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sábado, 9 de septiembre de 2017

VOLTAIRE, “EL PRIMER EUROPEÍSTA”




.  ¿Por qué leer, por qué seguir leyendo a Voltaire? : por  uso de la razón como arma arrojadiza frente a desidias, fatalismos, ignorancias y abusos. Para ello, nada como tomarse un Voltaire: “¿Por qué leerlo hoy? Porque fue alguien que se preocupó por los distintos, por esos personajes que llamamos ‘diferentes’ pero que según él habían de ser comprendidos desde la misma razón: Voltaire demostró que el elemento racional es el que nos une a todos. Porque cuando nos ponemos en el folclore, todos somos muy diferentes, pero cuando nos ponemos en la razón, en eso que él llamaba el espíritu geométrico y analítico, todos nos parecemos mucho… y esa es la base para empezar a entenderse. Cuando empezamos a buscar definiciones en lugar de solo tradiciones y leyendas, estamos todos bastante de acuerdo”.

MSF Suisse. Proyecto ARV Guatemala Hospital Roosevelt

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viernes, 8 de septiembre de 2017

Los tiempos del miedo


 En este artículo de la revista Claves de Razón Práctica nº253 Roberto Toscano reflexiona sobre Europa y el desplome de su solidaridad, la sordera frente a las necesidades del otro y el miedo hacia los extranjeros, hacia lo diferente, hacia el inmigrante. Se pregunta a qué se deben la fragilidad democrática, el rechazo feroz y la disposición a aplaudir las medidas de excepción que afectan los derechos humanos. Analiza el miedo tanto de los europeos como de los "no occidentales", intentando dar con los causas de la polarizacón del islamismo. 

Hasta hace muy poco los europeos éramos ¡tan civilizados, tan solidarios, tan buenos! Cuidadosos con los derechos humanos, abiertos a acoger a quienes acudían a Europa en busca de seguridad, de libertad, de bienestar. Bueno, no todo el mundo era así, por supuesto. Pero ni siquiera los que no estaban de acuerdo se atrevían a asomar la cabeza, les daba vergüenza expresar el fondo racista de su rechazo a todo lo que fuera diferente, y casi nunca iban más allá de quejarse por el coste de la acogida y por los excesos del "buenismo".
 
Hoy las cosas parecen haber cambiado profundamente. La buena disposición de los ciudadanos europeos, al margen de la heroica minoría que se dedica al voluntariado, se ha reducido drásticamente, y el egoísmo ya no rehúye reivindicar sus razones. La causa de los derechos humanos -que había inspirado a los intelectuales y a la gente corriente como una componente de la Guerra Fría (basta con recordar la trascendencia de la Declaración de Helsinki), aunque también los años de transición del siglo xx al xxi- hoy se nos antoja un recuerdo lejano.

Gravitación : Manuel Vicent


Antes de que Einstein en 1916 demostrara teóricamente la existencia de las ondas gravitacionales, producto del choque de dos agujeros negros que tuvo su origen a miles de millones de años luz, y la ciencia fuera capaz de detectarlas, algunos seres privilegiados de nuestro planeta ya las habían incorporado a su espíritu. La infinita armonía de ese sonido del espacio puede que estuviera inserta en los golpes de cincel de Fidias, en el ritmo de un verso de Ovidio, en la Venus de Botticelli saliendo del mar, en la inspiración de Mozart al componer su concierto de clarinete, en la garganta de Louis Armstrong. El alucinante cataclismo que produjeron en un punto del universo dos galaxias al devorarse, después de miles de millones de años luz, tal vez ha terminado vibrando en las cuerdas del arpa con que una chica angelical ameniza una cena de mafiosos en un restaurante con tres estrellas Michelin caídas también del espacio. De la misma forma que las ondas gravitacionales han sido captadas por el experimento LIGO, puede que algún día la física cuántica demuestre que el alma de las personas y de los animales también obedece a la fórmula E=mc2 de Einstein como resultado de aquella explosión. ¿Qué es el espíritu sino una contracción del tiempo y el espacio? Las almas que pueblan esta mota de polvo cósmico que es la Tierra forman un solo cuerpo místico, cuya materia al transformarse en energía engendra el bien y el mal, el paraíso y el infierno, la inteligencia clara y el fanatismo. De aquella inmensa bola de fuego se ha derivado la sabiduría de Platón, la serenidad de Buda, la lámpara de Aladino, el éxtasis de los sufíes, el sudor de todos los esclavos, la hoguera en la que ardió Giordano Bruno, la navaja de Jack the Ripper, los pies alados de Margot Fonteyn. Todos estamos sin saberlo en un agujero negro

