libros más vendidos.
Tiziano Terzani forma parte del olimpo especial para mucha gente entre los que me encuentro. Terzani es como otros viajeros humanistas el estilo de persona que creo nos hace mejores seres humanos, gente sencilla y humilde como Manuel Leguineche y Ryszard Kapuscinski. Gente que en cierta forma nos marca una referencia moral y ética de un humanismo cada vez más necesario. La bondad de los extraños puede ser una buena definición para catalogar a unos autores que llevo dentro como si fueran parte de la familia o la cuadrilla de amigos de siempre.
En estos tiempos convulsos es cuando miro a gente como Tiziano Terzani, pienso en que su mensaje y legado se extiende con unas formas humanas, sencillas , consmopolitas y llenas de humildad. Resulta imposible negar que me he emocionado viendo la película, aunque como suele ocurrir casi siempre que se adapta un libro no puede compararse con la calidad del mismo.
Terzani como tantos grandes hombres vino de una familia humilde que fue haciéndose camino en la vida a base de libros y a estudiar . Un italiano venido de la Toscana en el que se muestra un legado mediterráneo cosmopolita, sabio y noble que viene de hace siglos. Su pasión por Asia vino desde joven y en su subconsciente estaba desde siempre la idea de ir a China. Como otros apasionados, su esfuerzo y coraje le llevo a conseguir su sueño. Antiguo ejecutivo de Olivetti , Tiziano abandonaba la seguridad económica del mundo empresarial para embarcarse en un incierto futuro como periodista.
Asia fue su lugar, el elegante porte de fiorentino siempre le acompañó, pero sus raíces se extendieron por el mundo del lejano oriente. Su vida resulta una aventura que nos recuerda a los libros clásicos de los genios Verne , Stevenson, Salgari o Conrad.
El mundo por montera y el viaje como catalizador de un aprendizaje basado en experiencias, diversidad, culturas, gentes y muchos libros. Mientras los hijos de los extranjeros vivían como expatriados, Terzani llevaba a sus hijos a las escuelas populares chinas para que vivieran (y sufrieran) la realidad de la gente. Mientras otros periodistas iban a entrevistar a altos cargos, el bueno de Terzani iba en busca de las gentes corrientes para tratar de entender la realidad del pueblo corriente en la calle. Mientras unos viajaban en avión, Terzani optaba por no viajar por aire durante todo un año, y todo por una simple profecia que un adivino le decía.
Asia y la URSS siempre han sido dos espacios que atrajeron a Terzani , y al igual que yo lo siento, el viaje se convertía en la verdadera escuela de la vida. Singapur le parecía un lugar que se asemejaba a un centro comercial, así que Terzani afirmaba que detestaba la aparente perfección artificial, él se consideraba un enamorado del caos, del mundo sencillo y humilde con sus gentes. Bangkok, Pekín, Delhi o Tokyo fueron algunas de las ciudades en las que vivió, fueron su base de operaciones para su actividad como reportero del Der Spiegel alemán.
Guerras, revoluciones, genocidios, cambios y un sin fin de situaciones sociales son las que el gran Tiziano pudo vivir durante unas décadas que cambiaron el mundo. Y así fue como el gran caballero de la Toscana sería recordado, como un eterno viajero al que le maravillaba el mundo y sus gentes.
En estos tiempos actuales de corrupción extrema y donde parece que todo vale es cuando la figura de Tiziano Terzani adquiere su verdadera dimensión. Su legado es el de un hombre honrado, sencillo y humanista que nos lleva a entender no solamente Asia, sino también parte del camino de la vida y de la propia existencia.
Un viajero que siempre me acompaña y al que admiro profundamente. Gracias querido Tiziano, a algunas personas todavía se les puede llamar Maestro y eres sin duda uno de ellos…
En la primavera de 1976 un adivino de Hong Kong le dijo a Tiziano Terzani que durante los doce meses del año 1993 no debería viajar en avión, su vida estaría en peligro si decidía usar este medio de transporte. Como si de un suspiro se tratara
pasaron los dieciséis años que separan las dos fechas y Tiziano nunca olvidó aquella charla… .De repente y sin darse cuenta el corresponsal italiano se encontraba a 31 de Diciembre de 1992 . Esa especial nochevieja estaba como un humilde viajero ermitaño en la selva de Laos, hora tras hora esperando la entrada del señalado 1993.
Su cabeza daba vueltas alrededor de aquella conversación con el adivino, pero su corazón ya había tomado la decisión correcta…, no viajaría en avión durante 1993. Llevado por su espíritu nómada y aventurero el genial reportero italiano empezó a pensar como encarar ese año teniendo en cuenta aquella vieja charla y la profecia. En sus propias manos estaba el rumbo que debía tener aquel año 1993. Podía tomarse la profecía como algo propio de un simple charlatán , pero podía dejarse llevar y aceptar el reto para plantearse un año marcado por una forma de viajar sosegada, romántica y tranquila.
Lo que para muchos sería una mera tontería se convertía en la excusa perfecta para volver a una forma de viajar pausada y donde uno pudiera apreciar las distancias al ser recorridas por tierra o mar. Una forma de viajar que da la espalda a los fríos e impersonales aeropuertos, una forma de viajar donde se abrazaría con el corazón a las nobles estaciones de tren o autobús llenas de vida y donde se llegaría a los pocos puertos de mar que todavía transportaban pasajeros.