jueves, 7 de septiembre de 2017

Guillermo Fesser de Gomaespuma

¿En España no nos alegramos del triunfo ajeno?
Pues mira, de las primeras cosas que me dijo mi mujer cuando la conocí es que España es un país muy raro. Le encanta y, de hecho, ya es española también, pero ve las cosas raras que tenemos allí como yo veo las de aquí. Me dijo que era un país raro porque era el único país del mundo que ella conocía en el que te tienes que celebrar tú tu propio cumpleaños. Y efectivamente, macho. Nos cuesta infinito reconocer el éxito de los demás. No sé por qué, ni sé de dónde viene eso, porque está demostrado que cuando un español viene aquí y se mete en esta dinámica en la que a la gente le encanta reconocer el éxito del otro, al español le acaba encantando también. Es como jugar al frontón; si das a la pelota flojito se te devuelve flojito, y si das fuerte, te da en la cabeza. Lo de hacer la vida más agradable a los demás no es un tema de caridad o de ser una monja, es un tema egoísta: al final también te va mejor a ti. Es mucho mejor salir por la mañana y que te digan «adiós don Guillermo, ¿qué tal está tu hijo?», a que te tiren una piedra. No sé por qué nos cuesta tanto trabajo reconocer el éxito ajeno.
Volviendo a Sancho Panza y Don Quijote, quería poner de ejemplo la ciencia. Sí, el Gobierno español es un desastre, han quitado el Ministerio de Ciencia e Innovación, no se potencia debidamente y tal. Pero hay más que eso. A los científicos, cada uno con su laboratorio, no les gusta intercambiar conocimientos. Aquí, en cambio, tienes la Iniciativa BRAIN, impulsada por Barack Obama, que consiste en doscientos laboratorios ligados entre sí. En el de Columbia están centrados en el cerebro del ratón y no sé qué, porque es su proyecto, pero cuando descubren algo se lo cuentan al que está analizando el rabo del león en Luisiana. Es decir, que lo que tú has descubierto del ratón me vale a mí para lo del rabo. Y así se supone que dentro de quince años tendrán el mapa del cerebro, conseguido gracias a todos los laboratorios del país.

La idea del networking, de trabajar en equipo, es algo que a los españoles nos da pavor. Creo que viene de un complejo de inferioridad que no deberíamos tener, para nada, porque cuánto más vivo fuera más me doy cuenta de que España es un país maravilloso con gente con un talento estupendo y con una preparación muy buena. Pero tenemos ese complejo y nos aterra que nos vayan a quitar el trabajo, ¿sabes? Yo he conocido gente en la radio, estrellas de la radio, que cuando se iban de vacaciones ponían al peor del equipo para que le sustituyera, en lugar de poner al mejor. Todo, para que el público estuviera diciendo «a ver si se va ya el malo y viene el bueno».

¿En cuántos grupos empresariales he visto colocar en puestos directivos a gente muy muy mediocre? Y la razón es la misma: que no le hagan sombra al director. Se premia la fidelidad, que es una cosa estúpida, porque al final ¿qué fidelidad ni qué leches? En España tampoco sabemos delegar responsabilidades por lo mismo; porque nos da miedo. He visto empresarios españoles de grupos grandes, a nivel internacional, que tienen que decidir hasta el papel de váter que se coloca en los baños. Es ridículo querer controlar todo. Si rompiéramos esos estereotipos… Que lo vamos a hacer, porque si estás dentro de España no te das cuenta, pero los que salen fuera, que cada vez son más por culpa de la crisis, sí se dan cuenta. Y los que vuelvan a España se percatarán de que estos son fallos estructurales muy tontos y, sobre todo, se percatarán de que no hacen feliz a nadie. Porque si nos hiciera más feliz el ser todos originales… todavía. Pero es que ser todos originales es muy incómodo, macho. Estar en una fiesta y sentir que tu disfraz no es el bueno, y que durante las dos horas siguientes se hable únicamente de los disfraces, es horrible. Porque tú ya sabes que el tuyo no es el mejor, y ya has visto al que viene vestido de faraón egipcio de puta madre. ¿Y ahora qué? ¿Vamos a estar dos horas diciendo cómo mola ese disfraz? Pues no. Vas a la fiesta de disfraces para hablar con uno al que su madre le duelen las piernas, a otro le cuentas que te has enamorado antes de ayer, otro te cuenta que se le ha muerto el perro, otro te dice que a ver si nos vamos a pescar, y otro que se ha cambiado de curro. Disfrazados, sí, pero hablando de esas cosas y no de los disfraces. Porque, en España, el rollo de ser original hace que estés todo el rato hablando de los disfraces que hay en la fiesta. Y el que gana cojonudo, pero todos los demás estamos ahí apenados, porque además te lo recuerdan: «Joder macho, ¿vas de Mortadelo? Pues tío, no te pareces nada». Cuatro veces. El agobio creado en España por ser original crea infelicidad. Por eso creo que la mejor manera de quitarnos ese agobio es integrando la segunda parte del Quijote, el plan de negocios: poner gente contigo en la que puedas delegar, dar piropos a la gente que está a tu alrededor, darle parte del beneficio. Crear comunidad, en definitiva. Nos iría mucho mejor. Crearíamos industria de cine, de ciencia… 

martes, 5 de septiembre de 2017


Vargas Llosa y la lectura : la gran aventura de mi vida




Pero la gran aventura de mi vida ha sido la literatura, sin ninguna duda, no solo lo que he escrito, sino lo que he leído. La lectura, experiencia fundamental para mí, me ha hecho vivir de una manera maravillosa, y por eso veo con cierta angustia la posibilidad de que la lectura pudiera ir, no desapareciendo, pero sí empobreciéndose cada vez más, llegando a menos gente. La lectura ha sido una fuente tan rica de goce, de placer, justamente de vivir las vidas intensas de la aventura, que se cegaría una fuente fundamental de la vida si la lectura pasara a ser en el futuro una actividad de minorías, de catacumbas.