Era una vuelta a los medios de transporte públicos tradicionales : destartalados buses, vetustos trenes y barcos con varias décadas de servicio , esos serían los medios con los que debería desplazarse durante todo un año. La idea reconfortaba sobremanera a un Terzani que veía un año especial por delante. Su corazón le latía con fuerza al saber que no se equivocaba pues su interior se lo pedía quizá desde hace muchos años . Necesitaba unas nuevas dosis de retos, aventuras y el reencontrarse con una forma de viajar mágica y pausada que tanto le llenaba.
Las páginas imperecederas y maravillosas de la vida de Terzani nos llevan a recorrer y entender el continente asiático que tanto fascinaba al viajero italiano. Podemos conocer la realidades sociales, económicas y políticas de países como Tailandia, Birmania, Laos, China, Malasia, Indonesia, Singapur, Vietnam, Mongolia, India o Camboya.
Ayer por fin he visto la película “El fin es mi principio”, se trata de una obra basada en el libro del mismo título. Las obras hacen referencia a uno de los grandes reporteros de las pasadas décadas: Tiziano Terzani. Para la mayor parte del público Terzani puede ser un autor completamente desconocido, pero para otros es un referente como viajero ,reportero y persona Al igual que otros grandes reporteros, su trascendencia no suele llegar a las masas ni a las listas de éxitos de la decena de libros más vendidos.
Tiziano Terzani forma parte del olimpo especial para mucha gente entre los que me encuentro. Terzani es como otros viajeros humanistas el estilo de persona que creo nos hace mejores seres humanos, gente sencilla y humilde como Manuel Leguineche y Ryszard Kapuscinski. Gente que en cierta forma nos marca una referencia moral y ética de un humanismo cada vez más necesario. La bondad de los extraños puede ser una buena definición para catalogar a unos autores que llevo dentro como si fueran parte de la familia o la cuadrilla de amigos de siempre.
En estos tiempos convulsos es cuando miro a gente como Tiziano Terzani, pienso en que su mensaje y legado se extiende con unas formas humanas, sencillas , consmopolitas y llenas de humildad. Resulta imposible negar que me he emocionado viendo la película, aunque como suele ocurrir casi siempre que se adapta un libro no puede compararse con la calidad del mismo.
Terzani como tantos grandes hombres vino de una familia humilde que fue haciéndose camino en la vida a base de libros y a estudiar . Un italiano venido de la Toscana en el que se muestra un legado mediterráneo cosmopolita, sabio y noble que viene de hace siglos. Su pasión por Asia vino desde joven y en su subconsciente estaba desde siempre la idea de ir a China. Como otros apasionados, su esfuerzo y coraje le llevo a conseguir su sueño. Antiguo ejecutivo de Olivetti , Tiziano abandonaba la seguridad económica del mundo empresarial para embarcarse en un incierto futuro como periodista.
Asia fue su lugar, el elegante porte de fiorentino siempre le acompañó, pero sus raíces se extendieron por el mundo del lejano oriente. Su vida resulta una aventura que nos recuerda a los libros clásicos de los genios Verne , Stevenson, Salgari o Conrad.
El mundo por montera y el viaje como catalizador de un aprendizaje basado en experiencias, diversidad, culturas, gentes y muchos libros. Mientras los hijos de los extranjeros vivían como expatriados, Terzani llevaba a sus hijos a las escuelas populares chinas para que vivieran (y sufrieran) la realidad de la gente. Mientras otros periodistas iban a entrevistar a altos cargos, el bueno de Terzani iba en busca de las gentes corrientes para tratar de entender la realidad del pueblo corriente en la calle. Mientras unos viajaban en avión, Terzani optaba por no viajar por aire durante todo un año, y todo por una simple profecia que un adivino le decía.
Asia y la URSS siempre han sido dos espacios que atrajeron a Terzani , y al igual que yo lo siento, el viaje se convertía en la verdadera escuela de la vida. Singapur le parecía un lugar que se asemejaba a un centro comercial, así que Terzani afirmaba que detestaba la aparente perfección artificial, él se consideraba un enamorado del caos, del mundo sencillo y humilde con sus gentes. Bangkok, Pekín, Delhi o Tokyo fueron algunas de las ciudades en las que vivió, fueron su base de operaciones para su actividad como reportero del Der Spiegel alemán.
Guerras, revoluciones, genocidios, cambios y un sin fin de situaciones sociales son las que el gran Tiziano pudo vivir durante unas décadas que cambiaron el mundo. Y así fue como el gran caballero de la Toscana sería recordado, como un eterno viajero al que le maravillaba el mundo y sus gentes.
En estos tiempos actuales de corrupción extrema y donde parece que todo vale es cuando la figura de Tiziano Terzani adquiere su verdadera dimensión. Su legado es el de un hombre honrado, sencillo y humanista que nos lleva a entender no solamente Asia, sino también parte del camino de la vida y de la propia existencia.
Un viajero que siempre me acompaña y al que admiro profundamente. Gracias querido Tiziano, a algunas personas todavía se les puede llamar Maestro y eres sin duda uno de ellos…
Hoy la cita es : ”Vive una vida en la que te reconozcas” Tiziano Terzani
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